Inicio La Pampa La pasión de un emprendedor

La pasión de un emprendedor

Miguel Pieraligi supo ser campeón del Supercar y hoy se dedica a preparar las máquinas para que otros se luzcan en la pista. Tiene un taller en el que también alquila autos para correr en distintas categorías nacionales del automovilismo.
La recorrida incluye el enorme taller con sus distintas dependencias, sigue en el gigantesco camión con su trailer y continúa en la casilla y en otros sitios donde la prolijidad, la limpieza y el orden se destacan pese a que se trate de un taller mecánico. Allí todo luce como lo que es, un lugar de trabajo, pero con la pulcritud de quien cuida cada detalle para el mejor ambiente laboral, el de «Pieraligi Sprint».
«Arrancamos con esto por pasión. Yo corrí durante muchos años y de a poco fue surgiendo la idea de hacer un equipo de competición. De esa forma pudimos armar una empresa y cuando nos proyectamos a nivel nacional tuvimos un gran despegue. Eso fue clave porque es otra vidriera y nos empezaron a mirar distinto», cuenta Miguel Pieraligi (61), un santarroseño que cuando dejó su traje de piloto se puso el mameluco y también el saco y la corbata para combinar un emprendimiento de raíz familiar que involucra a empleados que lo acompañan desde hace más de 15 años.
Pieraligi supo destacarse en el automovilismo pampeano: fue un piloto de punta en distintas categorías y se consagró en el Supercar. Y esa pasión se trasladó a dos de sus hijos más chicos, Dino (22) y Enzo (24), que hoy estudian ingeniería en Córdoba pero no se despegan de la pasión automovilística de toda la familia. Bruno (32) y Ornella (29) son sus otros hijos pero ambos optaron por no competir.
«Hice el secundario en la ENET y ahí recibí el titulo de ingeniero electromecánico. Ya de chico me gustaban los autos y mi mamá no quería saber nada con que corriera ni con que tuviera autos, pero era lo que me gustaba. Evidentemente era mi pasión y por eso corrí muchos años en la Fórmula Renault Pampeana, en el Promocional y en el Supercar. También fuimos a algunas carreras al TC y eso nos sirvió para abrirnos la cabeza y conocer el ambiente para poder manejarnos con la empresa que tenemos hoy».
Y la empresa de Pieraligi se encarga de preparar todo lo necesario para quien quiera correr carreras deportivas. Acondicionan los autos e incluso ofrecen el servicio de alquiler. «Puede venir el padre y decirnos: ‘quiero que mi hijo corra’. Listo, se acuerda el monto y solo tiene que venir con la licencia habilitante y el casco, nada más. Nosotros tenemos el camión para hacer el traslado y todo el equipo que trabaja conmigo», explica Miguel sobre el equipo de cuatro empleados directos que se desempeñan en un taller que, entre otros, trabajó con Nicolás Dapero, un piloto de Buenos Aires que luego de trascender a nivel nacional emigró a correr a Estados Unidos.

Distinción.
El crecimiento de la pyme no hubiese sido posible sin el aporte constante de Marta (49), la encargada de varias de las tareas de «Sprint» (desde la cocina hasta todo lo referido a imagen y marketing), y que según Miguel es donde se apoya a la hora de tomar muchas de las decisiones referidas al emprendimiento.
«Si no tuviera a mi lado a una mujer que me bancara como ella hubiese sido imposible. Para arrancar con esto hubo que invertir e invertir, y si ella no apoyaba no hubiese hecho nada. En el taller tenemos el banco de prueba, el torno, arriba del camión una máquina para control de amortiguadores, son todas herramientas grandes y caras además de todo lo que significa un taller. Marta nos dio el toque de distinción con el marketing y la imagen, nos persigue para que tengamos todo limpio, prolijo, se encargó del tema de la ropa. Son cuestiones muy importantes cuando salís al ámbito nacional, tener una buena carpa acondicionada para recibir a quienes se interesan por nuestro equipo».
En «Pieraligi Sprint» no solo se encargan de todo lo mecánico. El taller y el equipo también funcionan como una escuela de pilotos, un lugar de formación para quienes dan sus primeros pasos en el competitivo mundo de los fierros.
«Cuando vienen para buscar nuestro servicio les garantizamos la enseñanza y el hecho de ir metiendo al piloto en lo que es este mundo. Esto es una escuela y nos gusta que funcione de esta manera, a mi la pasión me fue llevando y la gente que veía nuestro trabajo nos convenció. No buscábamos este laburo pero después se transformó en un trabajo, porque para seguir avanzando y comprando cosas, necesitábamos dinero. Entonces a partir de eso le dimos la vuelta de tuerca necesaria para que se transforme en una empresa».

Categorías.
En el taller que se ubica sobre la calle Catriló, en el límite con el barrio Lowo Che de Toay, preparan autos para el TC Pista, el TC Mouras, el Zonal y el Metropolitano. «Son cuatro fórmulas en las categorías nacional y zonal. Los autos de la Metro van en conjunto con esas dos categorías así que en el camión llevamos todo. Ya los miércoles nos instalamos en el circuito que marca el calendario y el domingo pegamos la vuelta. Al lunes siguiente empieza todo el trabajo pormenorizado para ver cómo salió todo y lo que hay que hacer», detalló el responsable de Sprint.
El taller, además de los cuatro empleos fijos, genera otro tipo de movimiento laboral alrededor de la preparación de los autos de carrera. «Uno de los chicos ya hace como 20 años que trabaja con nosotros, otro cerca de 15. Hacen un horario de comercio y cuando hay carrera viajamos todos y en el camión tenemos todas las comodidades necesarias, pero además generamos trabajo para el fibrero, el chapista, algunas cosas del torno y todas las demás cuestiones derivadas de lo que implica la preparación de un auto de carrera».

¿Cuál es la proyección que tiene el emprendimiento?
«Hay mucho futuro y se puede mantener por muchos años porque hay una pasión muy grande por el automovilismo en nuestro país. La realidad es que nos gustaría llegar al Turismo Carretera pero no es fácil porque son otros números, es otro mundo, es un 70 por ciento más caro. Nosotros por infraestructura podríamos tranquilamente estar en esa categoría, yo creo que con el tiempo se va a dar porque ya nos ven, ya nos conocen. El tema sería buscar la forma para acercarse a ese escalón, que sería lo más lindo para todos los que trabajamos en el taller día a día».