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«Patrullando, que nadie venga»

SAN MARTIN DE LOS ANDES PREPARA UNA TEMPORADA SIN TURISTAS

Al revés de como sucede habitualmente, todo el pueblo pide hoy que nadie se acerque al valle, y la ciudad luce completamente desierta. Al volante de su pick up Fiat Toro, acondicionada como patrulla, con una baliza azul sobre el techo, el secretario de Gobierno municipal, Marcelo Sánchez, controla personalmente las calles de este paraíso, hoy silencioso y vacío.
«Así es, vivimos del turismo pero ahora pedimos que nadie venga. Nuestras bellezas naturales, los ríos, el lago, los bosques, van a seguir estando. Ahora debemos cuidar la salud de las personas». A contrapelo de cualquier interés económico, en San Martín de los Andes «tomamos medidas rápidamente y establecimos en todos los ingresos controles para evitar» la circulación de personas.
Sánchez cuenta que decidió salir a patrullar con su propio vehículo porque «los funcionarios tenemos permitido circular y los efectivos de seguridad no eran suficientes para mantener el orden, especialmente los primeros días». Así, el funcionario obligó a regresar a casa a algunos ciudadanos que deambulaban a la una de la madrugada y también se ocupó de sacar adolescentes remolones de las plazas.
No obstante, más allá del detalle pintoresco, si las restricciones de circulación se prolongan varios meses, el golpe para la economía local sería tremendo. Hoy, están casi todos los negocios parados.
«No cabe duda que afectará nuestra economía y la de todo el país. Esto va a ser duro para todos. Ahora es cuando el gobierno nacional y los gobiernos provinciales deben ofrecer una mirada muy particular sobre esta situación. Aquí vivimos del turismo, pero hay otras prioridades, y eso lo entendimos todos. Por eso nuestras propias cámaras empresarias, comerciantes, gastronómicos, hoteleros, se pusieron al frente de la campaña, aunque duela económicamente. Porque es momento de ser solidarios».

Frontera sensible.
Hay cuatro pasos fronterizos con Chile en cercanías de San Martín de los Andes. «Hay dos cruces abiertos y dos cerrados, todos están relativamente cerca de nuestra ciudad. Estamos alertas y por eso nos pusimos al frente del operativo de seguridad. En el primer día tuvimos cinco personas detenidas por violar el aislamiento», comenta Sánchez.
Hasta ahora, en San Martín no registran casos de coronavirus. «Tuvimos algún episodio sospechoso, pero los resultados fueron negativos. Hay un buen dispositivo de salud en nuestro hospital, aquí siempre hubo un Estado presente y esperamos poder hacer frente a todas las situaciones».

Pintoresco perfil.
A poco más de tres meses de haber asumido, la pandemia coloca al gobierno municipal de Carlos Saloniti ante una prueba decisiva. En diciembre, inmediatamente después de asumir, el intendente salía a la calle integrando las cuadrillas dedicadas «a limpiar la ciudad».
Días después, en un acto público, entregó bolsas negras y verdes a sus funcionarios, con la orden de detenerse y limpiar toda suciedad que encuentren mientras andan por la localidad. Y otro día, brocha en mano, salió a buscar funcionarios y los llevó a pintar el Mirador «Arrayanes». Había comprado los materiales con recursos ahorrados tras inhabilitar viajes de funcionarios al exterior.
Esas acciones le valieron notas y titulares en medios de comunicación regionales, los que ahora también observan con atención su desempeño ante una situación límite. «El propio gobernador ha destacado su capacidad. Es una satisfacción integrar su equipo, porque tiene una mirada diferente de la política, para él los vecinos son personas, no legajos», dice Sánchez.
Por eso fue a pedirle una baliza al director de Seguridad, para colocar sobre su vehículo y salir a patrullar. «El intendente nos enseña que hay que ponerse al frente, dar el ejemplo». Para Sánchez la consigna tiene un significado especial: «empecé en el municipio hace 26 años, haciendo muros de contención, cavando acequias, mediante un programa de empleo (Ley 2128). Tuve que hacer de todo. Pasé a repartir leña, pero nunca me alcanzaba con lo poco que ganaba, claro. Seis años tardé en acceder a la planta permanente, con la última categoría. Y así después pasé por todas las áreas municipales. Por eso es un orgullo para mí ser secretario de Gobierno. Tengo una gran responsabilidad, pero también sé lo que significa ser empleado municipal y estar cerca del vecino».
Un día el mundo dejó de ser como lo conocíamos. Mientras algunos escribimos crónicas desde el confinamiento, vano intento por mostrar desde adentro lo que pasa afuera, otros sacrifican sin pensar intereses por los que antes se desvelaban, como San Martín de los Andes, que siempre vivió de sus invitados, pero ahora tiene controles militares para que nadie se acerque.