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Pesar por la muerte de Hugo Ratier

UNO DE LOS PADRES DE LA ANTROPOLOGIA ARGENTINA

El fallecimiento del pampeano Hugo Ratier causó profunda consternación en el ámbito de la antropología argentina, especialmente en la Facultad de Ciencias Sociales de Olavarría (Universidad Nacional del Centro, Unicen) de cuyas carreras fue mentor y organizador desde sus inicios, en 1988. Ratier nació el 16 de agosto de 1934, en Santa Rosa, y transcurrió su infancia en Río Negro y Chaco antes de llegar a Buenos Aires.
Hace poco más de un mes había cumplido 87 años y el Departamento de Antropología Social de Olavarría lo despidió el miércoles recordando su paso por la institución, como «antropólogo, formador de antropólogos y antropólogas y referente de la antropología social».
Hugo Ratier fue uno de los primeros graduados de la carrera de Ciencias Antropológicas de la UBA, en 1964. Comenzó trabajando en villas bonaerenses y después pasó a integrar el cuerpo docente de la carrera de Antropología de la Universidad Nacional de Mar del Plata (cerrada por la última dictadura cívico-militar).
En 1972, mientras ejercía como socio fundador del Colegio de Graduados en Antropología de la República Argentina, publicó en el Centro Editor de América Latina dos libros: «Villeros y Villas Miseria» y «El cabecita negra», ambos de gran repercusión como textos de divulgación con base científica rigurosa, y con varias reediciones.

Exiliado.
Entre 1973 y 1976 dirigió la carrera en la UBA y el Instituto de Investigaciones y Proyectos de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, hasta su exilio en Brasil, donde permaneció ocho años ejerciendo su profesión y doctorándose en el Museo Nacional de Río de Janeiro.
Tras regresar al país en 1985, se reincorporó a la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y llegó a Olavarría como director del Area Sociocultural del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIAO). En esa ciudad fundó el Nadar (Núcleo Argentino de Antropología Rural) y organizó el Primer Congreso Argentino de Antropología Rural, que configuró el resurgimiento de la disciplina en nuestro país y del que participaron investigadores y estudiantes de Argentina, Brasil, México, Venezuela.
Dos años después, fue partícipe en la fundación de la carrera de Antropología con sus dos orientaciones (social y arqueológica) en la Facultad de Ciencias Sociales de la UNICEN, de la que fue director y profesor. En esta etapa desarrolló una activa tarea de investigación, acompañando a estudiantes y graduados, y destacándose en su trabajo con pueblos rurales bonaerenses, territorio en el que permanecía por largos períodos junto a colegas y estudiantes de UBA y UNICEN.
En 2004 publicó «Poblados bonaerenses. Vida y milagros», con aportes de sus colaboradores y estudiantes. Tras jubilarse fue distinguido como Profesor Emérito por la UNICEN y siguió colaborando con el Nures y la Maestría en Antropología Social, de cuyo Comité Académico era miembro honorífico.