Inicio La Pampa Publican el libro "La palabra del otro" con entrevistas a Olga Orozco

Publican el libro «La palabra del otro» con entrevistas a Olga Orozco

El poeta, escritor y periodista Sergio Kisielewsky (1957) reúne en su nuevo libro «La palabra del otro», un compendio de entrevistas a escritores y artistas como Andrés Rivera, Olga Orozco o Hugo Midón, que realizó desde fines de los 80 hasta el presente, y en donde los entrevistados revelan aspectos poco conocidos de su profesión, vocación y talento.

Con la premisa de que cada entrevista es un ritual, el autor hilvana a lo largo de estas hojas detalles de encuentros significativos, ya sea en una biblioteca, en un pasillo de la Feria del Libro, en una casa o en el Café Tortoni, de donde surgen, a partir de las conversaciones, conceptos e ideas ineludibles.

Reconocido periodista cultural, Kisielewsky trabajó, entre muchas otras redacciones, en la revista La Maga, El Cronista Cultural, Clarín Cultura, diario Perfil y el suplemento Radar Libros de Página 12. 

Es autor de los libros de poesía «Algo de la época», «Memoria caníbal», «Corazón negro», «Electrificar Rusia», «La belleza es un campo minado» y «Nunca te hablé con palabras». 

– Télam: ¿Cuál es la génesis de ‘La palabra del otro’?

– Sergio Kisielewsky: La pasión por la entrevista, el puente con un personaje admirado o querido, la necesidad de saber más sobre hechos históricos o personales que dejaron huella en una obra artística y por ende en gran parte de la sociedad. La admiración por ejemplo por Andrés Rivera me empujó a saber cómo construyó sus libros, cómo llevó a cabo una suerte de mecanismo de relojería y erotismo que circula en sus mejores obras como «La sierva» y «El amigo de Baudelaire». El origen del libro es lo que debe atesorar un periodista a diario, la curiosidad, el deseo por saber cómo se construyeron vidas y obras en momentos difíciles, poniendo en riesgo la comodidad, lo conocido y lo rutinario para ir en busca de nuevas formas de expresión.

– T: ¿Alguna de las entrevistas la recuerda más vívidamente que a las otras? ¿O alguna se convirtió en su favorita?

– SK: Más que una entrevista en particular recuerdo momentos, como el del escritor chileno Hernán Riviera Letelier que luego de recibir el Premio Nacional de Literatura llegó a su casa y su hijo lo retó porque no fue a comprar el pan. Esto me dio la idea de lo que debe ser nuestro trabajo, el reconocimiento, la humildad, el saber escuchar son parte de un todo. Olga Orozco y su amor por los gatos que andaban de aquí para allá en su casa; el poeta asturiano Angel González siempre con el proyecto de un nuevo libro entre manos. Y la artista plástica Mirta Satz sobreviviente del atentado a la AMIA. Su apego a la vida la llevó a construir un Centro Cultural en Parque Patricios, el frente de la casa tiene las sonrisas de Carlos Gardel hechos por sus alumnos y vecinos del barrio.

– T: ¿Cómo fue el ejercicio de revisar todo su archivo de trabajo para realizar esta selección de entrevistas?

– SK: Fue lo más difícil pues quería que el lector disfrute de diferentes miradas, diferentes registros, personajes de ámbitos diversos. El proceso de selección tuvo mucho que ver con la huella que dejaron en mí ciertas personas como por ejemplo Hugo Midón un señor con la altura de un jugador de básquet y mirada de niño. Recuerdo que la calle Guatemala en que hacíamos la entrevista en el año 1997 tenía empedrado y que en ese entonces conservaba las vías de metal que décadas atrás transportaba el trolebús por Palermo Viejo. Recuerdo la humildad del escritor Volodía Teitelboin cuando me confesó que en la década del 20 no incluyó a Pablo Neruda en una Antología de poesía chilena. Tuve que seleccionar para que el listado no sea tedioso y a la vez sea una estímulo para que lectoras y lectores se acerquen y disfruten de sus obras.

– T: ¿Cuál diría que es uno de los puntos esenciales para obtener una buena entrevista?

– SK: Conocer casi todo del entrevistado. Conocer su obra, estudiarla, ver su crecimiento en lo estético, en lo expresivo, ver que huella dejó en los lectores o espectadores. A partir de allí ver si la charla se puede orientar hacia conceptos y anécdotas, testimonios de vida, hechos que al lector le puedan resultar amenos y a la vez pueda percibir algo nuevo, algo que lo haga sentir más que un entrevistado, un prójimo, es decir alguien próximo. Uno hace una entrevista porque valora al que tiene enfrente y de pronto puede ocurrir una confesión, puede surgir un recuerdo.