“Quiero ayudar a la gente”

Días antes de que llegue el momento de su cumpleaños, a Ernestina Martín se le ocurrió festejarlo con una particularidad ligada a la realidad socioeconómica: pidió que, en vez de regalos, no solo los invitados sino también “toda la gente que quiera”, le acerque alimentos no perecederos para que luego los pueda donar a la Casa de la Diversidad, un espacio de contención de General Pico que entrega, tres veces por semana, viandas a 27 familias (78 personas) que transitan una situación de vulnerabilidad social.
De esta manera, en el salón “Viva la pepa” de la avenida Circunvalación Norte Santiago Marzo, entre amigos, peloteros, sanguchitos y varios bolsas de alimentos no perecederos, como fideos, azúcar, arroz, puré de tomate, leche en polvo, entre otros, recibió la pequeña sus 8 años de vida.
“Estoy muy contenta porque mucha gente se acercó. Yo quiero ayudar a la gente. No quiero regalos para mí, quiero alimentos para las personas que lo necesitan”, dijo Ernestina, luego de haber salido del pelotero donde se encontraba jugando con sus amigos.
Su madre, Laura Caro, que viaja casi todos los viernes a General Pico, con su hija y su marido Emanuel Martín (chofer de Salud, de 38 años), para ayudar en la Casa de la Diversidad, remarcó que le inculcó estos valores desde muy pequeña, y que ahora ella quiso ayudar en su cumpleaños. “Hasta la última hora le pregunté si quería hacerlo, porque se podía arrepentir, pero solamente quería alimentos no perecederos. Hacía rato quería ayudar, y nosotros la apoyamos”, comentó.
No saben cuántas personas se solidarizaron, aunque ayer llenaron media “Kangoo” de alimentos. Laura afirmó además que durante todo el viernes y el sábado su teléfono no paró de sonar, mientras que hoy tendrá que recorrer varios domicilios de personas solidarias que ya tienen las bolsas preparadas. Por esta razón, la familia agradeció la buena voluntad de la sociedad.

Empatía.
La empatía de este evento superó las fronteras de La Pampa, porque gente de Córdoba y de Buenos Aires, que vieron la noticia a través de las redes sociales, se comunicaron para coordinar la manera en que podían hacer llegar los alimentos. Sin embargo, Laura los rechazó de buena manera, entendiendo que “en todos lados hay personas con necesidades”.
“Hubo mucha gente de Buenos Aires que quería mandar cosas, que vieron la nota y querían participar. También hubo de Córdoba; pero les dije que si recorren un poco el barrio en el que viven, encontrarán personas que lo necesitan, porque en todos lados hay personas con necesidades”, explicó racionalmente Laura, de 36 años, empleada administrativa de Salud.
Ahora, tiene la idea de reunirse con gerentes locales de las cadenas de supermercados para averiguar si tienen la voluntad de hacer donaciones. Por otro lado, contó que si logran recaudar muchos alimentos, una parte se destinará a Cefli, el centro de integración laboral para personas con algún tipo de discapacidad, y también tienen pensado realizar una gran donación a distintas organizaciones sociales en navidad, por la difícil situación económica.

Crisis.
La realidad social es complicada y se ha acentuado. Tanto es así que en los comedores y merenderos, hace algunos meses, la demanda aumentaba cada mes, pero ahora esto sucede semana a semana. También, por este incremento, hay personas que están en una “lista de espera” para recibir un alimento.
Según confirmó Laura, en la Casa de la Diversidad, “no se puede funcionar todos los días porque es demasiado y no llegamos con la comida. Damos tres veces por semana a 27 familias que son 78 personas, entre abuelos y chicos. Hay una lista de espera de otras personas que se suman, pero que a veces no llegamos a darles. Antes la demanda aumentaba todos los meses, y ahora son todas las semanas”.

Cartonera.
Laura le inculcó a Ernestina los valores de solidaridad con las personas que menos tienen, y antes de eso Laura fue influenciada por su madre, Marta Oses, de 60 años, quien crió sola a sus siete hijos trabajando toda su vida de cartonera.
La familia nació en General Pico, y Marta desde siempre trabajó recolectando cartones para poder alimentar no solo a sus hijos sino también a muchos en el barrio Rucci, donde vivían. “Ella nos crió a nosotros y también a medio barrio Rucci, porque les daba de comer a los nenes que quedaban huérfanos por las madres que los abandonaban. Entonces siempre nos enseñó el valor de ayudar al resto”, contó Laura sobre su madre, quien además de cartonera trabajó en el sector de limpieza del Hospital de Pico.