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«Realmente viví un infierno»

MARINO TRAS EL SOBRESEIMIENTO EN CAUSA POR ACOSO SEXUAL

«He vivido un infierno, tanto mi familia como mis amigos, mi equipo, yo… en fin, desagradable, algo muy desagradable», afirmó ayer el senador nacional Juan Carlos Marino un día después de conocerse el sobreseimiento definitivo en la denuncia por acoso sexual que le hizo el año pasado una empleada del Senado de la Nación. Según dijo a través de Radio Noticias, ni siquiera los propios testigos de la parte acusadora respaldaron la denuncia, mientras que muchas personas, incluso senadoras justicialistas, se ofrecieron para testimoniar a su favor. Aunque no dio nombres de los responsables de la «opereta» que lo perjudicó, apuntó a sectores cercanos a él que querían impedir que fuera ungido como candidato a gobernador de la provincia.
En una extensa entrevista que mantuvo con Radio Noticias, el senador dijo que lo sucedido en estos 10 meses le sirvieron para palpar el aprecio y respeto que muchas personas tienen hacia él, pero también las «miserias humanas» que motorizan este tipo de situaciones.
Un dato que destacó fue que ni siquiera los testigos que presentó la denunciante -una empleada de planta permanente del Senado llamada Claudia Mabel Guebel- no respaldaron sus dichos. «De los ocho testigos que aportó, siete declararon en contra y uno no aportó ni a favor ni en contra, con lo cual esto ya se visualizaba que tenía olor a opereta», sostuvo.
«Ahora la Justicia me dio la razón. La mayor felicidad fue la innumerable cantidad de pampeanos y pampeanas que durante el proceso me llamaron y se pusieron a disposición mía», afirmó, revelando que incluso hubo senadores y senadoras, algunos de ellos de extracción justicialista, que se ofrecieron para ir a testimoniar en la causa. «Les dije que no, porque no quería que se tomara como una cuestión corporativa», aseguró. «Era gente que se daba cuenta que esto era burdo por donde se lo mirara».

-¿De dónde cree que derivó esto?
-Ojalá lo supiera. Espero estar lo suficientemente iluminado y tener la capacidad para discernir quiénes fueron. Yo creo que si fueran conscientes de que el daño no es a Juan Carlos Marino, sino a su familia, a sus hijas, a sus amigos, al equipo, creo que no lo harían.

«Hay que aclarar que esto no se hizo para bajar mi candidatura», sostuvo. «Por supuesto que yo quería ser candidato a gobernador, pero además quería gobernar. Una cosa es querer ser candidato y otra querer gobernar. Yo propuse ‘dejemos de pelearnos por los 10 primeros lugares’ y hagamos un gran acuerdo, ampliemos nuestra alianza electoral, mostrémosles a la sociedad que nos pusimos los pantalones largos. Recuerdo que usé la frase ‘que no salga por fórceps, que sea por parto natural».
Según afirmó, él podría haber forzado su candidatura a gobernador en la convención de fines de 2018 «porque tenía los números» para hacerlo, pero prefirió seguir las negociaciones con los otros interesados.
«Hasta esa mañana que me mintieron tanto, que le dije a Victoria, mi encargada de prensa, que largara un comunicado de prensa diciendo que no era candidato», recordó el senador remitiendo al día en que desilusionado por el comportamiento de los otros postulantes, Francisco Torroba y Daniel Kroneberger, decidió dar un paso al costado.
«Seguramente algunos pensaron que a fin de mes (de diciembre de 2018) iba a insistir con la candidatura y creo que a partir de ahí, por lo menos es lo que sospecho porque no le encuentro otro sentido, arrancaron con esto».

Miserias humanas.
Lo sucedido en este tiempo «me hizo ver muchas cosas», como la gran cantidad de apoyos que recibió, muchos de ellos impensados, según dijo, pero también «las miserias humanas», contrastó. «Había muchos que estaban desesperados por ocupar mi lugar y para descalificarme», disparó, sin dar nombres.
El senador reivindicó que como legislador no cayó en la tentación de «encandilarse con las luces de Buenos Aires» sino trabajar a diario para la provincia, y coincidió con los periodistas que lo entrevistaban en que este tipo de denuncias «afecta mucho la lucha de las mujeres». Por ello, saludó que la persona que dictó el sobreseimiento en primera instancia haya sido una mujer, lo que le da una mayor relevancia al fallo.
Marino aprovechó para repasar sus 12 años como senador nacional y brindar algunos números de su desempeño legislativo. «Yo no vine al Senado a armar comunicados de prensa, vine a trabajar y para ello armé un gran equipo de gente joven -remarcó-; presido las dos comisiones bicamerales más importantes del congreso, tengo más de 1.500, 1.700 proyectos presentados, el 40 por ciento de ellos aprobados; y leyes como la Ley Justina, la más importante de los últimos años; la ley que le permitió a lo empelados rurales jubilarse 5 años antes, y soy autor de la ley que le dio la reivindicación a las empleadas domésticas», entre otras, que según dijo, son «un montón».
Por último, destacó el trabajo de su abogado particular, Claudio Calabresi, ya que en ningún momento, dijo, quiso recurrir a los abogados del Senado.

Fumigaciones, controles y responsabilidad.
«Conozco lo que es la fumigación porque además soy productor (rural)», sostuvo el senador Marino cuando se lo consultó por el incidente que tuvo a su localidad de origen, Miguel Riglos, como protagonista. A su entender, las leyes que regulan la actividad están pero nadie controla que se cumplan. Apuntó a los intendentes por esa falencia y respaldó al funcionario del Ministerio de la Producción que fue despedido por este motivo.
«Lo que ocurre en Argentina es que a veces nos dicen ‘para determinado cultivo hay que echar una dosis de, como ser, de 1,2 litros’, y decimos ‘echémosle 2 (litros) por las dudas», afirmó el legislador al aportar una observación sobre este problema ambiental y social. «En todos los países del mundo que son productores, la agricultura existe y la fumigaciones existen, pero hay que hacerlas responsablemente y adecuarse a la ley», afirmó.
También afirmó que «hay mucho desconocimiento» sobre el tema y replicó uno de los argumentos que utilizan los defensores de los agroquímicos: «en su hogar, ¿quien no usa ‘lisoform’ o el ‘flit’, que son mucho más dañinos que un agroquímico, que un herbicida».
«Lógicamente -aclaró-, si vos andás con una fumigadora a 30 metros de una vivienda, no es lo aconsejable. Hay legislaciones para esto y las tiene que hacer cumplir el intendente del pueblo».
«El funcionario de la provincia no puede monitorear los 75 pueblos de la provincia, es imposible. Es un trabajo de todos, de concientización», reflexionó.
La solución al problema, dijo, pasa por «sentar en una mesa a todos los que hay que sentar», y hacer que quienes tienen la responsabilidad de hacer cumplir las leyes, obedezcan ese mandato.