Los rebusques en tiempos de crisis

En momentos de ajuste, recesión económica y alta inflación, lo primero que se fortalece es el hemisferio derecho del cerebro: la imaginación. Esto sucede si no sos parte del tercio de la población pampeana que está por debajo de la línea de la pobreza, como aseguró la ministra de Desarrollo Social, Fernanda Alonso.
Si sos parte de estos 115 mil 500 individuos que, a veces, tienen para comer, seguramente no haya tiempo para la imaginación. Y si sos una criaturita en estas condiciones, difícilmente se fortalezca, porque apenas se cubrirán los nutrientes para la conformación del cerebro.
Entonces, si integrás el grupo de las 231 mil pampeanos privilegiados que no están por debajo de la línea de la pobreza, tampoco significa que pongas en práctica la creatividad, porque tal vez juntes con tu familia los 47 mil pesos que se precisan para ser de clase media, como informó ATE.
Ahora solo le hablamos a los que acumulan no más de 20 lucas por mes que, entre el conglomerado Toay-Santa Rosa, son 8 de cada 10.
Y también, por supuesto, a la mitad de ellos (cinco de cada diez) que no llegan a los 10 mil pesos al mes, según la Encuesta Permanente de Hogares, publicada hace dos semanas por este diario.

Los que se quieren salvar.
Está por ejemplo María Teresa, jubilada, supera por unos puchos los 10 mil pesos. Todas las semanas, dos veces por semana, se dirige con sus crocs verdes a una agencia del barrio Empleados de Comercio. Juega diez pesos a la quiniela, quiere salvarse, respirar profundo, aunque sea, por unos meses.
Los quinieleros también están preocupados. Confirman que en algunos lugares juegan más personas, pero por menos dinero. Recaudan lo mismo, o van para atrás.
La modernización les tocó, y los jóvenes juegan a otra cosa. “Estamos viendo cómo hacemos para que las nuevas generaciones se vuelquen al juego”, dijo el presidente de los agencieros, sincero.

Trueques y comedores.
En los barrios se organizan y hacen trueques. Algunos, al comienzo, lo hacían por ideología: “Está bueno desprenderse de que lo que uno no necesita”. Ahora, en su totalidad es por necesidad.
Tortas, prendas, artículos de limpieza, artesanías, entre otras cosas son cambiados de dueño, para un uso más urgente.
En los comedores proliferan las necesidades, por tanto organizan eventos y fiestas para recaudar, y hacer donaciones. Y justamente por estas necesidades, también, proliferan los comedores, están quienes abren en sus propias casas lugares para servir la comida.

Bibliotecas y remates.
Las bibliotecarias se hicieron martilleras. En distintos puntos de la provincia, las bibliotecas populares están en crisis, y llevan adelante remates para subsistir: muebles, antigüedades, televisores, camas, “y muchos artículos más”, son subastados.

Desalojados y albañiles solidarios.
El problema habitacional, según concuerdan algunos estudiosos, es uno de los tres grandes problemas que tendrá La Pampa si no se empieza a solucionar. Con la falta de dinero, no se construyen viviendas, y muchos empiezan a ocupar, hasta que son desalojados.
Aparecen, además, movidas solidarias en redes, vecinos que se enteran de la situación adversa y se acercan para colaborar con ropa, comida, dinero.
En cuanto a la solidaridad, se inscribe un grupo de albañiles. Una mañana, uno de ellos, en la obra, sintió la fatalidad de la primera helada, y se imaginó niños y adultos sin gas en pleno invierno. Comenzaron a hacer estufas solidarias por todo Santa Rosa.

El consumidor.
Del supermercado al almacén de barrio, y el que puede, al mayorista. Los precios suben y ya no es garantía comprar un poco todos los días. Uno se repliega a la búsqueda insaciable de la oferta o el 2×1.
En la casa, el goce del consumidor ha decaído. La ducha, con la luz apagada. La tele ya no acompaña, solo es para ver un programa específico. El calefactor a veces al mango, en general se lo estaciona en piloto. Y la comida, con un plato y gracias. (NYC)