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Recetas de una tradición

«San Pedro» es el nombre de una confitería emblema de Santa Rosa, una panadería y pastelería que se renueva en su tercera generación y que tiene en el sabor, la calidad y la calidez un sello distintivo. Las hermanas Martínez mantienen inalterable una costumbre artesanal que se torna irresistible.

Tres mujeres entran y van derecho a la vitrina. Acercan sus rostros al vidrio y comienzan la elección: el debate va desde las medialunas hasta las tortas negras pasando por las infaltables de dulce de leche y de crema pastelera. Se trata de una madre, su hija y su nieta; tres generaciones de clientas que resumen de manera ideal la historia de un lugar emblema de la ciudad, un sitio que funcionó como una verdadera escuela de panaderos y que hoy sigue vigente gracias a recetas tan únicas como sabrosas. Cargadas de originalidad y de elaboración artesanal.

«Confitería San Pedro» es un clásico de Santa Rosa. Tuvo su origen en el trabajo de la familia con ese mismo apellido y, desde 1988, el cambio de manos en los dueños no solo no alteró su calidad y mejor servicio sino que lo potenció. Esa es la clave para mantenerse como una preferida entre distintas generaciones de santarroseños y pampeanos.

«Somos de San Andrés de Giles, en provincia de Buenos Aires. Un médico amigo de mi papá lo invitó una vez a Santa Rosa y a él le encantó, así que le dijo a mi mamá que venían a instalarse. Yo tenía un año cuando nos vinimos. En el ’88 le compró el negocio a la familia San Pedro y el 1 de mayo de ese año abrimos las puertas. Era un lugar que ya tenía mucho prestigio, muy conocido a nivel local y provincial, y nuestro desafío fue mantener eso al tiempo que le poníamos nuestra impronta y nuestro espíritu, siempre sin alterar en nada la calidad ni la elaboración artesanal», cuenta Mariquena Martínez, una de las herederas de un legado construido a base de trabajo y exquisiteces.

Mariquena tiene 32 años y después del secundario se instaló en Capital Federal para estudiar Producción de modas y Diseño de Indumentaria. Su hermana Ximena (40) es Asistente social y trabaja en la oficina de Anses, pero ambas no dejan pasar un día sin tener su presencia en el negocio de la calle Quintana 156, en pleno centro de la ciudad.

Generacional

«Todos los empleados son como parte de nuestra familia, y siempre alguna de nosotras está acá, trabajamos a la par con ellos y es parte del espíritu de este proyecto cuya cara visible y quien está siempre es mi mamá», dice Mariquena respecto a Nélida Giunta, que a sus 64 años es quien recibe con un saludo afectuoso a cada cliente que traspasa la puerta.

La familia se recompone de a poco luego de un momento muy duro, el fallecimiento de Oscar Martínez, el gran generador de las recetas de San Pedro que aunque ya se había jubilado mantenía su contacto diario con la panadería y confitería.

«Mi papá era súper completo para trabajar, él se encargaba de toda la parte de producción y mi mamá de la atención al público. Mis abuelos ya tenían una panadería en General Las Heras (Buenos Aires) y mis padres se conocieron en San Andrés de Giles, donde abrieron una segunda panadería aunque también se anexaba con una fábrica de pastas. Ahí aprendió el oficio que se transmite en un legado que va de generación en generación. Son recetas probadas por más de 60 años y que fueron cambiando en función de cómo mejorar el producto. El mejor legado que podemos recibir como hijas y nietas son esas recetas y esa producción artesanal que hoy seguimos manteniendo», contó Mariquena.

«Tuvimos la desgracia de perder a papá, que fue el eje fundamental de todo esto, pero decidimos seguir adelante con el emprendimiento, seguir con su legado y las muestras de cariño y afecto que recibimos en este tiempo también nos dieron fuerza para continuar; por eso cada una hoy tiene su trabajo pero la panadería nos une como un lugar de encuentro y de satisfacción familiar», añadió Ximena.

De exportación

En San Pedro también preparan catering para empresas, desayunos artesanales a domicilios, tortas especiales y productos para fechas determinadas como Pascuas o Navidad.

«Nuestro punto fuerte siempre fueron las facturas, sobre todo porque cada una es hecha de manera diferente, cada una tiene su receta especial y eso la clientela lo reconoce y valora. El budín inglés, con muchísimas frutas secas, también es un distintivo. Hasta es de exportación porque nos pidieron desde España. Hoy eso también nos pasa, gente de acá que se mudó a otro país y nos escribe en las redes sociales para hacernos un pedido y mandarle algún producto a alguien que tiene acá, familiar o amigos. Hace poquito una chica que está en Utah (EE.UU.) nos hizo un pedido», contaron las hermanas.

A San Pedro llegan a diario clientas y clientes de distintas localidades de la provincia. «Mucha gente que viene a hacer un trámite también viene desde hace años acá y se lleva un producto para comer. Nos pasa mucho eso y es algo muy lindo mantener esos vínculos que se crean aquí adentro. Nosotros no resignamos nunca la máxima calidad, acá no tenemos conservantes ni aditivos, es toda materia prima de primera y no tenemos máquinas que reemplacen la mano del humano, al contrario».

Mariquena recuerda que San Pedro llegó a tener más de 30 empleados, y que gran parte de los panaderos de la ciudad se formaron al calor de esos hornos. «Fue una verdadera escuela de pastelería, muchos panaderos que hoy tienen su propio emprendimiento salieron de acá y cuando papá compró la panadería había 33 empleados. Hoy buscamos estar siempre actualizadas, se hacen cursos, capacitaciones; es importante mantener lo clásico pero también ofrecer siempre nuevas alternativas para los clientes».

El pequeño Felipe (3) aparece desde la cuadra -la sala de elaboración- y pide una factura. Su mamá Mariquena lo invita a elegir y aprovecha para despejar algunas dudas, esos mitos callejeros que pocas veces se relacionan con la realidad. «La gente te pregunta mucho si no te cansa comer estos productos y la verdad que para nada, por el contrario todos los días me dan ganas de probar algo, de comer una masa fina, una factura. Una parte de nuestra historia está impresa acá y convivimos naturalmente con todo lo que es la panadería, creo que eso también es un sello de San Pedro, el afecto y la calidez en el trato hacia la gente que nos elige todos los días para darle un gustito al paladar».