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Recordando los “programas históricos”

DIA DE LAS Y LOS TRABAJADORES

A pesar de los embates del neoliberalismo, con su secuela de precarización laboral y desempleo, Argentina mantiene todavía un alto grado de sindicalización. Con una rica historia de luchas, varias décadas después sus contenidos guardan asombrosa vigencia.

El movimiento obrero argentino no nació el 17 de octubre de 1945; aunque esa jornada marcó un antes y un después en nuestra historia política. Miles de trabajadores marchando hacia Plaza de Mayo para exigir la libertad del coronel Juan Perón, y dejando su impronta al remojar sus pies cansados en la fuente, horrorizando a la oligarquía. 

Esa irrupción de los “cabecitas negras” venía precedida de grandes luchas previas, con un sindicalismo anarquista, socialista y comunista. En la década del ‘30, el Partido Comunista dirigía 19 federaciones obreras, algunas muy poderosas, como las de la construcción, textiles y frigoríficos. 

El peronismo fue luego la corriente mayoritaria en los gremios, y eso aún se mantiene, pero sería bueno que la dirigencia y militancia de esa filiación política releyera las páginas de algunos de los programas nacidos de su propia historia. 

En el 1° de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores, el movimiento obrero tuvo y tiene todavía mucho para ofrecer y hacer. 

La Falda y Huerta Grande. 

El primero de 1957 y el segundo de 1962, ambos Congresos fueron la respuesta de los trabajadores a los embates de la oligarquía que había dado el golpe de 1955, derrocando a Perón y abriendo un período de persecuciones, cárcel y represión. El gobierno militar de Aramburu y Rojas fue implacable con la creciente resistencia peronista; los fusilamientos de José León Suárez, dieron lugar a que la autodenominada “Revolución Libertadora”, pasara a ser para el pueblo, la “Fusiladora”. 

La intervención de la CGT y los sindicatos no impidieron decenas de movilizaciones obreras, asambleas en fábricas, huelgas y sabotajes. Surgió una camada de delegados y miembros de comisiones internas, que confrontaron con el régimen militar y pugnaban por recuperar los sindicatos y centrales obreras intervenidas. La primera fue la de Córdoba, que el 1° de julio de 1957 elige en un Plenario General a Atilio López (UTA) como Secretario General de la CGT. No fue casual entonces que fuera esta central obrera la que convocara a un Plenario Nacional de Delegaciones Regionales de la CGT y de las 62 Organizaciones, que se realizó en la localidad de La Falda, donde se aprobó un programa de reivindicaciones, con un contenido antioligárquico y antiimperialista. 

En 1962, luego de la anulación de las elecciones en provincia de Buenos Aires, donde los candidatos peronistas habían arrasado en las urnas, el movimiento obrero se reunía en otra localidad cordobesa, Huerta Grande. De allí surgió una nueva proclama obrera, en el mismo sentido que el anterior de La Falda.  

Es notable la vigencia que tienen muchos de sus puntos seis décadas después: el control estatal del comercio exterior y la liquidación de los monopolios extranjeros de importación y exportación. En el contexto actual, cuando se está debatiendo una nueva concesión para las vías navegables del río Paraná, por donde sale el 80 por ciento de la producción agraria, con la totalidad de los puertos en poder de empresas privadas, la mayoría extranjeras, y casi sin control estatal de lo que se exporta, es una medida plenamente vigente. 

Nacionalización del sistema bancario para que sea estatal y centralizado; desconocimiento de los compromisos financieros contraídos a espaldas del pueblo; control obrero de la producción; aumento de salarios para incentivar el consumo interno; nacionalización de la energía; control estatal del crédito orientado a un plan de desarrollo integral de la economía favorable a los intereses populares y no de las minorías oligárquicas; expropiación del latifundio y promoción del cooperativismo agrario, en procura de que “la tierra sea de quien la trabaja”. 

¿Qué dirían hoy sobre estas demandas, la Sociedad Rural, los caceroleros de Recoleta, Clarín y el PRO? No fueron “mentes trasnochadas” las que definieron esos programan, surgieron de delegados obreros. 

CGT de los Argentinos. 

El Congreso de la CGT “Amado Olmos”, realizado el 1° de Mayo de 1968, aprobó un programa avanzado, en cuya redacción intervino la pluma de Rodolfo Walsh. Bajo la conducción de Raimundo Ongaro, planteaba que “la clase trabajadora tiene como misión histórica la destrucción hasta sus cimientos del sistema capitalista de producción y distribución de bienes”. Y cuestionaba el fundamento mismo de ese sistema: la compraventa del trabajo y la propiedad privada de los medios de producción. 

Ese programa fue la base del peronismo revolucionario, que ponía la liberación nacional y social como el norte de sus luchas, resumida en la consigna que luego enarbolarían como bandera millones de jóvenes: “la Patria Socialista”. 

Fue el congreso fundacional de la CGT de los Argentinos, opuesta al “participacionismo” de Augusto Vandor, presente en la asunción del general Juan Carlos Onganía tras el golpe de junio de 1966. 

De manera implacable, la CGTA denunciaba las penurias que vivía la clase trabajadora y los más pobres, criticando los bajos salarios, la explotación de los jornaleros en los cañaverales, en los secaderos de yerba, los desalojos rurales, la situación de los inquilinos, el cierre de negocios y el desempleo. Una radiografía no muy alejada de nuestra realidad actual. 

Fue un posicionamiento contra la extranjerización de la economía, el gran capital y el enorme poder de los grupos monopólicos, en detrimento de la producción nacional y de los pequeños y medianos fabricantes locales. 

Así, la CGTA convocaba a la movilización en “todos los rincones del país”, lo que se plasmaría en los años siguientes con rebeliones en las principales ciudades, uno de cuyos picos más altos fue el Cordobazo. 

Sitrac – Sitram. 

En Córdoba, el desarrollo del sindicalismo clasista, llegaba a su máxima expresión en los sindicatos por fábrica, de los Trabajadores de Concord (Sitrac) y de Materfer (Sitram), gremios que agrupaban a los obreros del complejo industrial FIAT en su planta de Ferreyra. En 1971, en un Congreso de Gremios Combativos de todo el país, convocados por esos dos sindicatos, se aprobaron los puntos de lo que constituiría casi un programa de gobierno. 

Con un contenido más a fondo, criticaba a los partidos burgueses tradicionales porque “han demostrado su fracaso histórico en la búsqueda de una salida que rompa el cerco opresivo de la oligarquía terrateniente, la gran burguesía industrial, comercial y financiera y la penetración imperialista”. Y afirmaba que sólo la clase trabajadora, liderando “a las masas populares oprimidas … será capaz de enfrentar el sistema de entrega, hambre y represión de los monopolios, librando victoriosas batallas …” Y como no podía ser de otra manera, reivindicaba el Cordobazo de 1969 y el “Viborazo” de 1971, ambas batallas lideradas por un combativo movimiento obrero. 

El programa de Sitrac-Sitram reconocía los congresos previos, como La Falda, Huerta Grande y el del 1° de Mayo de 1968, pero afirmaba la necesidad de una “actualización y radicalización”, para avanzar hacia la estatización del comercio externo, el sistema bancario, financiero y de seguros. Planteaba la ruptura con el FMI, el desconocimiento de la deuda externa originada en la expoliación imperialista, así como la expropiación de los monopolios industriales y estratégicos, servicios públicos y grandes empresas nacionales y extranjeras de distribución. Y se pronunciaba por la estatización de las fuentes naturales de energía, el sistema de comunicaciones e infraestructura económica y tecnológica, suprimiendo la oligarquía portuaria agroimportadora y garantizando el federalismo conforme una adecuada planificación nacional para eliminar las diferencias entre provincias pobres y provincias ricas. 

Reforma agraria, mecanización agrícola, promoción de mercados regionales, cooperativas, etc., eran las propuestas para el sector rural. 

Sanción de una legislación laboral, social y provisional con sentido popular, reajuste de salarios y jubilaciones de manera automática por el alza del costo de la vida; control popular de precios; protección de la niñez, vejez e invalidez; estabilidad de los trabajadores en sus empleos y creación del fuero sindical. 

La clase obrera va al paraíso. 

Esa sucesión de programas obreros, que fueron la base de las enormes movilizaciones y luchas que recorrieron Argentina, constituyeron una radicalización de la clase obrera, que las oligarquías locales aliadas al imperialismo, no podían dejar avanzar. Sitrac – Sitram se pronunciaba por un Frente de Liberación, bajo la dirección de la clase trabajadora y junto a los demás sectores oprimidos: los asalariados del campo y la ciudad, peones rurales, campesinos pobres y colonos, capas medias de la ciudad, curas del Tercer Mundo, profesionales, intelectuales y artistas progresistas, el estudiantado. 

No fue casual entonces que la dictadura militar cívica que instauró el más cruento terrorismo de Estado se ensañara particularmente contra esa clase obrera que venía en ascenso, con posiciones cada vez más politizadas. La represión comenzó antes del golpe del 24 de marzo de 1976, pues durante el gobierno de Isabel Perón, con la Triple A, arreciaron los asesinatos de dirigentes obreros como Atilio López, la persecución a la CGT de Córdoba liderada por López y Agustín Tosco, la intervención del Ejército en Villa Constitución, para aplastar la “guerrilla industrial”. 

Luego de la recuperación institucional, hubo otros programas obreros, como los 26 puntos de la CGT Brasil, dirigida por Saúl Ubaldini, de propuestas progresistas pero que no alcanzaron la profundidad de aquellos programas. 

Honrar la historia. 

En este 1° de Mayo, además de conmemorar la gesta de los Mártires de Chicago, es necesario reflexionar sobre nuestra historia. Rescatamos las palabras de Walsh: “Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece, así, como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas”.

Por Irina Santesteban