Salvó una vida

María López es la protagonista de esta historia. Es la persona que estuvo en el momento indicado cuando un hombre de alrededor de 70 años (cuya identidad pidieron que se reserve), que se encontraba realizando trámites en el hall de la CPE, se descompensó, y comenzó a sufrir un paro cardíaco.
Esto sucedió aproximadamente a las diez y media de la mañana de ayer, en el hall central de la calle Raúl B. Díaz 268. En ese momento, “Mari” (como la suelen llamar), empleada de la Cooperativa, precisamente del Servicio de Salud Ocupacional, estaba realizando sus tareas en el lugar, cuando le avisaron que un hombre se sentía mal.
Se trasladó, entonces, para verificar la situación. Empezó a intercambiar palabras con el hombre, que estaba sentado en una silla, descompuesto, “pero todavía hablaba y respiraba bien”, según relató “Mari” López.
Le preguntó, en primera instancia, si esto le ocurría de manera recurrente, si venía sintiéndose mal desde antes, pero el hombre respondía que no. Luego le consultó si había desayunado, “porque tal vez era por la falta de alimentos”, pero no estaba en ayunas.
Entonces, de repente, “Mari” comenzó a notar que había bajado su pulso, que había perdido el control del esfínter y que cada vez le dificultaba más respirar. Lo agarró y lo colocó en el piso. Definitivamente ya no tenía más pulso, y había dejado de respirar.
Inmediatamente, sin pensar, “porque en ese momento no pensás”, comenzó a hacerle las comprensiones, las maniobras de reanimación cardiopulmonar. A dos metros tenía el desfibrilador. El hombre seguía acostado sin respirar. “Mari” le desprendió la camisa de un tirón y le colocó los dos parches del desfibrilador. Al mismo tiempo llamó a Emergencias.
El aparato comenzó a hacer una lectura, un electrocardiograma, y apenas leyó el estado de la situación, unos segundos después, se depositaron dos descargas en el cuerpo del señor que estaba inconsciente. Alrededor se encontraban otras personas en el hall, realizando trámites. Mientras tanto, se le seguía haciendo RCP. Tenían el protocolo para la ocasión.
Finalmente llegó la ambulancia, colocaron al hombre en la camilla, que seguía sin responder, y lo transportaron rápidamente al Hospital Lucio Molas. A la hora y media, sobre el mediodía, le avisaron a María López que el señor había sobrevivido, que estaba fuera de peligro en un estado reservado, y que lo iban a trasladar a terapia intensiva.

“Pocos tienen desfibrilador”.
María López hasta ayer a la tarde seguía “shockeada”. Todavía no comprendía la magnitud del acontecimiento del que había sido protagonista. Hace ocho años trabaja en la CPE y es la primera vez que le sucede esto. Recién entonces empezaba a bajar la “adrenalina” que le había generado el hecho. Estaba contenta.
“Me da satisfacción haber estado en ese lugar en el momento preciso, y también de pertenecer a una institución que le dé importancia a este tipo de cuestiones”, expresó la enfermera, en diálogo con LA ARENA.
La Cooperativa tiene 520 empleados, un desfibrilador y dicta cursos a sus trabajadores sobre maniobras de RCP. “Mari” López es quien los brinda, y se hacen todos los años ya que las técnicas se van actualizando (por ejemplo, se dejó de tener en cuenta la “respiración boca a boca” frente a estas circunstancias).
“Lo importante es saber hacer maniobras, y que todas las instituciones tengan presente lo importante que es tener un desfibrilador”, puntualizó la mujer, quien remarcó también que “somos pocos los que tenemos el aparato”.

“Cualquiera puede hacer RCP”.
La mujer contó que “todo el mundo que aprenda los pasos de RCP está en condiciones de reanimar a una persona”. En este sentido, recordó una situación donde compañeros suyos de trabajo, a los que ella había instruido, le salvaron la vida a un hombre que le agarró un infarto mientras jugaban un partido de fútbol en la cancha del Fortín.
Por otro lado, cabe destacar que el 70% de los paros cardíacos suceden fuera del ámbito hospitalario, y por año, en Argentina se calcula que 40 mil personas fallecen por muerte súbita, es decir, una cada siete minutos, de las cuales el 15% sucede en ámbitos laborales, según cifras del Ministerio de Salud de la Nación.