domingo, 22 septiembre 2019
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La vida después de Calzar

LA VIDA DESPUES DE CALZAR

Los plateístas insultan. Una vez más, como tantas, para ellos el ‘culpable’ es el árbitro. General Belgrano acaba de igualar sin goles con Deportivo Winifreda en el inicio del Torneo Provincial de fútbol. El partido fue un bodrio y los hinchas locales estallan contra Martín Lobo, quien en el último minuto expulsó a Luis Guiñazú, uno de los pocos que se destacó.
Lobo, que minutos atrás estaba dirigiendo su partido número 299, espera en el medio de la cancha rodeado por sus compañeros de terna y por los agentes de Policía. Se retiran los dos planteles y, cuando llega su turno, encara hacia los vestuarios. Los agravios se intensifican. Ya es prácticamente un cara a cara, pero no reacciona. Cruza, por fin, el umbral de la puerta. Y cambia el chip. Es sábado por la noche en Villa Alonso y le quedan pocas horas de descanso antes de su nuevo desafío.
A las 7 de la mañana del domingo suena la alarma. Es hora de desayunar y recorrer los 35 kilómetros que separan Santa Rosa del Parque Luro. La rutina de calentamiento es intensa. La exigencia de la noche anterior fue importante y hay que evitar cualquier molestia.
A las 10 está en la línea de partida. Por los senderos de la reserva se corre la quinta y última fecha del Regional Zona Sur de la Asociación Pampeana de Atetas Veteranos (APAV). Lobo compite en la prueba de 5 kilómetros. En 20m.19s. completa el recorrido. Termina tercero en la jornada y se queda con el subcampeonato del Regional.

El árbitro.
«No pasa nada; uno ya está acostumbrado a los insultos y cuando termina el partido se terminó todo. Incluso tenés entredichos con los jugadores, y después los cruzás y está todo bien. Todos podemos cometer errores, lo importante es que siempre lo hacemos de buena fe», resume Lobo al referirse al recurrente dedo acusador al que se someten todos los árbitros.
«Fue mi partido 299 y mentalmente estoy muy bien; a uno ya no lo afecta», agrega el referee, que tiene 43 años y hace 21 que dirige en el ámbito de la Liga Cultural, con pasos por la Liga Pampeana, la de Tres Lomas y la General Roca del sur cordobés, además de torneos argentinos.

El atleta.
«En un momento, después de tantos años en los que había dirigido casi todo, tenía la necesidad de seguir entrenando y ya no tenía tanta motivación como antes. Entonces me invitaron a correr, me gustó y es una muy buena forma de estar entrenado», revela con respecto a sus inicios en el atletismo, hace cuatro años.
«En 2016 me anoté en los 21 km de A Pampa Traviesa y no paré más», cuenta el atleta, que ya lleva cuatro medias maratones de crecimiento contínuo. «En la última hice 1h.32m., mi mejor marca, y para la próxima tengo que bajarla», apunta.
De la mano del profe Dardo Pacheco se terminó de volcar definitivamente al atletismo, al que dedica varias horas de sus días, al igual que al arbitraje. «Entreno de lunes a viernes, los sábados generalmente dirijo, o salgo a correr, y los domingos también tengo arbitraje o carreras», explica.
– ¿En cuánto te favoreció el atletismo en la parte física del arbitraje?
– Me sirvió muchísimo. Dos o tres días a la semana hago doble turno y los domingos se nota; te permite estar más cerca de la jugada. Y los futbolistas, al verte cerca, confían más en uno. Además estás más lúcido para tomar decisiones. En la última prueba física que hicimos, a la que vinieron Darío García (ex asistente mundialista) y Juan Pablo Pompei (ex árbitro internacional), anduve muy bien y García me apodó «el hombre moto».
– ¿Y el arbitraje te sirve para tu condición de atleta?
– La verdad es que se complementan muy bien. En el atletismo hay que tener la cabeza preparada y el arbitraje de tantos años te da la posibilidad de aprender a tener la mente ocupada sin escuchar lo que pasa alrededor. Y eso es clave para la concentración.

La cabeza fuerte.
Cuando tenía 18 años, Martín Lobo comenzó a trabajar en la fábrica Calzar (luego Alpargatas). Uno de sus compañeros de trabajo era Horacio Odera, ex árbitro, quien lo invitó a sumarse a los colegiados que dirigían en el fútbol pampeano, entre ellos Juan Carlos Díaz, otro de los que le dio una mano en sus comienzos. Su rutina diaria pasó a combinar sus tareas en la empresa textil con sus silbatazos en las canchas. Hasta el año pasado.
La crisis generada por las políticas del actual gobierno nacional empujó a Alpargatas al abismo. En mayo de 2018, luego de 25 años de trabajo, Lobo fue despedido. Cuatro meses después, en el cierre definitivo de la fábrica, también quedó en la calle su pareja, María Rosa.
«En su momento no me afectó tanto porque la veía venir. Todo iba empeorando y no me sorprendió. Pero otros chicos sí la pasaron mal y la siguen pasando mal», remarca Martín en referencia a sus ex compañeros, la mayoría de ellos aún sin trabajo fijo. «Nosotros en casa la vamos llevando; haciendo un poco de todo», resume el árbitro y atleta.
– ¿Te ayudó el hecho de estar en el deporte para afrontar los momentos más duros?
– Sí, especialmente el arbitraje, porque te enseña a fortalecer la mente. Cuando uno arranca en el arbitraje lo más duro es dirigir a los infantiles, porque tenés a los padres presionando o insultando permanentemente. Ahí es cuando definís si seguís o no. Si pasás eso, te vas fortaleciendo cada vez más y después hay cosas que las podés bancar más, hasta en casos como este. Además, cuando uno está a cargo de un grupo de personas (es el presidente de la agrupación Arbitros Pampeanos Unidos) tiene que tener fortaleza y demostrar que está entero. Aunque duela.

El árbitro va por más
«Mientras me de el físico voy a seguir dirigiendo», asegura Martín Lobo, presidente de Arbitros Pampeanos Unidos (APU), agrupación que cuenta con unos 50 integrantes. «La que viene será mi última temporada para poder dirigir torneos argentinos (el límite es 44 años), así que mañana (por hoy) voy a rendir la prueba física para poder estar en consideración para ser designado», anticipó el árbitro, que debutó en Primera División en la Colonia Penal dirigiendo un Guardavidas-Unión y Amistad por la Primera «B» culturalista.

El atleta que crece
Martín Lobo en plena competencia, el domingo en el Parque Luro. Comenzó hace cuatro años y hoy, además de correr, colabora con Dardo Pacheco en el entrenamiento de Los Pumas, el equipo que cuenta con unos 40 atletas. El próximo año iniciará el curso Nivel 1 de la IAAF para ser entrenador de atletismo.