domingo, 22 septiembre 2019
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Se quedó en la calle y un preso le prestó la casa

EN WINIFREDA

Un vecino winifredense privado de su libertad tuvo un gran gesto solidario para evitar que un adulto mayor, que es su amigo, quedara en situación de calle. El interno le prestó sin cargo su casa luego que fuera desalojado de la vivienda, propiedad de su pareja, a la cual cuidó hasta que falleció. El hombre habita el inmueble desde hace cinco meses.
El enorme gesto humano lo tuvo Javier Rodríguez, de 39 años, quien cumple una condena de un año de prisión efectiva en la comisaría departamental de esta localidad y en poco más de una semana saldrá en libertad condicional. Es muy conocido en el pueblo y zona rural por su profesión de alambrador y hachero.
LA ARENA dialogó telefónicamente con él para conocer por qué tomó esa decisión tan importante que benefició a Domingo Hersomer, un jubilado de 69 años. C
ontó que al vecino lo conoce desde hace cinco años por lo menos. «Siempre lo veía sentado en la vereda, sabía que afilaba cuchillos, un día le llevé uno y nos pusimos a charlar. Después nos vimos más seguido, comíamos juntos y quedó la amistad», recordó.
«Ya en ese momento su pareja estaba complicada de salud, después empeoró y cuando falleció, Domingo quedó muy mal anímicamente y me decía que se sentía muy solo», continuó.

No quería vivir.
Este año Rodríguez quedó preso tras un fallo judicial. Cuando su amigo se enteró empezó a visitarlo diariamente. Una noche, el reo sintió «un revuelo» en el pasillo de la dependencia. Allí se encontraba Hersomer con todas sus pertenencias personales. Los efectivos acababan de desalojarlo de la casa de su pareja por orden de la Justicia.
«Estaba temblando y según me contó estuvo junto a la mujer durante 16 años y la cuidó hasta el último día de su vida con todo lo que conlleva atender a una persona que no se podía mover. Sus hijas le habían asegurado que lo iban a dejar en la casa para siempre, pero al final lo desalojaron», reconstruyó.
El desalojado le manifestó que su deseo era quitarse la vida. Rodríguez lo calmó diciéndole: «No hagas ninguna locura» y le brindó una solución: «Andá a mi casa, está disponible para vos, no te voy a cobrar alquiler, a mí me sirve que alguien la ocupe por una cuestión de seguridad».
Al otro día hizo reconectar la energía eléctrica. Una anécdota: cuando llegó el invierno el calefactor del inmueble no funcionaba. Rodríguez mandó a un conocido a comprar un aparato. Grande fue su sorpresa, cuando dos días después apareció Hersomer y le dijo: «Te compré un calefactor y ya lo hice instalar en agradecimiento a que no me cobrás alquiler».

En libertad.
Rodríguez saldrá en libertad condicional en días más. «Ya le dije que lo primero que haga cuando salga es llevarlo a un oculista, no quiere ir porque no confía en nadie», adelantó su primera actividad a favor de su amigo.
«Todos los días me viene a visitar con su perrita y me enseña alemán oralmente, un idioma que domina muy bien. Tenemos muy linda relación», se alegró. Se siente reconfortado con la acción que llevó adelante y la justifica con situaciones de su vida. «El sol sale para todos y uno nunca sabe adónde va a terminar en la vida. Debe ser muy feo llegar a grande y no tener dónde caerse», reflexionó y abundó: «Estuve muy cerca de perder la casa y quedarme en la calle cuando me separé porque mi ex esposa quería venderla. Tuve que vender todos los bienes que tenía para darle su parte. Me costó muchísimo».
Estando en prisión Rodríguez cumplió en junio pasado 25 años como alambrador y hachero. Sus clientes continuamente van a visitarlo y a pedirle que vaya a alambrar a sus campos cuando salga. Se siente agradecido con ellos.

“A mis hijos los amo”.
Rodríguez fue condenado por la Justicia de Santa Rosa a un año de prisión de cumplimiento efectivo por ejercer violencia física contra sus dos hijos varones menores de edad. También tiene una hija adolescente. Saldrá en libertad condicional en breve y el 8 de enero de 2020 terminará su pena.
“Obviamente que estoy arrepentido de lo que hice y ojalá me perdonen. Fui criado de una manera antigua cuando nuestros padres nos daban un cachetazo para que nos portáramos bien y hoy esas cosas ya no se pueden hacer”, confió.
No obstante afirmó: “A mis hijos los amo con todo mi corazón y estando encerrado les mandé un regalo cuando cumplieron años. A cada uno les inculqué que no todo es gratis, deben valorar las cosas, les enseñé educación y respeto. Incluso a uno lo acompañaba a jugar al rugby porque yo también lo practicaba”.
Cuando quede libre “lamentablemente tengo que alejarme de ellos hasta que sean mayores de edad porque si van a cenar a casa, tienen un tropezón, se lesionan el codo y la madre me denuncia termino preso de nuevo. Podemos estar juntos en lugares donde haya muchos testigos”.
“Siempre voy a esperarlos porque son mis hijos y quiero lo mejor para ellos”, finalizó.