Siempre en movimiento

“Transporte Vaqué” suma cada día cientos de kilómetros para llevar y traer todo tipo de cargas, un emprendimiento de origen familiar que hoy da empleo a 30 personas y se destaca por el servicio de todo tipo de gestiones con papelería y documentación.
“Te llevo a la suegra y ¡te llevo al elefante!”, sonaba el jingle radial tan ocurrente como pegadizo para describir, de forma exagerada, el servicio que brinda una empresa que es referencia. Si se revisa su historia llega a 120 años, cuando comenzó a viajar por la ruta nacional 5 de Chivilcoy a la ciudad de Buenos Aires. Ese trabajo inicial de comisionista de Pedro Andrés Vaqué va camino hoy a la cuarta generación familiar, con miles de kilómetros por recorrer y entregas por hacer.
“Mi abuelo era comisionista de Chivilcoy a Buenos Aires, arrancó en 1897 y después siguió mi viejo. En ese tiempo conoció a un hombre que era comisionista a Santa Rosa e hicieron una sociedad de hecho. Mi papá era el típico viajante con un maletín, dos canastos y dos viajes por semana. Yo en esa época ya hacía repartos y cobranzas y a los 17 arranqué con más responsabilidades y tomé el mando. Hace 35 años que estoy en la empresa”, resume Pablo Vaqué (51 años).
La historia de Pablo al frente del emprendimiento tuvo un crecimiento notable, con un edificio propio que abrió en 2011 y desde el cual diariamente salen los transportes con cualquier tipo de carga, desde muebles hasta estudios médicos, desde insumos tecnológicos hasta un papelerío automotor. De puerta a puerta y de cara a cara.
“Nuestro fuerte es la gestión personal, el tramiterío, vamos a buscar estudios al Instituto Fleni, a una farmacia un medicamento específico, un lente determinado para una cámara fotográfica, los trámites universitarios, gestión de automotor, pagar multas, de todo. Y además recibimos en depósito en Buenos Aires para traer, como cualquier transporte, pero somos los únicos que salimos a las 9 de la noche para Buenos Aires y a las 6 de la tarde pegamos la vuelta. Y eso es todos los días”, detalla Pablo sobre un trabajo diario que sale hacia la ruta 5, pasa por Trenque Lauquen y desde Capital sale hacia cualquier punto del interminable conurbano bonaerense.
Vaqué también sale por la ruta nacional 35 hacia Córdoba, un destino que sumó hace un tiempo en una empresa en la que trabajan dos choferes, diez empleados en depósito, quienes desarrollan las tareas administrativas y los contratados en Buenos Aires; un equipo de 30 personas para un servicio que “es puerta a puerta”, con entrega de ese pedido que después de tantos kilómetros se espera recibir en mano.
“En el ’89 falleció mi padre y yo seguí con la empresa. Me pude comprar una camioneta e ir avanzando, pero en el 2000 se empezó a caer la actividad y no me quedó otra que vender el camión y al tiempo también la camioneta. En 2001 ya estaba todo mal y con una Renault Kangoo alquilada iba y venía de Buenos Aires, fue una etapa muy difícil hasta que la cosa empezó a acomodarse un poco y se pudo tener otra vez camión propio y meterle con todo para levantar algo que había caído muchísimo”, recuerda Pablo sobre esos años en los que, como la gran mayoría de las pymes del país, vivieron el vértigo del precipicio.

Crecimiento.
Pablo acumuló tantos kilómetros como esfuerzo para mantener en pie la empresa y la recompensa comenzó a llegar. La compra del terreno sobre la avenida Circunvalación al 800 fue una apuesta con grandes resultados.
“Yo tenía todo el plan de cómo hacer el edificio, lo venía imaginando así que cuando pudimos tener el terreno nos pusimos a trabajar. En 2011 abrimos y fue una gran satisfacción porque tenemos todas las comodidades para ofrecer el mejor servicio y eso el cliente lo valora. También es importante para uno y para quienes trabajan en la empresa sentirse cómodos”, destaca Pablo sobre las amplias y modernas instalaciones de la firma santarroseña.
A lo largo de los más de 100 años de la empresa las anécdotas y recuerdos se acumulan tanto como la carga de esos camiones que salen a diario. “Lo más raro que me tocó traer fueron los restos de una persona. Fui al cementerio de la Chacarita y anduve para todos lados para cumplir con todos los trámites, pero yo me había comprometido con esa señora a traerle lo que me había encargado y lo pude cumplir. Me acuerdo de que llegué a su casa y no le cobré, fue algo especial”.
Pablo también recuerda uno de los peores momentos que debió afrontar como máximo responsable del emprendimiento familiar. “En el ’99 nos robaron el camión (y también sufrimos otros dos robos del camión en el año 2000 y 2015). Lo habíamos comprado un año antes y en el ingreso a Buenos Aires asaltaron al chofer y se llevaron el camión y toda la carga. Siempre que suena el teléfono a la noche me sobresalto porque recuerdo ese momento en que me llamó el chofer en estado de shock. A la semana apareció uno de esos recuperadores de vehículos diciendo que sabía dónde estaba. Son momentos muy difíciles de vivir”.

Legado.
Junto a Pablo trabaja hoy uno de sus hijos, Pedro (20), un joven que también lleva el apellido familiar estampado en el Fiat 600 que compite en una de las categorías del automovilismo local. “El está aprendiendo todo lo que es trabajar en la empresa y me ayuda. A mí me hubiese gustado correr en auto, por eso cuando me vino a decir que él quería hacerlo me volqué con todo a cumplir con eso porque es algo que nos apasiona”, admite Pablo rodeado de fotos y trofeos de esos vehículos que también recorren cientos de kilómetros para llegar a una meta pero sin ninguna encomienda, solo para ver caer una bandera a cuadros.
“El proyecto es agrandar lo que hacemos, brindar mejores servicios y abrir locales en otros lados. Hacemos servicios especiales y viajamos a cualquier punto del país, el objetivo siempre es cumplir con lo que el cliente pide”, dice Pablo al lado de una gigantografía con fotos de la empresa y en la que se destaca una frase: ‘Siempre a tiempo y en el momento justo’.