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Siguen enigmas por Facundo

SILVESTRE INTERVIENE EN EL CASO DE DESAPARICION Y MUERTE

El 29 de abril se cumplió un año del día en que Facundo Astudillo Castro salió de su casa en la localidad de Pedro Luro, al sur de la provincia de Buenos Aires, en dirección a la ciudad de Bahía Blanca para visitar a su ex pareja en plena vigencia del Aislamiento Social, cuando sólo podía circular personal esencial. Si bien no se pudo determinar el motivo de su muerte, hay firmes pruebas que apuntan a la Policía Bonaerense.
Así surge de un informe elaborado por el equipo de fiscales del Ministerio Público integrado por la fiscala de Santa Rosa, Iara Silvestre, el fiscal general subrogante ante la Cámara Federal de Bahía Blanca y titular de la Unidad Fiscal de Ciberdelincuencia, Horacio Azzolin, y el fiscal a cargo de la Procuraduría de Violencia Institucional, Héctor Andrés IEM.
El documento sostiene que de acuerdo a las pruebas que forman parte de la causa, Facundo salió de su casa el 29 de abril y pasó la noche en la casa de un amigo para arrancar, a las 5 de la mañana siguiente, por la ruta nacional 3, por donde llegó a Mayor Buratovich y tuvo su primer encuentro con la Policía.
En el marco de la pesquisa la justicia secuestró el teléfono del policía que lo abordó, Mario Gabriel Sosa, y encontró allí una foto de Facundo junto al móvil, otra de su documento y un audio de la superioridad donde exigían los datos y la foto del joven, con la advertencia de que «si se hacía el pajero que lo bajen», es decir, que lo lleven a la comisaría.
Uno de los puntos de duda es si realmente Facundo fue trasladado o pudo seguir con su viaje. Sin embargo, como en otros episodios futuros, la información de la ubicación georreferencial permitió establecer que el móvil se trasladó a esa dependencia tras abordar al joven.

Las dudas.
Según se desprende del informe fiscal, hay una serie de dudas que se buscan establecer respecto de qué fue lo que pasó en Mayor Buratovich. Por ejemplo, quieren determinar la forma y circunstancias en las que Facundo continuó su viaje hacia Teniente Origone, lo acontecido en ese lugar y con posterioridad; la relación íntima entre una testigo del caso que dijo haberlo trasladado y el personal policial que lo detuvo previamente en Mayor Buratovich; los extraños movimientos de algunos patrulleros cuyos dispositivos de georreferenciación los sitúan en fechas y horarios relevantes para la investigación.
También se busca saber el contexto de la desaparición de su DNI y la aparición de una mochila (un mes después de que su cuerpo fue encontrado) con la ropa que tenía en la primera detención policial.
Si bien hay pruebas contundentes, la investigación se abre en una serie en incógnitas: la evidencia forense obtenida en diferentes procedimientos, los datos técnicos que se desprenden de dispositivos de telefonía celular y las declaraciones testimoniales relevadas, que no son suficientes para conformar un relato uniforme y cronológico del derrotero de Facundo.
Por eso aún no se puede establecer si en su muerte intervinieron terceras personas, si fue un asesinato, un accidente o un suicidio. Lo cierto es que su cuerpo fue encontrado recién el 15 de agosto por tres pescadores en estado «totalmente esqueletizado» en el canal «Cola de ballena», un cangrejal situado en la zona de Villarino Viejo, contigua a la localidad de General Cerri.

El viaje.
En Buratovich, los policías que lo detuvieron por primera vez declararon que tras labrarle la infracción le indicaron que retorne a su domicilio, aunque de las actuaciones policiales se desprende que no consultaron con el juzgado sobre cómo debían proseguir de acuerdo a lo que disponen las normas.
De acuerdo al informe fiscal, Facundo continuó su viaje hasta Teniente Origone, a 25 kilómetros. Una integrante de la policía bonaerense, Siomara Flores, pareja de Sosa, declaró que lo trasladó hacia allí tras encontrarlo haciendo dedo en la ruta. Pero una prueba técnica contradice o pone en duda esa versión: Cristina Castro, madre del joven, habló a las 13.33 con su hijo; en esa comunicación Facundo le manifestó que «no lo iba a ver nunca más». «La antena de telefonía celular que activó el teléfono del joven fue la de Buratovich, no la de Origone donde -según Flores- había arribado media hora antes», surge del documento.
A partir de allí la investigación comienza a tomar varias versiones respecto de cómo se trasladó Facundo. Sin embargo, en varias oportunidades se desprende que la policía no siguió el procedimiento establecido por ley, es decir que no avisó a la justicia ni hizo cesar la conducta violatoria del joven. Además, en un patrullero de Teniente Origone se encontró un pelo que presentaba identidad con el haplotipo mitocondrial de Cristina Castro, la mamá del joven.
Las versiones y hechos presentan datos concretos y, en varios casos, relatos policiales difusos y diferentes. Sin embargo, uno de los episodios más llamativos fue que poco más de un mes antes del hallazgo del cuerpo, un móvil de la de la Unidad Policial de Prevención Local (UPPL) de Bahía Blanca estuvo ubicado en cercanías del lugar donde se produjo el hallazgo, algo que llama la atención de Fiscalía el hecho de que un vehículo ubano haya ingresado y permanecido en ese terreno inestable.
Esa unidad fue allanada y secuestrada. La Gendarmería encontró allí un trozo de piedra reconocido por la madre del joven.

La causa hoy.
En febrero pasado, el fiscal de Bahía Blanca, Santiago Ulpiano, se apartó de la investigación y, en su lugar, el Procurador Eduardo Casal designó a la fiscala de Santa Rosa para que se una al equipo. Esperan por el momento que la Cámara Federal apruebe una serie de medidas requeridas para buscar información clave para la causa.
Ese requerimiento fue rechazado por la jueza del caso, apuntada por el equipo fiscal por no ser imparcial debido a que la única hipótesis que sostiene es que la muerte del joven fue un accidente.