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Sofía, crecer en la cultura del trabajo

HISTORIAS MINIMAS DE POR AQUI NOMAS...

Cuántas veces hemos escuchado decir -en una clara y ciertamente desacertada generalización- que la juventud no tiene futuro, que hay muchos pibes que carecen de valores y deambulan sin saber muy bien hacia dónde van. Y es verdad que hay muchos que no tienen la suerte de insertarse en el circuito estudiantil, o en el mercado del trabajo, porque lamentablemente la crisis económica y la precariedad laboral los lleva a carecer de oportunidades, e incluso de incentivos que los hagan pensar en un futuro esperanzador.
Pero hay muchos, muchísimos, jóvenes (chicos y chicas, claro) que le ponen pasión y entusiasmo a lo que hacen. Que trabajan, estudian, y por eso no dejan de llevar la vida propia de su edad… eso de juntarse con amigos, salir (mientras se puede) y divertirse.
Sofía Wentenao (23) es santarroseña, hija de una familia clase media que vive en Villa Germinal, con su papá albañil y su mamá se desempeñó en distintos rubros -hoy tiene una pollería en la calle Antártida Argentina-, y es alguien que muestra una disposición y -sobre todo- una alegría tan particular a la hora de trabajar que no puede menos que llamar la atención. Muy aferrada a sus afectos confiesa, al hablar de sus padres: «Son mis mejores amigos. Les cuento todo lo que me pasa y ellos confían mucho en mí».
La idea de conversar tiene que ver porque, precisamente, suele haber una visión distorsionada sobre la realidad de la gente joven, y lo cierto es que como ella es la gran mayoría. Trabajar mucho, en distintas actividades -a veces en más de una- es una realidad de muchos, y es un poco la de Sofía, quien se desempeña como moza en un par de locales gastronómicos.
Pero además para ayudar a su economía prepara sorrentinos para vender con su amiga Lucila, y también se hace tiempo para «aprender inglés… por si un día me toca viajar afuera».
«La familia de mi papá es de General Acha, a él le tocó alguna vez estar en la escuela hogar y ha trabajado mucho, la remó siempre. Y eso, lo que han hecho mis padres es lo que me guía para trabajar. Tengo tres hermanos, Sacha (18), Selena (11) y Bastian (7). El mayor está estudiando Astrología en Córdoba», puntualiza.

Amigos laburantes.
Sofía hizo la primaria en la Unidad Educativa n° 3, y el secundario en el Colegio Adventista «pero por razones de trabajo tuve que terminarlo en el nocturno», señala. Volviendo sobre sus padres sostiene que «me tuvieron cuando eran muy jóvenes, así que espero poder disfrutarlos mucho tiempo. Soy muy amiguera y me gusta llevarme lo mejor de cada lugar por donde me toca pasar, y así me voy juntando con personas de diferente manera de ser. Será por eso que tengo amigos bastante variados, que son casi todos laburantes y emprendedores, con muchas ganas de salir adelante».
Y cuenta sobre su «historia» laboral: «Trabajo de moza hace bastante tiempo, ahora estoy en ‘Comer con palitos’, en el Lowo Che (Tordo 436), que en breve tendrá habilitado otro local en pleno centro de Toay. Está bueno que se pueda expandir porque quiere decir que la gente reconoce y valora el esfuerzo de Florencia Lippoli, su propietaria».
Cuando la pandemia obligó a restricciones que llevaron a cerrar el local de sushi, Sofía consiguió un puesto de moza en la panadería-confitería A la flauta. «Fue cuando estábamos en Fase 1 y debió cerrar el restaurante, y en ese otro lugar estuve entre noviembre y febrero, y me llaman cuando hace falta algún reemplazo. Por suerte el local de sushi volvió a funcionar, y se trabaja con delibery algunos días, y abierto al público de jueves a sábado», completa.

Trabajar y estudiar.
Empezó a trabajar como moza en el Bodegón, de la calle 25 de Mayo, que «es de Ignacio Marotti. Tenía 16 ó 17 años, iba al colegio a la mañana y a la tarde trabajaba, a veces hasta las 2 ó 3 de la mañana. Estuve casi dos años, y también en eventos, y pude aprender un montón. En algún momento me desempeñé en el Bar Quiroga y hacía otras changuitas».
Sofía tiene un trato muy especial con el cliente. «Creo que es lo que corresponde, atender con amabilidad, aunque es verdad que por ahí aparece alguno que no te habla bien, o dice alguna cosa inconveniente. En ese sentido tengo a mi mamá como referencia, que me ha contado que alguna vez tuvo algún jefe o compañero que no la trató bien, y entonces con esa experiencia me dice: ‘vos hacéte respetar’. Y bueno, hasta ahora no me puedo quejar», indica.
Sofía añade que «siempre hay alguna gente que a lo mejor se desubica, tanto un hombre como una mujer, y bueno… es el momento de decirle que estoy trabajando y lo hago de la mejor manera. No es mi característica ir al choque, y en general soy muy tranquila, pero igual es incómodo cuando alguien se quiere pasar de vivo con la moza…», dice.
Enseguida aclara que «en general no tengo problemas… me gusta atender bien, y uno le va conociendo las mañas al cliente que es habitué, sabe qué va a tomar y es una pequeña atención atenderlo rápido con lo que quiere consumir. Pero atiendo a todos por igual…».
«¿Las propinas? Hay gente que deja y otra que no… alguno que cree que no tiene que hacerlo porque a una le pagan un sueldo. Pero para quienes trabajamos en esto es importante la ‘propi’, y lo que hacemos cuando recibimos es ponerlo en un fondo común, y luego repartirlo entre la gente de la cocina, los mozos, todos por igual».

Viajar, por qué no.
En una temporada de verano Sofía fue a «probarse» a Monte Hermoso. «Trabajé en el bar Las Rosas, y me fue re bien», dice, mientras señala que tiene el sueño «alguna vez de ir un tiempo al exterior», y que «está bueno conocer otro idioma. Por eso estudio Inglés de manera particular. Espero poder hacer una experiencia afuera, pienso en España, México, o donde sea. Pero como uno no sabe dónde puede ir me parece que está bueno lo de saber inglés».
En pareja con Agustín -trabaja en la distribución de productos veterinarios-, piensan en un proyecto común. «Lo que me gusta es ganarme lo que es mío, y me gustaría independizarme y lograr mi propio emprendimiento… pero quiero hacer tantas cosas…», se ríe con ganas.
Una joven como tantas, que disfruta «el día a día, visitar amigos. Eso me llena el alma, me energiza», manifiesta. Y agrega que cuando se podía le gustaba «salir a bailar, ir al boliche… Soy muy sociable, pero ahora la pandemia nos tiene encerrados y no queda otra que cuidarse».
Reflexiona en el final de la charla que «hay muchos y muchas jóvenes como yo… que trabajan, que estudian y tienen ganas de labrarse un porvenir. Mis amigos son también así».
Una manera de dar con tierra con aquel preconcepto -mendaz sin dudas- de que la juventud está perdida. Hay quienes por falta de oportunidades, a lo mejor por estar insertos en entornos perniciosos, no alcanzan a ver que el camino del trabajo, el estudio y el esfuerzo, les puede deparar una vida mejor. Pero lo verdadero es que la mayoría de los y las jóvenes piensan claramente de otra manera. Como Sofía. (M.V.)