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SOJERO BONAERENSE

UN TECNICO DE LA UNLPAM QUE PROMUEVE LA AGROECOLOGIA EN EL CORAZON

«La agricultura tradicional hace agua»
Los alimentos producidos en forma agroecológica tienen una demanda creciente al calor de las también crecientes sospechas sobre las consecuencias que tiene para la salud el consumo de productos alimenticios procesados y facturados industrialmente, sobre la base de aterias primas obtenidas del agronegocio.
Cristian Crespo, técnico en Producción Lechera egresado de la Facultad de Agronomía de la UNLPam, tiene una mirada crítica sobre el método de producción tradicional, cada vez más dependiente de los agroquímicos.
El joven profesional es asesor agroecológico del grupo de productos nucleados en Trenque en Transición, una de las experiencias de agricultura y ganadería sustentables que se desarrolla a solo 166 kilómetros de Santa Rosa.
«Organizaciones de vecinos autoconvocados, movilizados por el tema de la salud y el impacto de los agroquímicos en las poblaciones, empujaron una legislación distrital que limita el uso de agroquímicos cerca del pueblo. Esto se logró en 2013 luego de una pelea grande, con sectores muy importantes en pugna y grandes lobbies. Esta ordenanza estableció, entre otras cosas, la zona de exclusión hasta 300 metros del área urbana, en la que no se puede aplicar ningún tipo de agroquímico, y 500 metros más de amortiguamiento, donde solo se pueden utilizar los de banda verde y azul, sin aplicación aérea, solo terrestre», explicó en diálogo con Radio Noticias 99.5.

-¿Qué tipo de producción realizan?
-Es mixta, bien representativa de la zona. Hay tambos, producción de cría bovina, cría ovina, agricultura de cosecha, producción de forrajes para tambos o actividades ecuestres, como el Polo. También hay producciones familiares, con gente viviendo en las chacras. Ahí se incluyen cerdos, apicultura, frutales… Un abanico muy amplio.
Para el asesor, el agronegocio está mostrando signos claros de agotamiento. «Esto que se está debatiendo en La Pampa (NdR: la nueva Ley de Agroquímicos) quizá haya que verlo como uno de los últimos coletazos de un sistema de producción que está haciendo agua por todos lados. Hay una caja de ahorro que no llegamos a ver y se está empobreciendo cada vez más, que es el suelo. Hay un sistema de consumo y de generación de renta que está sustentado en la fertilidad de nuestros suelos. Hay muchos productores que están llegando a la idea de la agroecología por muchas vertientes. En el caso de los de mayor escala, porque sus asesores les están diciendo que los rendimientos se estabilizaron hace tiempo, los costos siguen subiendo y el suelo está dando muestras de agotamiento», planteó.
La ordenanza que estableció la zona de exclusión en los alrededores de Trenque Lauquen se promulgó en 2013 y en 2016 comenzó a aplicarse con fuerza, imponiendo un cambio en la forma de trabajar la tierra en la zona periurbana. «Hace tres años que venimos trabajando con el grupo. Ninguno de los productores ha variado su matriz productiva anterior. El que criaba bovinos siguió en eso, el de la horticultura también, y el del tambo, lo mismo. El de cría bovina incorporó bosques forestales y producción de aves. El de la huerta incorporó la gallina para obtener un producto más y jugar con la diversidad poniéndola a favor de uno. La gallina come una enorme cantidad de insectos y de pasto. Es impresionante su rol ecológico. Hay productores que tienen pasturas y avanzan con gallineros móviles con buena cantidad de gallinas, que comen detrás de las vacas, remueven la bosta, disminuyen la cantidad de parásitos en la hacienda, disminunyen la incidencia de insectos que pueden perjudicar las pasturas y además nos dan un producto más que es el huevo.
-¿Es rentable este tipo de producción?
-Es rentable.
-¿El productor vive en el campo?
-Exacto. El modelo social que más se ajusta a la agroecología es el de los productores que viven en el campo o con gente cercana a las producciones. No tiene nada que ver con el esquema dominante de los últimos 30 años donde el campo se maneja desde un sofá en el centro de la ciudad o desde la estación de servicio.
-¿No se usa ningún tipo de fertilizante?
-Ningún agroquímico de síntesis, ya sean herbicidas, fungicidas o insecticidas. No se usan fertilizantes de síntesis como la urea. Sí se utilizan otros productos para el caso de algún escape de alguna plaga, por ejemplo, una oruga que ataca la alfalfa, para la cual se utilizan productos biológicos contemplados en la ordenanza. Ahora se está avanzando en el uso de biofertilizantes que los puede hacer el propio productor en su chacra o en algún lugar que les decimos biofábrica, que reproduce los fertilizantes para la región.
-¿Qué ventajas tienen este tipo de productos respecto de los de síntesis?

-En principio, son sustancias inocuas para la salud y el ambiente. Y está hecho con productos que salen de las mismas chacras, como bosta de vaca, levadura, cenizas, microorganismos de suelo… Es la recombinación de ciertos ingredientes que tenemos en las propias chacras.
-Hay mucho trabajo en todo esto, ¿no?
-Exactamente. También hay una cuestión de ir generando lazos y redes porque hay gente que no puede estar en misa y en procesión entonces es necesario que en la zona haya una biofábrica, o quien produzca la semilla que voy a utilizar ahora en la siembra de verdeos. No se pretende que todo salga de la misma chacra, sino que se consolide una red agroecológica.
-¿Y el volumen de producción? ¿Sirve para alimentar a todos los argentinos?
-Lo hará. Vamos en buen camino y hay un montón de cuestiones que hay que ir construyendo. Lo primero que hay que reconstruir es la fertilidad del suelo. No nos olvidemos que la producción de grandes volúmenes de soja y de maíz, que nos permiten promocionar cosechas récord, está siendo lograda a base de explotar el recurso suelo. ¿Durante cuánto tiempo vamos a seguir promocionando eso? La agroecología trabaja al revés. Primero fortalece el capital suelo. Además, la otra cuestión es: ¿Qué hacemos con esos rendimientos? ¿Dónde se transforman? ¿Nos interesa sacar 5 mil kilos de soja para, una vez que se fue el camión del campo, perderles el rastro? ¿O nos interesa una relación más de cercanía? Acá, cada productor que empieza a sacar un novillo de calidad diferenciada, que lo acompañó a pasto, con otro esquema de costo y otra sanidad, empieza a ver la posibilidad de generar algo para que ese producto quede en la zona. Creo que hay varios indicadores que nos permiten pensar que, en poco tiempo más, la cantidad de tierras afectadas a la agroecología será mucho más amplia.

Menos gastos y más tiempo.
Crespo sostuvo que, en cuanto a lo económico, en la agroecología se verifica una disminución importante de los gastos. «Al no estar dependiendo de los insumos dolarizados, llámese semillas, agroquímicos o fertilizantes, los costos se reducen y los rendimientos se estabilizan. De esa manera, el retorno por peso invertido se hace mayor. Una cuestión que rápidamente se produce es que los productores tienen más tiempo para estar en el campo, detrás de las vacas, y pasan menos tiempo en el banco peleando carpetas, pedaleando cheques o gestionando los descubiertos», aseguró.

Un método que gana adeptos.
Crespo llegó a La Pampa desde Carlos Tejedor para estudiar en la Facultad de Agronomía. Allí se recibió de Técnico en Producción Lechera. También inició la carrera de Ingeniero Agrónomo pero nunca se recibió. Su trayecto por el campus de la UNLPam le permitió conocer la agroecología.
«Llegué a la Facultad buscando esto, respondiendo un poco al origen de mi familia, porque mis padres son pequeños productores que viven en el campo. Quise buscar alternativas que le dieran respuestas a las problemáticas históricas de los pequeños productores. Me encontré con varios compañeros, comenzamos a debatirlo, le exigimos el debate a los profesores, a veces con mayor apertura y otras con menor apertura, y fue ahí que nos encontramos con la idea de la agroecología que venía ligada con algunos movimientos sociales de campesinos brasileños o colombianos. Con esos mismos compañeros hoy estamos trabajando en estas versiones locales de la agroecología», explicó.
Manifestarse abiertamente en contra de los sistemas de producción convencional en la Facultad de Agronomía no era fácil hace 15 años.
«Organizábamos actividades de Agroecología y casi no había respuesta del resto de la gente. Eramos cinco que organizábamos el evento y asistíamos seis. El año pasado la Facultad organizó un par de eventos de agroecología y lo hizo con el auditorio lleno. En el ámbito nacional hay una situación similar, la agroecología era muy marginal, vinculada a las huertitas y hoy hay productores ganaderos y agrícolas, y también una industrialización muy incipiente, chiquita, pero que viene explotando en todo el país. Los datos del último censo dicen que a nivel nacional el 2% de las explotaciones adhieren a un esquema agroecológico, algo que hace una década no existía».