“Solo necesito el techo por mis hijos”

MUJER ESPERA RESPUESTAS

Carmen Peón, la madre de cinco niños que tomó una vivienda del IPAV en el barrio Plan 3.000, continúa alojada allí a la espera de que la visiten funcionarios del Instituto Autárquico de la Vivienda (IPAV).
El miércoles pasado, el juez de Audiencia Daniel Ralli rechazó la solicitud de desalojo que hizo la fiscal Leticia Pordomingo y, al día siguiente, Peón fue hasta las oficinas del Instituto donde le aseguraron que van a analizar su situación particular y donde tomaron la denuncia por su caso.
Mientras tanto la Policía está investigando a los dos uniformados que intentaron desalojarla el martes empleando desmedida fuerza, lo que le provocó lesiones a la mujer, y sin una orden judicial.
En este sentido le dijo a este diario que aún nadie fue a verla, y pese a que circula una especie de movida solidaria para colaborar con ella y con sus hijos, para que le acerquen alimentos y artículos de limpieza, ella insistió con que “sólo necesito el techo por mis hijos”.
La joven madre se encuentra aún sin trabajo, pero para ella ése no es un problema porque sostiene que “trabajo puedo conseguir, pero una casa donde vivir no”, dijo a un equipo periodístico de LA ARENA que visitó la vivienda Nº 170, situada en calle Junco, entre Alemania y Stieben. Así mismo indicó que cuenta con la colaboración de su padre y su madre, que viven a dos casas de donde está alojada ella.

“Nos sentimos en casa”.
“Hasta ahora está todo muy tranquilo, más que mi mamá no me colaboró nadie. Sí lo hizo una chica -Nadia-, pero no estoy necesitada”, sostuvo y agregó que “el juez pidió que se hiciera la denuncia y me pidieron que vaya al IPAV y fui el jueves. Pero después de eso del IPAV no vino ninguna asistente”, aseguró la mujer que cumplió más de una semana desde que se instaló en la vivienda. “Yo voy a estar acá, si quieren venir me van a encontrar”, dijo en referencia a los funcionarios del Instituto.
La casa por dentro está prácticamente como la encontró. Ella sólo colocó unos muebles, dos silloncitos, un televisor, una mesita que le dio una vecina y un par de colchones que tiene tendidos sobre el suelo de la habitación donde duerme con sus niños.
Si bien está tranquila -y lo demuestra- durante un segundo recordó el mal momento que vivió el martes cuando dos policías (el adjudicatario de la casa y una ex inquilina) llegaron al lugar, rompieron a patadas un portón y luego violentaron una ventana, y sostuvo que “a los nenes se les hizo difícil dormir esa noche, estaban asustados, en el momento no nos dimos cuenta, después caí de lo que pasó y sentí miedo”.