“Solo voy a dormir a la noche”

MUJER CON DOS NIÑOS RESISTE A DESALOJO

Ayer por la tarde, policías de la Seccional Segunda quisieron ingresar sin autorización judicial a una casa ubicada en la calle Painé Norte 975, donde se encuentra viviendo una mujer de 22 años con sus dos hijas menores; pero finalmente no les permitieron el ingreso.
Tamara Rodríguez, la madre de las dos criaturas, una de dos años y otra de dos meses, está ocupando una casa que se encuentra actualmente abandonada hace dos meses. Aparentemente, un vecino avisó a la policía sobre esta situación, y durante el día de ayer efectivos se acercaron y les tomaron los datos.
Si bien los policías no dieron datos concretos, se espera que en lo inmediato se efectúe una denuncia formal, para que puedan proceder a desalojar a la madre que, si esto sucede, quedaría literalmente en la calle.
Habían concurrido vecinos y conocidos de Tamara, justamente porque estaban enterados de la situación, para ser testigos -ya que habían menores presentes- y, de alguna manera, para evitar la posible situación del desalojo.
“Estoy muy angustiada, no sé qué hacer, tengo dos hijas y una ya se enfermó porque estuve viviendo en la calle, y ahora me quieren sacar de acá. No entiendo porqué, ya que la casa está abandonada, y solo vengo acá a dormir por las noches”, relató la joven madre, asustada por la situación que le toca vivir.
“Los grandes se pueden arreglar, pero los chicos no. Si me sacan de acá me quedo literalmente en la calle con mis nenas”, finalizó Tamara Rodríguez ante este diario, en un momento que se tomó para hablar con el cronista mientras los agentes de la Seccional Segunda les seguían tomando los datos a los presentes.

Situación de la familia.
Tamara Rodríguez tiene 22 años, una hija recién nacida y otra de dos años. Está actualmente desempleada, y hace dos meses pasa las noches en esa vivienda, ubicada en Painé norte 975.
Según relatan, la casa que sería del IPAV, hace tres meses está abandonada. No tiene luz ni gas, y en el patio se puede observar la basura que cubre casi todo el sector, reflejando el estado de desamparo del lugar.
La vivienda no tiene muebles, solo hay un colchón de una plaza en el centro, donde por las noches Tamara junto a sus dos hijas duermen con una frazada, a pesar del frío que cubre toda la casa.
Por la mañana temprano, se van sigilosamente del lugar, para que nadie las vea, y andan por la calle, “perdiendo el tiempo”, o ingresan a la casa de alguna vecina o amiga.
La familia de Tamara les ha dado “vuelta la cara”, y no tienen adónde ir. Anteriormente se encontraban viviendo en la casa de la suegra, pero por diferentes motivos se tuvieron que ir.