Testimonios: “Nos llevaron como ganado al matadero”

DESPIDOS EN ALPARGATAS

“Nos llevaban como cabeza de ganado al matadero, y de ahí afuera. Estábamos escuchando el teléfono esperando la llamada del jefe, y entonces empezaba a llamarnos a nosotros, uno a uno. Cuando sonaba el teléfono era porque del otro lado les decían ‘traé a fulano'”.
Juan Domínguez, María Cristina Cornejo y Martín Lobo son tres de las 73 personas que fueron echadas de la empresa textil Alpargatas, el pasado 30 de mayo. Ese día, cada uno de los 73 trabajadores -muchos con más de 20 años de antigüedad- esperaron, como espera un “ganado” a que lo lleven al matadero, la hora de su despido.
Ese miércoles por la mañana, negro para todos ellos, ninguno sabía a quién le iba a tocar. Estaban todos agrupados, en distintos sectores, aguardando el momento para ser echado. Cualquiera podía ser el próximo. Si a uno no le tocaba en esta oportunidad, le podía tocar en la siguiente, o en la siguiente. Los llamados fueron a cuenta gotas, como una tortura china, uno por uno, durante horas.
Los trabajadores estaban en una zona, y uno de los patrones, con un teléfono, a una distancia suficientemente corta para que se escuche el sonido del llamado. Cuando sonaba, significaba una persona menos, una cabeza menos. No sabían cuántas veces iba a sonar, solo querían que cada llamada fuese la última. De esta manera, uno a uno fueron marchando hacia la recta final.

Los testimonios.
María Cristina Cornejo no aguantó más. Una náusea terrible le revolvió el estómago. “Pedí que me saquen porque no daba más de la angustia”, contó. “Hasta que me tocó a mí…”, y Cristina no solamente oyó a su futuro ex jefe que la llamaba, sino a ella misma que se decía para adentro, como convenciéndose de que todo era real: “Cristina te toca”.
A Juan Domínguez le costó hablar al comienzo. “Como tantas cosas en mí vida que quedan grabadas…(silencio y algunas lágrimas) llevo… (se confunde) llevaba 22 años y 6 meses trabajando”. Juan era el encargado de la limpieza y de traer los materiales para que la gente haga sus tareas. Laburaba de seis a dos de la tarde, de lunes a sábados dos veces al mes, y de lunes a viernes las dos semanas restantes.
Cristina también se confunde: “Hace 24 años y cuatro meses que estoy… que estaba. Pasé por dos sectores, primero estuve 12 años en el lugar donde se cose y se hace la zapatilla. Luego un año afuera por una enfermedad (ella la llama una “enfermedad de trabajo”). Me despidieron y fui a la Justicia. Me volvieron a reincorporar. Y por último me pusieron en un sector de corte, o sea con las bordadoras”.
Martín Lobo era cortador de cuero, antes había estado en el gremio, también en el laboratorio. En total fueron casi 25 años de su vida en la empresa. “Cortar cuero significa el comienzo de todo el proceso de la zapatilla”.
Por fortuna, la señora de Martín no fue despedida, porque “uno en la calle puede ser, pero dos no, le tuve que pedir al gerente que por favor no la eche”.

La ejecutora.
Los tres ex empleados, que estuvieron en el estudio de Radio Noticias, se la veían venir. Aseguran que una situación parecida ya ocurrió en San Luis, y lo que está sucediendo en La Pampa, sería, en este sentido, un reflejo tardío.
Hay un elemento común que une las dos historias. La misma mujer que hizo el “trabajo fino” en la provincia puntana, de pronto viajó a Santa Rosa, como si fuera un verdugo, y empezó a reducir la planta.
“La jefa de personal que está acá ahora, es la que había hecho el trabajo fino en San Luis. Cuando la trajeron, sabíamos que la habían traído para eso. En San Luis la empresa terminó cerrando, seguramente acá va a pasar lo mismo”, finaliza Juan Domínguez, refiriéndose a la empresa textil que en los últimos dos años, entre retiros y despidos, dejaron afuera a 200 personas.