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«Tito» Gossio vive hace 11 años en Hucal: «Me dijeron que estaba loco»

«La posibilidad de restaurar la estación para instalar un museo ferroviario y habilitar un tramo de las vías provocó una alegría enorme a muchísima gente» dice Angel «Tito» Gossio (74), titular de la asociación «Hucal Despierta». Es la única persona con domicilio en el pueblo y estaba ansioso por recibir, durante el fin de semana extra largo que pasó, «a quienes viajan para celebrar y disfrutar las visitas guiadas y los paseos en zorra», actividades que utilizan para promover la recuperación de este sitio histórico donde alguna vez funcionaron monumentales talleres ferroviarios.
Para eso utilizan dos zorras livianas que Carmelo Haag trajo desde Médanos (Buenos Aires). «Limpiamos y acondicionamos unos 3.000 metros de vías, pero tenemos proyectado extender el recorrido hasta 15 kilómetros», informa Gossio a LA ARENA.
Días atrás, directivos de Trenes Argentinos, funcionarios provinciales y un grupo de arquitectos visitaron el pueblo y anunciaron su decisión de avanzar «en un proceso de recuperación del patrimonio histórico, creando un espacio de conservación y memoria que también funcione como destino turístico «. Entre otras ideas, estudian transformar la vieja estación en un museo ferroviario y poner a circular sobre las vías alguna formación liviana.

Unico residente.
Actualmente viven seis personas en Hucal, pero solo Tito es residente legal. Nació allí, el 21 de noviembre de 1946, en un hogar de madre y padre ferroviarios, y asistió a la Escuela Nº 118 junto a otros 47 chicos, bajo el ojo estricto de una única maestra. «Cuando terminé la primaria, dijo que tenía que ir a estudiar a la escuela Fábrica de Santa Rosa y hasta me inscribió para que lo hiciera». Corría 1960 y tenía apenas 14 años: «partí solito en tren hacia Santa Rosa, con una valijita de cartón».
Por esa época, cuando Hucal tenía más de 600 habitantes, Tito no podía imaginar que 50 años después volvería a un pueblo fantasma.
La Escuela Fábrica de Santa Rosa cerró, Gossio terminó el secundario en el Colegio Industrial y luego se dedicó a la mecánica. Montó un taller, formó una familia y se quedó a vivir en Santa Rosa. Además de su desempeño en el oficio, fue jefe de la agencia Dodge y en los años 90 montó la concesionaria Daewo, negocio que terminaría en la ruina. «Al final, perdí todo lo que había logrado en tantos años de trabajo. Me jubilé con la mínima en 2010 y me vine a Hucal, porque era lo que siempre quise hacer: terminar mi vida en el pueblo maravilloso donde nací y me crié».

Pueblo fantasma.
La desaparición no fue resultado de un éxodo lento y progresivo; todo lo contrario. «En menos de dos años el pueblo quedó desierto. El último tren fue un carguero, que en 1981 se llevó las posesiones que quedaban del ferrocarril». Las vías abandonadas se cubrieron de polvo y silencio, mientras el pueblo era saqueado progresivamente por lugareños que desmantelaron todas las estructuras para llevarse todo lo que representaba algún valor.
«Hubo quienes vinieron a manotear algo y otros que hicieron buenos negocios. Muchas personas nos visitan y cuentan que presenciaron actitudes descaradas que serían impensables en otros lugares del mundo. Hucal tuvo la primera Comandancia de la Conquista del Desierto, una edificación tipo chorizo de ocho habitaciones que alcancé a conocer. Un día vinieron máquinas de la Municipalidad de San Martín y la tiraron abajo para llevarse las chapas», contó.
Cuando regresó, resuelto a permanecer aquí el resto de su vida, «me dijeron que estaba loco. Pero la estoy pasando genial y duermo mejor que nunca» aclara Tito, que diariamente trabaja en la recuperación del pueblo: «me levanto a las 8.30, tomo unos mates y me pongo a hacer cosas. Ya tuve que reparar los baños varias veces, porque los rompen, y por eso evaluamos colocarles llave». También recorre el predio en cuatriciclo y vigila que «no arrojen basura dentro de la pileta, que fue el segundo natatorio público de La Pampa después del Prado Español». «Todos los días recorro para controlar si robaron o rompieron algo más, y ando sin horario ni programa. Antes era un hombre estructurado y metódico, ahora almuerzo a cualquier hora y no tengo horarios para nada», confiesa.
La asociación «Hucal Despierta» fue creada en junio de 2011 con el objeto de restaurar y mantener lo que aquí queda en pie. «Además de las seis personas que vivimos acá, vienen otras los fines de semana a trabajar, recuperando casas que ya no tenían techos, ni pisos, ni ventanas» explica. Además, mantienen la parquización de un amplio sector «gracias a la colaboración de la Dirección de Turismo, que aportó recursos para contratar personal que realiza esta tarea».

Patrimonio histórico.
Hucal fue fundado el 30 de agosto de 1890, en terrenos cedidos por la estancia homónima. Cada año en esa fecha celebran «el cumpleaños y el Día del Ferroviario» y cada primer domingo de octubre conmemoran la llegada del tren con «la fiesta del ferrocarril». Ambos encuentros convocan a cientos de pampeanos y residentes de otros puntos del país que tuvieron alguna vinculación con el pueblo. «Si bien la pandemia impidió festejos el año pasado, ahora estamos analizando si podremos celebrar el aniversario de la escuela, en los primeros días de noviembre».
Por ahora siguen viviendo sin energía eléctrica, «aunque el gobierno provincial evalúa instalar un parquecito solar o algunos molinos generadores». Y tampoco tienen tanque de agua. Sin embargo, Tito confía en hacer realidad el sueño de recuperar el primer punto de La Pampa adonde llegó el ferrocarril: «acá estaba el único taller del sur de Argentina, donde reparaban las calderas de máquinas a vapor. También había un pozo de agua con una bomba a vapor que todavía se conserva y es única en el país. Y la estancia conserva la única trilladora a vapor que queda en Argentina», agregó.

Saqueo.
Tito hizo muchas de las cosas nuevas que existen en Hucal, incluyendo los letreros que jalonan el pueblo. «Queremos que Hucal se conserve y sea restaurado como sitio histórico, pero también resulte un lugar donde vivir. La idea es recuperar el pueblo, aunque ahora nos hace falta todo». Cuando llegó, hace once años, no había nadie y Tito ocupó «el último edificio construido, que data de 1962 y estaba cubierto por vegetación. Lo acomodé un poco y pedí permiso en Abramo para meterme».
Durante tantos años de abandono, los vándalos «saquearon todo, incluida la municipalidad. Había más de 50 casas y apenas quedan 12». Tito recuerda que «cierto día, cuando ya estaba instalado acá, descubrí que faltaba un piso entero de pinotea de un galpón. Cuando consulté me respondieron que lo había llevado la municipalidad de Abramo para guardarlo, pero nunca pude encontrarlo en ningún lado», denuncia.
Tito también trabaja para recuperar un viejo hotel «donde los visitantes puedan pasar la noche», porque cada vez más gente se acerca a visitar el lugar: «el último fin de semana largo pasado hubo 400 personas el domingo y 250 el lunes», comenta.
Mientras tanto, aguarda expectante el regreso de los funcionarios: «vendrán fin de mes con el propósito de empezar a trabajar en el proyecto de restauración. Es la mejor noticia, porque Hucal es el sitio histórico más importante de nuestra provincia», repite su único habitante.