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«Todavía estoy recuperándome y con algunas secuelas»

LA PIQUENSE QUE TUVO COVID-19 RETOMA SU VIDA

A la piquense Jesica Pintos (22), el 7 de abril le informaron que se había infectado de Covid-19 y, al día siguiente la aislaron en un hotel de la ciudad. Tras haber sido dada de alta, sigue bajo un seguimiento médico, junto a su familia. En diálogo con LA ARENA, contó que el Coronavirus le dejó secuelas en el organismo y que se aferró a la fe en un momento tan difícil.

«Estoy bien, mucho mejor. Todavía estoy recuperándome y con algunas secuelas. Tu cuerpo puede decir que no tiene más coronavirus, pero queda sacudido por un terremoto. Si bien ya estoy dada de alta, me siguen haciendo un seguimiento. Ya no estoy en riesgo, pero mi corazón ahora sufre palpitaciones y en 15 días me tienen que volver a ver para ver si eso se normalizó», dijo.

Jesica es una ferviente religiosa, que en marzo viajó a Ecuador a llevar un mensaje evangelizador. Cuando comenzaron a cerrarse las fronteras de los países, decidió viajar de regreso a la Argentina. El 17 de marzo voló desde Guayaquil y al día siguiente llegó al Aeropuerto de Ezeiza, tras una escala en Bogota. Firmó un documento en Migraciones, tomó un taxi hasta la Terminal de Retiro, y desde allí, viajó hasta Pico.

«Cuando llegué a casa, mi familia no me tocó, entré y me encerré en el cuarto a hacer la cuarentena. A los cinco días noté que empezaba a tener síntomas más notorios. Comencé con un dolor de cabeza muy fuerte que lo tuve dos días, y además tenía mucho cansancio. A veces me paraba y se me aflojaban las piernas, me sentía muy cansada. El 27 de marzo perdí el gusto y el olfato, que todavía no los recuperé. Nos comunicamos con Salud y ellos pensaron que era algo más psicológico por el encierro que estaba teniendo. Pero los síntomas empezaron a agravarse más, porque tenía problemas para respirar y había noches en las que sentía que me moría, sentía que un elefante se me sentaba en el pecho y no me dejaba respirar», detalló.

«El 3 de abril me hicieron el análisis y el 7 ya tenía el resultado. Me llevaron al hotel, y los enfermeros, que eran las únicas personas que veía en todo el día, me llevaban la comida y me hacían controles tres veces al día, en los que me medían la fiebre y la frecuencia cardíaca. Ellos se comportaron muy bien y a mi familia, todo el tiempo que estuvieron en cuarentena les trajeron las viandas», relató.

Agravios e insultos

El de Jésica fue el único caso de Coronavirus positivo que hubo en la ciudad, y cuando se confirmó, la población se alertó y se alteró. Ese mismo día y al siguiente, se viralizaron distintos mensajes por las redes sociales, en los que circulaba su imagen y su nombre. Muchos de ellos con contenido agraviante hacia la persona infectada. En los «escraches», hasta llegaron a desearle la muerte.

Al principio, sintió bronca, y luego le generó tristeza ver que «el terror a morir los llevaba a actuar sin frenos».

«El 7 de abril me enteré que estaba infectada y al día siguiente me trasladaron al hotel. Estando allá, en un momento en el que tenía una crisis muy fea, porque respiraba solo por la boca, tenía muchos dolores en los pulmones y en el pecho, vi mensajes de gente que me deseaba la muerte. Primero rompí en llanto, porque uno en ese momento espera la empatía de la gente y la calidez. Me dio bronca, pero empecé a sentir la convicción de Jesús en el corazón y en ese momento entendí que me estaban insultando porque ellos en verdad le tienen miedo a la muerte. Eso me dio mucha tristeza, porque ese terror a morir los llevó a actuar sin frenos, sin prever que podría haber consecuencias. Sus corazones carecían de amor y paz y, tenían ese miedo de enfrentarse con la muerte. Después, lo único que sintió mi corazón, fue amor por ellos», agregó.

Familia

Tras conocerse su caso, personal de Salud Pública y de la Municipalidad de General Pico, realizó una desinfección en una remisera de la ciudad en la que trabajaba un familiar de Jésica. Además, toda su familia quedó aislada, bajo atento seguimiento médico.

«Mi familia si bien ya no está más en aislamiento, porque le hicieron los test que dieron resultado negativo, continúa aislada. Tienen la libertad de salir pero se rigen por las medidas que el gobierno dictó. La remisería se desinfectó, y mi hermano aún no volvió a trabajar porque estuvo internado, no por Coronavirus sino porque andaba con presión alta. Está recuperándose de esos problemas de salud, en los que el Covid-19, no tiene nada que ver», manifestó.

La joven que es nacida en Capital Federal, narró que en ese momento tan difícil, se aferró a la fe y a la esperanza de poder superar el Covid-19.

«En este largo período me encontré con que muchos amigos no estuvieron y otros que uno no esperaba, hicieron presencia. Jesús siempre estuvo en la habitación, siempre estuvo a mi lado, el se quedó conmigo y me hizo salir adelante», explicó.

Tras haber dejado atrás el flagelo del virus que azota al planeta, ahora está «intentando hacer vida normal». Aunque su caso fue entre «leve a moderado», los noches fueron difíciles, porque el corazón le latía muy fuerte, no le bajaban las pulsaciones, tenía serias dificultadas para respirar y por momentos, sentía que iba a morir.