miércoles, 23 octubre 2019
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La historia del «Forrest Gump argentino»

Un 17 de agosto de 2015, a cinco días de cumplir 40 años, un argentino escribió una página de una historia increíble. Una hazaña que dejó miles de protagonistas en el camino.

Un 17 de agosto de 2015, un deportista bien nuestro comenzó a transitar un sendero que emocionó a todos.

Se llama Rodolfo «Pollo» Rossi, un hombre que en 113 días unió el norte con el sur argentino corriendo por la Ruta 40: una epopeya de sacrificio extremo de 5.596 kilómetros que se convirtió después en un libro y en un premiado documental.

La aventura se llamó «Corre 40» y el eslógan inspira: «Todo sueño con pasión…es posible».

Rossi no es un improvisado. Atleta desde los 9 años, ultramaratonista integrante de la Selección Argentina, fue bautizado por el periodismo nacional como «El Forrest Gump argentino».

Y no es casual. Durante su aventura la gente de los distintos rincones del país se le unió conformando una verdadera marea de personas unidas en el mismo sueño.

Rodolfo Rossi en plena ruta.

Rodolfo tiene varias virtudes que fueron destacadas en la gran cantidad de entrevistas que le realizaron.

La humildad, la humanidad, el perfil bajo y la paciencia fueron resaltados por todos.

Y esas características fueron esenciales para proyectar su aventura.

«La idea surgió en Febrero de 1999 mientras viajaba por motivos laborales por el interior del país, recorriendo varios tramos de la Ruta 40», le dice a LA ARENA.

Y amplía: «Mi amigo Juan Pablo Aleman, que se dedica a organizar eventos, y con quien habíamos realizado algunos proyectos anteriormente, se ocupó de convocar al equipo de apoyo a través de las redes sociales. Se unieron Mailén, Carol de Brasil, Julia de Francia, Mazum de Turquía, Juan Cruz y Tato».

Reunió sponsors, consiguió la logística y parte de esos fondos los destinó a tres Organizaciones No Gubernamentales que trabajan en el desarrollo educativo.

Muy bien preparado físicamente, con el objetivo claro, Rodolfo dio el primer paso en La Quiaca ante las autoridades, docentes, niños, y vecinos que lo fueron a saludar. Su partida estuvo cargada de emoción.

Y arrancó. Para no volver atrás. Para no abandonar pese a todo. Para dejar una enseñanza.

El balance es impactante. Atravesó 12 provincias, hizo 50 kilómetros por día, llegó a los 5 mil metros de altura, sufrió climas extremos, con hasta 14 grados bajo cero y vientos de 120 kilómetros por hora.

Gastó nueve pares de zapatillas y tomó más de 500 litros de líquido. Su cuerpo también habló: tuvo que infiltrarse, resultó con dos rodillas lastimadas, dos dedos fracturados y seis uñas de los pies perdidas.

Y en cada lugar, en cada localidad que llegó a Rodolfo lo recibía la gente con gritos, aplausos y lágrimas. El deportista era el ejemplo personificado de la superación.

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El reconocido Liniers saludó al «Pollo» Rossi a través de su clásico estilo artístico.

LAS HISTORIAS:

El «Corre 40» albergó cientos de historias. Al «Forrest Gump» criollo le pasó de todo. Adoptó un perro que se les unió en Salta, y conoció a Urbano, un hombre de 76 años, que tras enviudar conoció la historia de Rodolfo y nunca más lo abandonó.

«Historias muy fuertes se cruzaron en mi camino. Como la de Beto, un hombre que en Villa Unión, La Rioja, quería darnos de todo porque sufría una enfermedad terminal y lo material era relativo para él», recuerda.

Rossi fue recibido por niños, jóvenes, artistas y vecinos de cada localidad que atravesó.

Y agrega: «O la de Oriel, el chico mendocino al que los médicos le daban pocos días de vida por una malformación cardíaca, pero superó la operación y decidió festejar sus diez años junto a nosotros. O la de Patricia, que tuvo un tumor en la cervical y sigue adelante, recuperándose poco a poco de su hemiplejia, tras varios años, esforzándose diariamente en un centro de traumatología de Malargüe, donde nos cruzamos. O como la de Jorge, que bajó 50 kilos y hoy corre ultramaratones y me acompañó corriendo un día entero en Chubut».

Al «Forrest Gump argentino» se le unieron reconocidos deportistas en el trayecto.

A medida que transitaba la mítica Ruta 40, la historia se hizo conocida y los medios regionales y nacionales arribaron para conocerlo.

Durante el trayecto, decenas de personas se le unieron a Rodolfo para correr a su lado.

«Muchos nos acompañaron por cientos de kilómetros, como Alejandro de Malargüe (quien ganó el Quini 6 años atrás, y – generoso y humilde – me acompañó con su bicimoto durante 4 días), Javier y Luz de El Bolsón, Carlos y Cacho de Perito Moreno, Jorge de El Calafate, José de San Carlos, Mariela de Buenos Aires, o la familia Scanlan, que nos visitó y nos apoyó en cinco provincias, y nos transmitió en forma constante el apoyo de los chicos y las familias del colegio San Brendano, donde di mis primeros pasos en el atletismo, hace más de 30 años», afirma.

Y la gente se fue sumando.

Y sostiene: «Me crucé con el gran maratonista Lalo Ríos en la pista de Cachi, Salta, y 2500 kilómetros más tarde me acompañó durante el último tramo antes de llegar a su ciudad natal, Esquel. También compartí kilómetros con personajes pintorescos como Remi, el francés que recorrió más de 13.000 kilómetros en una bicicleta freestyle para visitar a su abuela, o el japonés Masahito, que iba desde Ushuaia hasta Quito tirando de un carrito. Decenas de pueblos nos recibieron con mucha calidez. Vivimos momentos muy emotivos llegando a Cusi Cusi, en Jujuy, a Tecka, en Chubut, Tres Lagos, en Santa Cruz, y tantos otros. Quiero hacer una mención muy especial para Tati, mi mujer, que se quedó sola en Buenos Aires y multiplicó su esfuerzo a cargo de la empresa familiar y los chicos. Las comunicaciones eran difíciles y espaciadas debido a la falta de señal».

Muchos quieren acompañarlo.

TRAVESIA.
El acompañamiento del equipo fue fundamental para Rodolfo. Un motorhome, donde comía y descansaba, lo acompañó siempre adelante y Turky y Urbano, en su camioneta, de atrás.

«La mitad de las noches dormimos en un motor home. La otra mitad en polideportivos, albergues municipales, destacamentos policiales, puestos de vialidad, estaciones de bomberos y hasta hospitales. Corrí con marcados desniveles y con altura, alcanzando el punto más alto en el Abra de Acay, en Salta, con 5061 metros, donde el oxígeno escaseaba y estuve al borde de la hipotermia. La temperatura máxima fue de 34 grados, y la mínima de -14 grados, en Jujuy. Corrí dos días con viento zonda, en La Rioja y dos días con nieve, cerca de Zapala y en Tres Lagos. El 90% de los días tuve viento en contra. El viernes 13 de noviembre corrí con viento cruzado, del oeste, de 120 km/h. 80% del terreno fue asfalto. El resto ripio, en muchos tramos con serrucho o cargado de piedras. Pasé cuatro veces por el hospital, pero no paré ningún día. Dos veces, en Malargüe y en Villa La Angostura, debieron inyectarme ácido hialurónico en las rodillas. En El Bolsón debieron infiltrarme. Cerca de Esquel me caí y debieron enyesarme con dos dedos fracturados de la mano izquierda», rememora.

Rossi sufrió pero lo logró también gracias a su equipo.

La extraordinaria carrera tuvo de todo. Personajes que se superan, que sufren, que luchan. Y todos quisieron unirse al corredor que personificaba todo eso en una aventura.

«A lo largo de toda la ruta, especialmente en el norte, estuvimos en muchos pueblos originarios que cuentan con escasos recursos materiales, pero también gozan de una enorme riqueza cultural y espiritual, conservando sus ancestrales tradiciones. Estuvimos en decenas de escuelas, algunas con cientos de alumnos, otras con menos de diez. En todas se percibe el esfuerzo, el amor y la vocación de sus docentes. Gracias al aporte de sponsors, logramos contribuciones para proyectos educativos de Fundación Ruta 40, Fundación Desarrollo a través del Deporte, y el programa de becas Abanderados Argentinos de la Universidad de San Andrés. Fue muy emocionante visitar la biblioteca de la escuela rural de Tres Lagos, recién inaugurada gracias a parte de estos aportes», indica.

Atravesó todo tipo de clima.

LA META.

Y 113 días después, Rodolfo llegó. En la meta, lo esperaba una gran cantidad de seguidores. Al llegar, la emoción lo invadió y contagió a todos los que estaban en este lugar. Las lágrimas, los abrazos, los gritos y la alegría se conjugaron en un momento único: el sueño se había cumplido.

-¿Siempre estuvo la idea de hacer un documental y un libro o eso apareció después? 
-Sí, la idea del documental la concebimos meses antes con el documentalista Carlos «Tano» Pugliese y con Pancho Ibañez, a quienes conozco desde mis primeras carreras siendo un niño. A raíz de este proyecto nos reencontramos varias décadas más tarde. El libro fue posible gracias a Editorial Atlántida, con quienes me reuní por primera vez meses después de la travesía.   

El equipo de Corre 40.

-¿Como resolviste mentalmente las dificultades?.

-La comunión que tuvimos con la gente y poder compartir sus conmovedoras historias me emocionaba mucho y superó cualquier expectativa. Me daban tanta fuerza que, aún aquellos días donde sufrí problemas físicos, tenía más ganas de ir por más Kilómetros. Nunca se me pasó por la cabeza descansar un día, y mucho menos abandonar. Esto fue posible gracias al apoyo de la gente y a tantas historias inspiradoras que se me cruzaron en el camino. 

En plena ruta pero nunca en soledad.

El «Corre 40» impactó en su salud: terminó con las dos rodillas deterioradas, tuvo que hacer kinesiología, y como estaba frágil al intentar volver a correr se fracturó la rótula. Recién pudo volver a competir en carreras cortas a fines de 2016.

-¿Es cierto que harás la ruta 66 y tenes pensado romper un récord guinnes en cinta?  -Sí. La 66 a los 66 años. Me gusta correr en cinta, logré 212 kilómetros en 24 horas y algún día intentaré el récord de los 7 días, que es de 827 kilómetr

Rossi, casado con Tati, y con dos hijos (Lucía de 11 y Nicolás de 9) trabaja en el comercio electrónico desde 1999.

Rodolfo se encontró con todo tipo de historias.

Pero, como lo ejemplificó, nada lo detiene. Y sigue. Y emprende. Nunca frena.

-¿Que ojetivos tenes ahora?
-El año pasado entrené muy bien, pude correr 30 Kilómetros en 2 horas clavadas y logré un segundo puesto en una fecha del campeonato argentino de ultra, sobre 50K. En diciembre volví a correr 24 hs, buscando la marca mínima para el mundial, venía muy bien hasta las 20 hs, pero lamentablemente luego sufrí, sobre el final me descompensé, y no pude lograr la marca. Me costó bastante recuperarme, recién volví a competir la semana pasada en los 50K Ushuaia by UTMB, una competencia de montaña muy técnica para mí, pero que disfruté mucho.

Un almuerzo en plena Ruta 40.

«Me encanta emprender, renovar objetivos, intentar dejar una huella, tratar de aportar algo positivo, algo que agregue valor. Encuentro la auto realización en todo proyecto, ya sea deportivo o laboral. El mundo digital es de prueba y error, pone a prueba y premia la resiliencia. En ese sentido también es muy similar a correr. Mis debuts en cada distancia siempre fueron traumáticos y plenos de errores, aunque no fracasos, porque me dieron aprendizajes, las bases de todos los aspectos a mejorar», completa.

El país esconde historias y seres extraordinarios como lo definieron los medios nacionales a Rossi: un fuera de serie escondido en una apariencia simple, sencilla y un perfil cargado de pueblo.