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«Toto» Gómez contradijo relato de Ríos

DIAS DECISIVOS EN EL JUICIO DEL CASO ACEVEDO

En el tribunal que integran los jueces Andrés Olié, Daniel Sáez Zamora y Gastón Boulenaz, ayer continuó el juicio oral contra Pablo Daniel O’Lery y Melody Cecilia Martines, por el homicidio criminis causa, en concurso real con robo, de Felisa Acevedo, ocurrido el 31 de octubre de 2018, en Santa Rosa. Aquella noche, Acevedo (86 años) fue golpeada brutalmente en su departamento del barrio Cafulcurá, y falleció tres semanas después en el hospital. La fiscalía sostiene que los acusados fueron a robar dinero y alhajas y decidieron asesinarla para que no reconociera a Martines.
Ayer testificaron el principal acusado, su hermana, una amiga, un comisario y un testigo clave: Juan Edgardo «Toto» Gómez. Su presencia había sido considerada «muy importante» por la defensa de Melody Martínes y finalmente declaró desde Rosario, donde está radicado, a través de la plataforma Zoom.

Desmentida.
«Toto» aceptó que conocía a Franco Nicolás Ríos pero advirtió que no tenía «mucho trato» con él y contradijo su relato. Agregó que sostenía «una amistad de meses» con la principal imputada y cuando Gastón Gómez (defensor de Martínes) le preguntó qué había hecho aquel día, relató:»a las 12 llegué a casa de Melody y me quedé en la computadora. A las 18.30 ella salió a trabajar, no me dijo adónde. Me quedé con sus tres hijos y Melody volvió a las 21. En el medio llegó Ríos, a las 19.30 y se fue a las 20.15, antes de que regresara Melody». Ríos había contado que se quedó hasta entrada la noche y vio llegar a Melody ensangrentada y fuera de sí.
«Toto» Gómez negó que Melody hubiese llegado «mojada, manchada o sucia», y dijo que tampoco vio manchas de sangre, ni notó «nada raro». «Esa noche cociné milanesas con arroz y crema, y comimos con los chicos. Melody se recostó porque estaba cansada. Yo acosté a los chicos, me quedé en la computadora hasta las tres de la mañana, me dormí y me fui al otro día», completó. Preguntado sobre Ríos, respondió: «pasó un ratito, a las 22.30, estuvo de paso porque se fue enseguida». También rechazó que Ríos cuidara a los hijos de Martínes: «me los dejaba a mi, incluso me dejaba la casa», argumentó.
Hace unos días, una mujer acusó al abogado Gastón Gómez de enviar a «Toto» Gómez con un ofrecimiento para que ella cambiara su testimonio. «No, para nada. Usted no me ofreció nada», respondió «Toto», cuando Gómez le preguntó sobre eso.
El fiscal, Facundo Bon Dergham, comparó su relato con fotos extraídas del celular de Ríos, donde aparecen juntos al menos tres veces: el día del homicidio a las 20:04 («no recuerdo bien, quizá fue cuando llegó o se iba»); otra tomada 20 minutos antes, a las 19:45 («no, esa foto es en la casa de Ríos, durante un fin de semana, antes de irnos a un boliche») y la tercera al día siguiente (1º de noviembre) a las 14:20.
¿Quemó ropas de Melody con sangre?, interrogó el fiscal. «No, para nada», cerró el testigo.

Fotos, audios y mensajes.
Ayer también testificó una amiga de 0´Lery, quien solicitó no ser mencionada por su nombre ni fotografiada para crónicas periodísticas. Recordó que ese día, a las 21, recibió un mensaje del imputado y fue a su departamento a las 23, donde permaneció dos horas. «Me envió una foto tomando vino y le dije ‘no podés tomar ese vino solo’. Me contestó que estaba en la casa de su mamá», ubicada en el mismo inmueble donde él reside. El fiscal Bon Dergham le mostró un informe sobre su propio teléfono celular, registrando el primer mensaje con O’Lery a las 22.24. «Hablamos de sus hijos, de los míos. Le comenté que había estado pedaleando en la laguna y me dijo ‘qué raro que no nos vimos porque yo también anduve por ahí».
Explicó que son «amigos, desde hace unos diez años» pero no tenían contacto desde julio de 2018 y que desde «hacía un año» no se encontraban «personalmente». «¿De la nada le llegó una foto suya tomando vino?», requirió el fiscal. «No me pareció que fuera de la nada, porque cada 5 ó 6 meses me preguntaba cómo andaba», respondió ella.
A su turno, Patricia Susana O’Lery aseguró que su hermano permaneció todo el día en la casa, pero salió un rato a las 20. «Cada uno hacía su vida. Fue un día normal. En un momento se fue y regresó a la media hora, cuando ya estábamos acostadas. Después no escuché que volviera a salir». También aclaró que no lo vio ese día, ni los posteriores, lavando su camioneta F-100 y recordó que durante el allanamiento a su domicilio, «le pregunté al señor Calderón Enrique Marcelo (jefe de la Brigada de Investigaciones) qué estaban buscando y no me respondió. Cuando vi un papel arriba de la mesa, donde decía qué estaban buscando, me quedé helada». Afirmó que el comisario «Calderón estaba muy enojado porque no encontró lo que buscaba. Escuché decírselo a un compañero. Fue el único enojado». Añadió que no conoce a Melody, y que el día anterior su hermano hizo un asado en Parque Luro para su hijo y compañeros del colegio.
Después ofreció testimonio el comisario Temístocles Hilario Torreani, jefe de Análisis de Comunicaciones de la Policía, y encargado de peritar los celulares. Informó que la comparación con el registro de la compañía telefónica muestra que hay «elementos borrados» del teléfono de O´Lery. También mostró que los audios de Ríos escuchados en la audiencia, mantienen correlación con su relato y las conversaciones y mensajes de Whatsapp. Ríos dijo que fue a cuidar los hijos de Melody y a la noche invitó a una amiga, pero cuando vio llegar a Melody (cerca de las 21) llorando y ensangrentada, le dijo a su amiga que no fuera. «Me la mandé, me la mandé, la maté, la maté», habría exclamado Martines, según Ríos.
En su celular quedó registrada su conversación con esa joven, a partir de las 20.30. «Estoy en lo de Melody» dijo él, invitándola a pasar. «Podría cebarte unos mates» responde ella, y la conversación continúa con indicaciones sobre la dirección de la casa, hasta que a las 20:56, Ríos grabó: «amiga, aguantá, que se pudrió todo». En los cinco minutos siguientes envió más mensajes: «se pudrió todo acá… una amiga se mandó un cagadón… aguantame un rato que solucione este problema… yo te aviso… dale, aguantame que todo mal acá… no se si nos vamos a poder juntar… todo re mal acá».
En otros chats, de ese día y los anteriores, Ríos contaba: «estoy en la casa de una amiga, me tira unas monedas cuando sale a trabajar»; «mamá estoy bien, cuidando la casa de Melo (sic), capaz que me quedo dos días»; «me quedé acá porque tenía que cuidar la casa»; «ya te dije que tengo que cuidar la casa cuatro días, tengo música, internet, plasma, aire acondicionado, cocina, baño».
Mientras declaraba Torreani, la fiscalía mostró fotos de Melody exhibiendo sobre su garganta un dije muy similar al secuestrado en casa de Acevedo. Gastón Gómez consultó si había sido peritado y Bon Dergham dijo que no. Torreani también informó que según el historial de una computadora secuestrada, el día anterior al crimen accedieron al «blog oficial del narco» para ver un video sobre cómo interrogan y descuartizan a una persona, pero explicó que no pudieron registrar la ubicación de O´Lery vía geolocalización porque no tuvieron acceso a las contraseñas de su celular.

Alegatos.
El juicio continuará mañana con alegatos de los abogados, después de escuchar los últimos dos testigos, Luciano Ortiz y Oscar Ferreyra. La defensora de O’Lery pidió que Ferreyra brinde testimonio en forma remota (su presencia está demorada por problemas de salud), pero el tribunal consideró que no existe un impedimento real y volvió a citarlo para mañana.

«Armaron pruebas falsas»
Finalmente, ayer declaró Pablo O’Lery. El principal imputado negó su participación en el homicidio de Felisa Acevedo y responsabilizó por su situación al comisario inspector, Enrique Marcelo Calderón, ex jefe de la Brigada de Investigaciones y actual titular del área Capital de la Unidad Regional I. «Me acusan por algo que no hice. Calderón armó esto con pruebas falsas», dijo.
El acusado contó que el lunes 29 llevó a Melody Martines hasta el departamento de Acevedo para una entrevista de trabajo y que el miércoles 31 debía regresar, a las 21, para cocinar. Por eso la dejó a esa hora cerca de la vivienda, circuló con su camioneta Ford F-100 hasta estacionarla sobre calle Civit y a las 21.30 recogió a Melody y la trasladó a su casa. Agregó que había conocido a Melody un mes antes, dijo que ese día no hablaron por teléfono y se concentró en describir detalladamente por dónde circuló, sabiendo que existen filmaciones con su tránsito por la ciudad.
Sobre el dinero hallado en su domicilio, explicó que cuatro meses antes había vendido una propiedad en 750.000 pesos. Con eso adquirió la camioneta, un auto y pagó una deuda. «El dinero lo fui gastando porque no tenía trabajo y después volví a generar plata vendiendo un Fiat Línea», aseguró.
Recordó que en 2015 sufrió un allanamiento el día del cumpleaños de su madre. «Eran 30 policías de Trenque Lauquen en 10 patrulleros de la Bonaerense. Pensé que buscaban a un narco… y era a mí. Entregué voluntariamente 25.000 pesos y 2.000 dólares, pero ni un comisario que medía dos metros, ni Calderón, dijeron por qué me detenían». «Fui a Trenque Lauquen solo, sin abogado» y allí se enteró que estaba involucrado en el robo a una mujer de 80 años. «Mi defensora me dijo, riéndose: ¿sabés quién armó esto, con pruebas falsas, para ensuciarte? Calderón».
«A los 20 días fui sobreseído y me devolvieron el dinero. Cuando fui a buscar la camioneta a Villa Maza, otro policía me dijo: «siempre supimos que vos no fuiste, pero Calderón insistió. No pude hacer nada y me tuve que comer el garrón», recordó.

«No puedo explicarlo».
El fiscal Bon Dergham mostró una filmación de aquel día, donde se lo ve caminando entre las 21.57 y las 22.07 sobre la avenida España, frente al barrio Calfucurá. «Sí, soy yo. Me bajé (de la camioneta) para ver si la pollería (ubicada casi esquina Garibaldi) estaba abierta», respondió.
– ¿Estuvo en el departamento de Acevedo?, preguntó el fiscal.
– No.
– ¿Por qué estacionó sobre Emilio Civit y no frente a la casa de Acevedo?
– Porque no sabía dónde quedaba.
– ¿Por qué fue a buscarla?
– Porque Melody dijo que cocinaba y salía. Antes ya la había ayudado porque vi que la estaba pasando mal.
Al final, el querellante particular Alberto Acosta (representa a Nilda Redondo, hija de Acevedo), le hizo cuatro preguntas.
– ¿Cómo explica que se encontró en el departamento una huella de la zapatilla secuestrada en su casa?
– Hubieran puesto una circulación de huellas…
– Disculpe, no le entiendo.
– Hubieran puesto una circulación de huellas… (sic) era más fácil.
– Una testigo, en rueda de reconocimiento, dijo que esa tarde usted estuvo parado en la puerta del departamento.
– La mujer fue a decirlo un mes después. ¿Medio como complicado, no? (sic).
– ¿Cómo explica que en el habitáculo de su camioneta encontraron rastros de ADN de la víctima?
– No puedo explicarlo. A Melody la vi limpia, bien… no sé qué decirle.
– Aseguró que dos personas le dijeron que la causa de Trenque Lauquen fue armada. ¿Podría decirme el nombre de esas personas?
– No recuerdo. Están en la causa. Con un simple llamado (telefónico) pueden saberlo.