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Un acompañante terapéutico condenado por usar la tarjeta de una abuela de 91 años

Por el procedimiento de juicio abreviado, la jueza de control santarroseña, María Florencia Maza, condenó hoy jueves a un joven de 22 años a tres años de prisión en suspenso, por ser autor de los delitos de defraudación por el uso de datos no autorizados de tarjeta de débito en 55 oportunidades, en concurso material entre sí; en concurso real con estafa en tres oportunidades concursando en forma real entre sí, las que a su vez concursaron en forma material con el delito de hurto simple.

Además el imputado, un acompañante terapéutico, deberá abonar 15 cuotas mensuales y consecutivas de 20.000 pesos cada una, que deberán ser abonadas del 1 al 10 de cada mes ante la Unidad Fiscal interviniente, debiendo luego ser entregadas al hijo de la víctima en carácter de reparación del daño. La damnificada fue una mujer de 91 años, que por su edad estaba al cuidado de otras personas.

Un dato novedoso de la sentencia es que todos los objetos secuestrados al hombre –desde muebles a ropas, que habían sido adquiridos por él– también le serán entregados al hijo de la mujer, por su condición de apoderado de ella.

El abreviado –es una solución alternativa al conflicto penal, en el cual el juez no puede imponerse una sanción más gravosa que la requerida por el Ministerio Público Fiscal– fue rubricado por el fiscal general Máximo Paulucci –representado por la fiscala adjunta Cecilia Molinari–, los defensores particulares Guillermo y Simón Barreto y el propio acusado. El denunciante e hijo de la víctima, al ser notificado del alcance del acuerdo, también brindó su conformidad.

Con las pruebas reunidas durante la investigación fiscal preparatoria, se probó que el joven, que se desempeña como acompañante terapéutico, asistía regularmente al domicilio de la anciana para cuidarla y asistirla y, aprovechándose de esa circunstancia, utilizó sin autorización una tarjeta de débito de ella para efectuar 45 consumos en diferentes comercios, entre el 2 de julio y el 28 de octubre del año pasado, por 182.100 pesos.

Además se le atribuyó haber realizado otros diez consumos con otra tarjeta de débito, entre el 2 y el 5 de noviembre del año pasado, por 119.700 pesos.

También quedó acreditado en el legajo que el imputado efectuó dos transferencias por 9.000 pesos y que, a partir de la relación de confianza con la damnificada, y mediante engaños, le hizo retirar de un banco 180.000 pesos, “apoderándose del dinero y guardándolo en una mochila oscura”.

Por otro lado, el acusado le sustrajo a la mujer varios objetos, entre ellos un anillo de oro de 100 años de antigüedad, 400 dólares, prendas de vestir, tenedores, cucharas y cucharitas de bronces, cuchillos, bombillas, un mate, un untador, un azucarero plateado, dos abanicos de madera y papel y una fotografía de la víctima perteneciente a una licencia de conducir.

“El imputado, aprovechándose de la confianza en él depositada por parte de la damnificada, en 55 oportunidades, utilizó la tarjeta de débito para comprar bienes para su propio provecho, sin regresar los montos a la víctima. Asimismo –señaló Maza en el fallo–, en tres oportunidades defraudó a la mujer transfiriendo dinero desde la cuenta de ella a la suya y haciendo que ésta retirara del banco una importante suma de dinero de la cual luego se apoderó, causando un perjuicio (…); apoderándose asimismo, de manera ilegítima, de varios bienes propiedad de la damnificada, que se encontraban dentro de la vivienda; sacando a ellos de la esfera de custodia de su legítima propietaria y ejerciendo sobre los mismos actos de disposición, sin ejercer fuerza o violencia”.

La magistrada, finalmente, le impuso al imputado las siguientes pautas de conducta durante dos años: fijar domicilio y someterse al cuidado y contralor de la Unidad de Abordaje, Supervisión y Orientación de personas en conflicto con la ley penal.