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Un debate como nunca se había visto

En estos tiempos en que se han puesto de moda los debates -televisivos- previos a elecciones, bien vale recordar lo que fue aquel llevado adelante el 16 de agosto de 1983, con la presencia de los candidatos a gobernador de la provincia, en lo que se constituyó el principal acto de campaña previo a los sufragios del 30 de octubre de ese año.

Un Aula Magna desbordada en su capacidad por casi un millar de personas -no sólo las butacas estaban ocupadas, sino que las escalinatas se mostraban atestadas por un público ávido de escuchar las propuestas de los principales postulantes- marcó el inusitado interés de la ciudadanía precisamente cuando se avanzaba hacia la recuperación de la democracia.

Restauración de la democracia.
Quedaban atrás siete años de oscuridad, de oprobio, y se avanzaba hacia la democracia que iba a concluir con Raúl Ricardo Alfonsín como presidente de la Nación. Eran momentos de entusiasmo extraordinario por los tiempos por venir.

Habían pasado meses desde aquella frase infame lanzada por Albano Harguindeguy -ministro del Interior del gobierno de facto-, que había pronunciado que «las urnas están bien guardadas».

La restauración de la democracia se transformó en un acontecimiento singular, que devino de la lucha de diferentes sectores: organizaciones sociales y sindicales, agrupaciones estudiantiles, políticos, y la ciudadanía en general que como pocas veces antes expresaba su ferviente deseo de liberarse de las garras de la dictadura más feroz que conociera la historia argentina.

La participación ciudadana.
Había en la sociedad un entusiasmo y un arrebato de ganas de participar, de decir presente en la gesta democrática que conduciría primero a las elecciones del 30 de octubre de 1983, y posteriormente el 10 de diciembre del mismo año a la asunción del nuevo presidente de los argentinos.

Eran las épocas de la verba encendida del radical Raúl Ricardo Alfonsín, que culminaba cada acto proselitista recitando el preámbulo de la Constitución Nacional, enfrentando a la otra fuerza mayoritaria, el peronismo, encarnada en la figura de Italo Luder.

Sociedad movilizada.
En las provincias, más allá de la puja por la Presidencia de la Nación, se producía la propia disputa por ocupar los cargos ejecutivos y legislativos de cada una de ellas. La Pampa no era la excepción: en cada pueblo, en cada sede de un partido político se advertía una enorme participación.

Los más habituados -aquellos que hacían política antes del golpe del ’76-, los dirigentes más antiguos participaban junto a enormes cantidades de grupos de jóvenes que se sumaban para hacer su primera intervención en campañas proselitistas. Avidos por conocer, por saber de qué se trataba ese tiempo prolegómeno de la democracia que venía.

Los actos previos a la campaña electoral se sucedían, y los candidatos -a los distintos cargos- trataban de hacer conocer sus propuestas. En encuentros más o menos numerosos, en mítines realizados en plazas y paseos, y en cada lugar donde se sabía se congregaba más o menos gente. Se puede decir, sin temor a equivocación alguna, que había una sociedad movilizada.

Los 50 años de LA ARENA.
En ese año de elecciones, el diario LA ARENA iba a arribar a sus 50 años de vida, y una serie de actos estaban proyectados para celebrar el acontecimiento. Y de hecho muchos de ellos se concretaron.

Pero el que concitó mayor atención, el que produjo más interés, fue concebido por un grupo de periodistas que desde la Redacción propuso «un gran debate abierto» a modo de cierre de tan importante celebración. La idea de reunir a todos los candidatos a la gobernación en un gran escenario, enseguida fue aceptada de buen grado por Saúl Hugo Santesteban, por aquellos tiempos director de LA ARENA.

Enseguida empezaron las reuniones, el desarrollo de ideas para concretar lo que se iría a constituir -sin que fuera pensado para eso- en el gran acto político previo a las elecciones del 30 de octubre.

Todos los candidatos en público.

La idea era que todos los candidatos de las distintas fuerzas que competirían por la gobernación estuvieran presentes. El lugar elegido fue el Aula Magna de la Universidad Nacional de La Pampa, y la convocatoria de público superó todas las expectativas.

El debate sería -ante un auditorio expectante, ansioso, y porqué no encantado por lo que iba a suceder-, estaba previsto para la hora 20. Pero ya varios minutos antes la sala se vio desbordada. En las butacas los que se anticiparon como sabiendo que podía ser un suceso político de gran interés para los tiempos que transcurrían, pero en las escalinatas de ingreso, y al fondo del Aula Magna una multitud que -a esa altura- se acomodaba como podía. Nadie se quería perder semejante acontecimiento.

Surge la idea.
El diario LA ARENA iba a reflejar en todo su desarrollo el debate, que se realizó con la intervención del cuerpo de Redacción; más las preguntas que muchos de los presentes entre el público pudieron realizar en forma directa. La edición en que se publicó en forma completa la entrevista pública iba a constituir al cabo un extraordinario documento. Digno de ser leído en estos tiempos y razonar acerca de qué promesas o proyectos pudieron ser ejecutados, y cuáles resultaron irrealizables con el correr del tiempo.

Aunque cabe reconocer que -en este caso- el único discurso que estaría en condiciones de ser contrastado con lo que finalmente pasó sería el de quien después se consagraría gobernador de la provincia, en este caso el de Rubén Hugo Marín, por entonces candidato del Partido Justicialista. Precisamente porque desde entonces ha sido el partido que monopolizó el poder a partir de las distintas elecciones que se dieron desde aquel 1983.

Inusual debate.
Decía LA ARENA en aquellos tiempos: «Quiénes son, qué piensan, qué ofrecen a su ciudadanía los hombres que se postulan al más alto cargo gubernativo provincial, pudo haberse satisfecho mediante una entrevista por separado con cada uno de los candidatos.

Eso se propuso la conducción de LA ARENA, pero el cuerpo de Redacción del diario tuvo otro proyecto que, en principio apareció poco menos que irrealizable, porque hasta el presente no había sido nunca ensayado aquí, ni se tenía noticias de que en el resto del país se hubiera intentado y llevado adelante: una entrevista colectiva y en un lugar público, y dando ocasión a que también todos cuantos concurrieran al acto pudieran interrogar a las figuras políticas invitadas».

Los invitados.
¿Quiénes participaron de aquella inédita experiencia? Por el lado de los políticos candidatos estuvieron en el estrado Santiago Badillo (Partido Comunista), Antonio Tomás Berhongaray (Unión Cívica Radical), Rogelio Crespo (Movimiento de Integración y Desarrollo), Rubén Hugo Marín (Partido Justicialista), Carlos Alberto Pérez Funes (Partido Socialista Auténtico) y Jorge Alberto Picca (Partido Demócrata Cristiano). No concurrieron aduciendo impedimentos de fuerza mayor y agradeciendo la invitación Ricardo José Telleriarte (Mofepa) y Raúl H. Gallo (Partido Intransigente).

El equipo periodístico de LA ARENA estuvo compuesto por Saúl Hugo Santesteban (conductor), Raúl Celso D’Atri (sintetizador), Alicia Francia, Mario Alberto Vega, Sergio Santesteban, José Higinio Alvarez y Oscar Boetti (redactores). Como coordinador actuó Lito Maldonado; y oficiaron de secretarios Sonia Obieta, Alberto Callaqueo y Héctor Esquisatti.

Suceso político.
Eran tiempos de expectativas, de esperanza, de inusitado entusiasmo por lo que habría de venir.

Una multitud en el Aula Magna, un acto inédito que se constituyó en un verdadero suceso político. Frente a la gente -con alguna que otra cámara de televisión filmando algunos pasajes de la entrevista colectiva-, pero eso sí con la ciudadanía viendo en vivo y en directo a sus dirigentes. Fue el primer gran debate, y no se volvió a repetir. Otros tiempos, otras circunstancias, una sociedad más movilizada quizás porque eran los preludios de la democracia que hoy vivimos. (M.V.)

Tres horas de intercambio de ideas.
Fueron más de tres horas de un debate que –aún cuando se consideraron muchos temas vitales para el desarrollo de nuestra provincia– resultó ágil e interesante. Las respuestas obtenidas no eludieron definiciones, y hasta se dio el caso que en muchas se advirtió una interesante coincidencia entre los dirigentes de los partidos políticos participantes.

El público –aún considerando lo extenso de la entrevista pública–, no se movió de sus lugares, y en más de una oportunidad saludó con aplausos algunas posturas determinadas. Y cabe recalcar que se observó un saludable respeto, y no hubo “barras” o simpatizantes de ningún sector que interrumpieran la reunión, o que mereciera la reconvención del moderador para acallarlas.

Aquellos tiempos.
Eran tiempos de estertores de la dictadura, cuando los militares presionaban para sacar la ley de amnistía que ya resultaba ampliamente repudiada por la ciudadanía. Reynaldo Bignone era el presidente de facto y Ronald Reagan el presidente de los Estados Unidos. En nuestro terruño el winifredense Julio Platner narraba a este diario un fuerte relato de su “encuentro” con seres extraterrestres que lo habrían mantenido en cautiverio, le extrajeron sangre y lo trasladaron varios kilómetros del lugar donde lo habrían abordado en la tranquera de un campo. Por otra parte un aviso aparecido en LA ARENA en esos días daba cuenta que Sergio Denis se presentaba “en exclusivo” en la Asociación Española de Macachín.

Los temas.
Entre los temas abordados estuvieron el aprovechamiento de los recursos hídricos, el sistema de colonización y la ley 858 que fue cuestionada; la función que debiera cumplir el Estado en materia de salud (también se coló el conflicto vigente en esos momentos que enfrentaba a médicos con el Sempre); la administración pública, los ascensos e ingresos, y el tema de los prescindidos en tiempos de dictadura; además del Estatuto del Docente y qué destino tendría la emisora estatal Canal 3.

La policía pampeana.
Otros puntos abordados fueron la situación del Poder Judicial, y cuál sería el destino de aquellos magistrados que no contaban con el acuerdo legislativo –la Cámara de Diputados obviamente no funcionaba–; y también hubo inquietud por saber si el futuro gobierno provincial integraría a referentes de fuerzas políticas distintas a la que se impusiera en la elección. De hecho esto se dio porque después Jorge A. Picca sería ministro de Educación del gobierno de Rubén Hugo Marín.

La última pregunta, respondida por los seis candidatos, estuvo referida a las tropas policiales hasta entonces subordinadas al Ejército. La respuesta no difirió demasiado: “No habrá ningún tipo de fuerza paralela (como había sucedido hasta allí), ninguna fuerza que no sea la ordinaria y común que depende del Poder Ejecutivo provincial”. El que así se expresó fue Rubén Marín, quien después sería consagrado gobernador, pero los demás se manifestaron más o menos de parecida manera.