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Un desafío que crece en General Acha

ALUMNOS DE LOS COLEGIOS RECOLECTAN BASURA EN ESPACIOS PUBLICOS

En General Acha, una movida ecológica motorizada por alumnos del colegio La Inmaculada no para de crecer. Se trata del «desafío de la basura» que tuvo una efímera vida a principios de año pero que en el caso achense, lejos está de tener la levedad de una moda. La propuesta ya se extendió, siempre por pedido de los alumnos, al colegio primario del establecimiento y en la semana que pasó se sumaron estudiantes de otros colegios. También los padres de los alumnos y vecinos de la ciudad.
«Los chicos están contentos y orgullosos de lo que han hecho y de lo que están logrando», contó a LA ARENA Sonia Arpa, docente de Educación Tecnológica del colegio La Inmaculada e impulsora de la iniciativa. «La idea surgió con los chicos de segundo año un día que estábamos trabajando tipos de materiales, residuos y las tres R», recordó.
A fin de poder hacerlo en horario escolar, la idea se encuadró como un proyecto institucional que rápidamente tuvo el apoyo de las autoridades del colegio. «Todo fue muy rápido, con los chicos llenos de entusiasmo», contó Arpa. Entusiasmo que creció después de la primera salida a recolectar basura, que se concretó en una de las calles laterales del hospital Padre Buodo.
«En un principio pensé que la idea iba a nacer y morir en segundo año, pero me equivoqué», confesó la docente. «Una tarde uno de los chicos dijo ‘¿Y si desafiamos a otro curso (del colegio salesiano) para que se prendan al desafío?’ y los otros chicos apoyaron con todas las ganas, y ahí me di cuenta que me había equivocado», agregó.
Así fue que la experiencia empezó a expandirse y a sumar voluntades, «siempre impulsada por los propios chicos», reiteró al educadora. «Después me enteré que los otros cursos también querían hacerlo e incluso los de nivel primario», añadió.

Lugares sobran.
Desde la primera salida, hace más de un mes, ya se han concretado entre seis y siete desafíos y la tendencia parece que irá «in crescendo» por lo menos hasta fin de año.
Los lugares se seleccionan con la premisa de que sean espacios públicos. «Tomamos todas las precauciones para que no pase nada: vamos con guantes y otros elementos de protección, y retiramos lo que sea plásticos, madera y papel. Si hay algo más grande o peligroso, no lo recogemos», aclaró la docente.
El material se mete dentro de bolsas de consorcio que los padres de algunos alumnos se encargan, en forma voluntaria, de cargar en sus vehículos y trasladarlo hasta el basurero municipal.
«Lamentablemente, lugares para llevar adelante sobran, porque hay basura por todos lados», sostuvo la educadora, remitiendo a una imagen que se multiplica en muchas ciudades. «Nos pasa que elegimos un lugar y no nos alcanzan las dos horas para recolectar todo lo que encontramos. Los mismos chicos están sorprendidos por las cosas que encuentran, y la enorme cantidad de basura».
Después de la salida a la calle lateral del hospital Buodo, la movida se reprodujo en los terrenos del ferrocarril, en el boulevard Maipú y en espacios cercanos al cementerio, entre otros. «Siempre son espacios públicos y dentro del ejido urbano», precisó la maestra. «Un curso salió a dar una vuelta en tres cuadras a la redonda de la escuela, y también recolectó una gran cantidad de residuos», se sorprendió.

«Achalimpia».
La idea ahora «es seguir contagiando a otros colegios de la ciudad, y tenemos entendido que ya hay dos más que se van a sumar al desafío. Queremos sumar a toda la comunidad y a la vez generar conciencia», comentó Arpa. «Los chicos que ya salieron ahora quieren volver a salir, y esto es hermoso, porque nos muestra cuánto tenemos que aprender de ellos», reflexionó.
Los chicos de segundo año crearon la insignia #Achalimpia, que entregan a cada curso que participa del desafío. También se han sumado los jóvenes que integran el grupo «Cuidemos el Medio Ambiente», CEMA, de la localidad.
Como la idea es seguir trabajando y no limitarse a recolectar basura, en el colegio se sumaron al proyecto de «ecobotellas» que promueve una organización ambientalista de Buenos Aires. «La idea es recolectar botellas de plástico y después enviarlas a esta fundación», que las procesa y las recicla.
Cuando se alcanza determinado volumen, la propia organización retribuye el aporte enviando un elemento producido con ese material.
«Los chicos están contentos y orgullosos por lo que han hecho y lo que han logrado. Sabemos que más colegios se van a sumar, así que la alegría es enorme», concluyó.