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Un emprendedor detallista

Martín Barbero se dedica a un rubro poco conocido: el «detailing», un embellecimiento y cuidado de los autos. En su taller realiza distintos trabajos sobre la carrocería y el interior del vehículo.
En esas noches «eternas» en la sala velatoria su cabeza no tenía pausa. Buscaba el camino, la forma. Qué hacer para cambiar su rutina laboral y emprender algo novedoso que lo incentivara. La experiencia en el taller de chapa y pintura de su papá y un estudio del mercado para saber «lo que no había» motivó la decisión: un lugar para embellecer autos. Una especie de peluquería vehicular que en lugar de cremas, ruleros y peines utiliza pulidoras, ceras y otros productos para lucir «el peinado perfecto» pero sobre ruedas.
Martín Barbero tiene 35 años y es el responsable de ‘Barbero Car Detailing’, un taller de detallado de autos que realiza tratamientos personalizados y específicos sobre la carrocería y el interior de los vehículos. Un emprendimiento que arrancó «desde cero» y que se instaló gracias a la demanda de clientes santarroseños y de otros puntos de la provincia.
«Lo que hacemos no es un lustrado ni una limpieza de interior convencional como se hace en un lavadero, nosotros usamos elementos y otras técnicas para lavar porque un auto no se lava de cualquier manera. Por eso explicamos y asesoramos mucho al cliente sobre lo que hacemos específicamente: qué tratamiento conviene para cada auto según el uso, lo que sirve, la durabilidad. Porque está claro que no es cierto que el auto no se va a rayar más, lo que se hace es retrasar todo el deterioro que el tiempo produce. Por ejemplo en nuestro clima hay mucho viento y tierra, y el auto lo sufre. Toda esa información se le brinda al cliente, apunto mucho a eso, no solo al trabajo terminado sino a la atención y al asesoramiento porque no se conoce mucho el rubro y la finalidad a la que apunta», explica Martín.
Barbero es de Santiago del Estero. En 2001 llegó a Santa Rosa junto a su padre que montó un taller de chapa y pintura. Había terminado el secundario y comenzó en la UNLPam la carrera de contador. «Llegué hasta tercer año y abandoné. En 2004 entré a trabajar a la Cooperativa y estuve 12 años, estaba en la sala velatoria y en un momento buscaba poder hacer otra cosa, por eso empecé a pensar y explorar. Hice cursos de marketing y de administración de empresas y sabía de chapa y pintura por el taller de mi viejo, pero cuando lo ayudaba lo que más me gustaba era el lustrado y ese tipo de tareas».

Convencido.
Martín estudió el mercado y gracias a internet supo que el «detailing» (detallado) era usual en ciudades como Buenos Aires o Córdoba pero no en nuestra provincia. «En esas noches interminables en la sala velatoria yo pensaba qué hacer y se me ocurrió que si yo quería lustrar el auto, no había un lugar especializado. En los talleres y en los lavaderos es como un anexo, pero no se dedican específicamente. Empecé a hacer cursos para dar el servicio y cada vez me gustaba más así que arranqué en el garage de mi casa para los conocidos, sin cobrar nada. Pero eso sí, absolutamente convencido de que iba a funcionar».
Martín seguía con su trabajo en la CPE pero al mismo tiempo quería mostrar y difundir lo que hacía fuera de ese horario laboral. «Había que mostrar y explicar lo que hacía porque si no la gente cree que es un pulido normal. Me mostré en las redes sociales, iba a repartir tarjetas al centro, dejaba papelitos en los autos estacionados, fui varias veces al Autódromo y de a poquito se fue gestando. Los primeros tres años seguía en la Cooperativa pero en un momento fue imposible. Durante un año y medio trabajé de 22 a 6 en la sala y desde las 8 hasta donde podía en el taller, hasta que no pude más. No tengo más que palabras de agradecimiento a la CPE, pero renuncié y aposté todo a esto que es algo que me apasiona y que hoy, por suerte, es mi medio de vida».
Barbero comenzó en el taller de su padre en la calle Buenos Aires y luego alquiló un galpón en Bertera y Circunvalación hasta que la tarifa del alquiler escaló a las nubes. Volvió al lugar original pero gracias a la gran demanda pudo expandirse adonde está hoy, en la calle Estrada, un taller que luce tan ordenado como limpio: un verdadero quirófano para cada pieza y cada parte a intervenir.
«Lo que ofrecemos básicamente es, por un lado, lo que llamamos un tratamiento de preventa, todo un trabajo para quien quiere vender el auto: darle un abrillantado, levantarle la nitidez del color en la carrocería, trabajar la tapicería y el techo, los paneles. Para mí el interior es como la carta de presentación del auto, cuando lo ves impecable adentro por más que afuera no esté bien, te convence. Sacamos los asientos, los paneles, el techo; vamos a fondo. Y por otro lado hacemos un tratamiento personalizado con acrílico. Tenemos todo un sistema de pulido y lustre con el que se sacan las rayas de malos lavados, son como aureolas y eso se puede corregir y eliminar. Se usan unos selladores de protección de hasta seis meses de durabilidad que se utilizan de acuerdo a cada vehículo y al uso que se le da. Pulimos y sellamos llantas, hacemos limpieza profunda, limpiamos ópticas, faros, detallado interior. Viene mucha gente de Catriló, también clientes de Winifreda, Acha, Pico, Salliqueló. Y trabajamos muchas camionetas de campo, hemos tenido autos inundados por las lluvias: se desarma todo y se trabaja en cada detalle», resaltó Martín mientras recibe la «ayuda» de sus hijas Florencia (11) y Fiorella (7), ya conocedoras del detallado vehicular.

Crédito.
La apuesta de Barbero tuvo un respaldo necesario en 2016 cuando recibió un microcrédito, a través del Banco de La Pampa, para comprar equipamiento (herramientas, iluminación). El Ministerio de Desarrollo Territorial de la provincia otorgó un monto que Martín supo aprovechar luego de un comienzo «a puro pulmón» y con billetera vacía.
«Mucha gente te dice que para emprender algo hay que tener un margen, una espalda, ahorros para poder aguantar. Yo puedo decir que arranqué con cero pesos, tenía un sueldo y nada más. Nada de inversión inicial, compré algunas cosas con tarjeta de crédito, le pedí una pulidora prestada a mi viejo y así le metí. Muchos cuando llegan me preguntan qué auto tengo, pero lo vendí hace seis años para poder poner en marcha el taller. Soy un convencido de que se puede emprender algo sin plata: eso sí, te va a llevar muchísimo tiempo, insomnio y dolores de cabeza, pero no es imposible. Después sí, llega un momento en que el cuerpo dice basta y además necesitás dar un salto de calidad, por eso pedí el crédito. Hoy tengo el taller funcionado y vivo gracias a esto, hago lo que más me gusta y aspiro a crecer y crear fuentes de trabajo después de un año que fue muy duro, creo que para todos, en lo económico. Las ganas están intactas», dice Martín que dos veces al año organiza capacitaciones con un profesional de Buenos Aires para que «el quiera dedicarse a esto no pase por lo que pasé yo de viajar y gastar tanta plata. Ahora lo podés hacer acá».