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Un estruendo todavía sin origen

UNA FUERTE EXPLOSION CONMOVIO A LA CIUDAD DE MENDOZA

El martes al mediodía, la ciudad de Mendoza se vio conmovida por una fuerte explosión que se sintió tanto en la capital como en las zonas suburbanas. Las primeras sospechas apuntaron a una explosión en la refinería de Luján de Cuyo o alguna otra fábrica. Los teléfonos de la Policía, los bomberos y Defensa Civil, se vieron atestados de llamados reportando el ruido, pero en ningún caso se mencionó un origen concreto.
Pasadas más de 48 horas, aún no hay una explicación firme sobre el origen del estruendo que sintieron miles de mendocinos el martes sobre las 13.30. A las hipótesis sobre la explosión de una fábrica se sumaron la de un meteorito que hubiera ingresado y estallado en la alta atmósfera, o la de un terremoto. Pero estas también perdieron peso por la falta de evidencia.
No hubo ninguna denuncia de explosión en fábrica, o estación de servicio, o incluso en instalaciones militares -donde hay material bélico acumulado-; nadie vio el supuesto estallido del meteorito -ni fue reportado por ningún organismo especializado- y desde el Instituto de Previsión Sísmica en San Juan informaron que no se había registrado ningún terremoto con epicentro en Mendoza o sus cercanías.
Con el paso de las horas apareció una posible explicación que, de momento, es la única que se mantiene en pie. Se trata de un «cielomoto», un fenómeno natural que como su nombre lo indica ocurre en la atmósfera y se parece a un terremoto. No son placas tectónicas ni capas geológicas las que chocan o se reacomodan, sino masas de aire. Y ese choque o reacomodamiento puede venir acompañado por ondas sonoras.

Las trompetas del Covid.
Aunque es un fenómeno conocido y registrado en todo el mundo, los cielomotos tomaron cierto protagonismo con el inicio de la pandemia de Covid-19 que azota a nuestro país y el mundo. Es que la reclusión de millones de personas en sus hogares produjo, entre otras consecuencias, una drástica reducción del ruido ambiente, algo que se notó con más intensidad en las grandes urbes.
Ello permitió que muchas personas percibieran y prestaran atención a ruidos y sonidos que siempre estuvieron allí pero no se hacían notar. En las primeras semanas del aislamiento total abundaron las noticias y comentarios sobre ruidos en el cielo que en algunos casos fueron descriptos como explosiones y en otros como sonido de trompetas. No faltaron quienes salieron a afirmar que eran las Siete Trompetas del Apocalípsis que predice uno de los últimos libros de la Biblia.
En Mendoza, los ciudadanos fueron coincidentes en la descripción del fenómeno: fue similar a una explosión, se percibió como un estruendo que venía de arriba hacia abajo y fue imposible determinar con precisión de dónde había surgido. Muchos pensaron que había ocurrido en el patio de sus casas.
En la búsqueda de una explicación, varios diarios mendocinos consultaron información en sitios especializados, entre ellos la Nasa, la agencia aeroespacial norteamericana, y el Servicio Meteorológico de ese país.

¿Habitual?
Algunos especialistas aseguran que se trata de un fenómeno habitual, aunque cuando se da en las grandes ciudades, no se llega a apreciar. En este sentido aclararon que los «cielomotos» se generan en cualquier lugar, aunque en los últimos años surgieron muchos casos en Estados Unidos, América del Sur y Australia.
Se producen por el choque de masas de aire frío y caliente, aunque pueden ser desencadenados por cuestiones menores, que luego son amplificadas hasta adquirir una gran sonoridad.
En caso de que la «explosión» del martes en la ciudad de Mendoza haya sido causada por uno de estos cielomotos, es evidente que su intensidad ha sido mayúscula y ha tenido una fuerza que provocó una onda sonora similar al estallido de un transformador eléctrico o incluso el violento ingreso a la atmósfera terrestre de una roca del espacio exterior.
Aunque el aislamiento total y obligatorio ya ha terminado, y las actividades humanas han recuperado gran parte de su intensidad de hace un año, estos fenómenos siguen ocurriendo pero, nuevamente, casi no se perciben.

Una explosión en Santa Rosa.

Una de las primeras hipótesis que se mencionó para la explosión en Mendoza fue la ruptura de la barrera del sonido por parte de algún avión de guerra que estuviera sobrevolando la zona. Esta posible explicación también fue descartada por cuanto no había naves supersónicas volando en ese momento sobre la capital mendocina.
En los 90, un hecho similar provocó alarma en la ciudad de Santa Rosa. Ocurrió cerca del mediodía y se sintió en toda la ciudad, también como una explosión que venía de todos lados, que no tenía un origen cierto.
Resultó ser la consecuencia de dos aviones de guerra de la base aérea de Villa Reynolds, en provincia de San Luis, que utilizando la ciudad de Santa Rosa como punto de referencia, se encontraban realizando maniobras de práctica.
Fue en esas maniobras que una de las aeronaves disminuyó drásticamente su velocidad y quebró la barrera del sonido -pasó de un vuelo supersónico a uno subsónico-, desencadenando la onda expansiva que va asociada a este fenómeno.
En el caso de Santa Rosa, la maniobra ocurrió a baja altura, hacia el sur de la ciudad, y su intensidad fue tal que llegó a provocar el estallido de algunos vidrios. En las escuelas, las maestras se apuraron a sacar a los alumnos de las aulas mientras que mucha gente salía a la calle tratando de entender qué estaba pasando.
Un par de semanas después, autoridades militares de la base de Villa Reynolds se llegaron hasta la ciudad para dar una explicación y ofrecer sus disculpas, las que canalizaron a través de la Cámara de Diputados.