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Un festejo por partida doble

Para Miguel «Kata» Fernández el de ayer domingo quizás no fue un día del padre como cualquier otro porque durante la semana pasada consiguió un motivo más para festejar junto a sus hijos y el resto de la familia: pese a la dificultad física que padece a causa de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) que sufre desde hace algunos años, el jueves defendió su tesis y se doctoró en agronomía.
«Hace siete años me inscribí en la Universidad del Sur, en Bahía Blanca, para hacer el doctorado, pero en 2016 me detectaron ELA y abandoné un poco la tesis porque tuve que viajar a Buenos Aires por los tratamientos», contó el incipiente doctor a LA ARENA minutos antes del almuerzo familiar de ayer por el Día del Padre.
Acompañado por Fermín y Felipe, sus dos hijos, y por Nilda, su pareja, Fernández recibió en su casa a un equipo de este diario y recordó que luego de iniciar los tratamientos tuvo la necesidad de retomar el proceso de elaboración de su tesis doctoral. «Pasó un tiempo después que me detectaron la enfermedad y como que me daba no se qué dejar todo guardado en la computadora, me gustaba la idea de publicar la información que tenía, había muchas ganas», aseguró.
Ayer se conmemoró el Día Mundial de la ELA, una enfermedad del sistema nervioso que provoca una debilitación progresiva de los músculos del cuerpo, lo que se traduce en la pérdida de funcionalidad de cada una de las partes del cuerpo. Es decir, con el tiempo se reduce la movilidad de la persona que lo padece y se genera dificultad en el habla, entre otros síntomas.

Presentación.
Ante la presencia de su familia, «Kata» contó que en su trabajo doctoral investigó cuestiones relacionadas a los cereales invernales, y luego de entregarlo al jurado meses atrás, el pasado jueves tuvo que hacer la defensa a través de una plataforma virtual: ¡aprobó con un sobresaliente!.
«Después que la mandé a Bahía y la evaluaron cayó la pandemia, así que tuve que esperar y al final presenté la defensa de manera virtual el jueves pasado. La llevé bastante bien porque le escribí la exposición a un compañero para que la lea y me guardé la poca fuerza que tengo para hablar para el final, cuando el jurado me hacía las preguntas», contó Fernández.

Pese a la limitación.
Si algo hay que reconocer de Miguel es que nunca bajó los brazos, y que pese a las limitaciones físicas que se fueron agravando con el correr del tiempo pudo concretar la meta que se puso allá por 2013, que fue seguir sumando conocimiento para, también, aplicar en la docencia.
Al ser consultado respecto de cómo afrontó el proceso de redacción de su tesis doctoral, recordó que «al principio manejaba mejor las manos entonces podía escribir, si la tuviera que hacer ahora no podría porque me cuesta mucho escribir y usar el mouse». Y agregó: «No es tanto lo que logré porque otros lo han logrado en menos tiempo, para mí es un incentivo porque a pesar de que estoy preso en lo físico, la mente no para, está impecable. La macana es cómo traducir lo que se piensa, y hay que rebuscárselas».

Se viene el libro.
Pero la historia no termina ahí: luego de convertirse en doctor, «Kata», como le dicen sus familiares y amigos, ahora tiene un nuevo desafío. «Con la enfermedad también surgió la necesidad de escribir un libro que ya está terminado. Como no podía ir al campo tenía tiempo suficiente en la computadora así que empecé a escribir sobre el trigo», contó entusiasmado.
El material, cuya impresión se encuentra parada por la pandemia, refleja el trabajo que durante muchos años llevó adelante Fernández como docente universitario. «Hice muchas tesis con los estudiantes durante muchos años, hay muchos datos y toda esa información está volcada en el libro», relató.

La vida con Esclerosis.
A Miguel le diagnosticaron ELA en el año 2016 y tras varios tratamientos hoy recibe internación domiciliaria. «Es una enfermedad muy cruel que no tiene cura hasta el momento», sostuvo.
En relación a la cura, Fernández consideró que aún no fue desarrollada por la industria farmacéutica debido a que se trata de «una enfermedad que padece poca gente y acá no tenemos mucho resultados porque apuntan a (estudiar la cura de) enfermedades más universales».
Pese a eso, «Kata» asegura que la idea es mantenerse «lo mejor posible». Y es algo que demuestra en los hechos.

El apoyo familiar.
Para Fernández, nada hubiera sido lo mismo sin su familia porque asegura convencido que «la enfermedad debe ser muy difícil para un tipo que anda solo». Por eso aprovechó para agradecerle a sus vínculos cercanos. «Todo lo que he logrado es porque me apoyan, por suerte estoy rodeado de familiares como mis hijos, mi mujer, primos, sobrinos y hermanas», expresó.
En la previa al almuerzo familiar por el Día del Padre, LA ARENA también consultó a Felipe, uno de sus hijos, a quién no le faltó una sonrisa en la cara cuando habló de su papá. «El siempre fue muy aplicado con la agronomía, por eso no me sorprende. Es un logro tremendo y más teniendo en cuenta las limitaciones que tiene», afirmó.
Y agregó: «Estaba convencido de que lo iba a hacer, y es un objetivo muy lindo para él y para todos nosotros que vimos cómo se esforzó y como trabajó para llegar a eso».
Entre risas, Fermín, su otro hijo, y Nilda, coinciden con emoción al escuchar el relato. Ni hablar de «Kata».