Un grito en el corazón de la bandera

ALUMNOS DE CUARTO GRADO DE SANTA ROSA HICIERON LA PROMESA EN EL MONUMENTO DE ROSARIO

Más de 40 chicos de la Escuela Nº 2 vivieron una jornada emotiva en el lugar donde Manuel Belgrano izó por primera vez la insignia patria. Con un “sí, prometo” que hizo estremecer hasta el Paraná, se comprometieron con los valores de libertad, igualdad y solidaridad.
El cielo está gris y los termómetros marcan un solo dígito. Una brisa que llega desde el río cala hondo en sus rostros, que se desperezan rápidamente a pesar de la casi interminable noche de viaje. El celeste y blanco que le pone color a la mañana plomiza es el despertador para cada uno de los 42 niños pampeanos que pisan el Patio Cívico.
Miles de chicos de diferentes puntos del país se reúnen en el centro del Monumento Nacional a la Bandera Argentina, en Rosario. A pocos metros, el imponente Paraná parece custodiar a la enorme mole de cemento, mármol y bronce que apunta hacia su cauce.
Más de 200 años atrás, en pleno proceso independentista, era Manuel Belgrano quien vigilaba estas costas para evitar posibles invasiones extranjeras. Allí, con la intención de contar con un emblema que distinguiera a sus divisiones del Ejército, propuso la creación de un estandarte de color blanco y celeste, conforme a los colores de la Escarapela.
Finalmente, el 27 de febrero de 1812 fue izada por primera vez la Bandera Nacional, con el Paraná como testigo y en el lugar donde hoy se erige un Monumento que todos los meses de junio recibe a miles de alumnos de cuarto grado de Argentina para hacer la tradicional promesa de lealtad.

Mariposas.

Entre la multitud están los 42 alumnos de cuarto grado (turnos mañana y tarde) de la Escuela Nº 2 de Santa Rosa. A la mayoría le cuesta salir del asombro. Muchos miran hacia el piso cuando les explican que por allí mismo caminó Belgrano, el prócer que tantas veces le nombraron en la escuela, el de las figuritas, el de los billetes de 10 pesos y el que están aprendiendo a conocer como uno de los padres de la Patria.
No lo pueden creer. Las mariposas que revoloteaban en sus pancitas desde que hace unos meses les anunciaron que iban a hacer el viaje, ya no tienen lugar en sus cuerpos y se escapan para posarse en sus pechos con los colores celeste y blanco, oficiando de escarapelas.
Todos participan en las diferentes actividades recreativas que sirven para calmar la ansiedad antes del gran momento. Cada tanto levantan la cabeza para mirar la torre de casi 70 metros y vuelven a enredarse en la fascinación de sentirse parte de la historia.

Sí, prometo.

Cuando el maestro de ceremonias irrumpe en escena anunciando el inicio del acto oficial se genera un silencio que prácticamente permite escuchar el paso del río.
La tensión se apodera del ambiente. Las sonrisas, que parecían eternas, le dejan el protagonismo a los ojos, que se van abriendo en forma proporcional a la carga de las palabras del locutor, quien luego de dar la bienvenida les explica que allí, en el mismo lugar donde Belgrano izó por primera vez la bandera, ellos se van a comprometer con los valores que la insignia simboliza: libertad, igualdad y solidaridad.
El Himno Nacional Argentino, interpretado en vivo y cantado desde las entrañas de cada uno de los presentes, le da paso al momento más esperado del acto.
Desde la Llama Votiva, ubicada en el centro del Propileo Triunfal de la Patria (uno de los sectores más representativos del monumento), baja las escalinatas, haciéndose paso entre la multitud, el mismísimo Belgrano. Con su creación entre sus manos, el actor que personifica a uno de los hombres más importantes de la historia nacional acapara todas las miradas y aplausos.
Su caminata se hace interminable para los niños, hasta que por fin el prócer se para frente a ellos y pronuncia las palabras que dan pie a una frase tan repasada en clase como contenida en los últimos quince días. Y que aflora desde adentro de cada corazón de nueve o diez años en forma de grito: “¡Sí, prometo!”
La emoción se expresa en lágrimas. Así lo muestran muchos chicos, y especialmente la mayoría de los familiares que acompañaron y cada uno de los docentes que desde hace meses están planeando este momento.
Para ellos, los mayores, es cumplir un sueño que en sus tiempos de alumnos era casi imposible hasta de imaginar. Para los más pequeños, para los grandes protagonistas de la jornada, es empezar a sentirse parte de la historia de la Patria; es caminar sobre los pasos de Belgrano; es meterse de lleno en el corazón de la Bandera.

LA PATRIA ES EL OTRO
En los días previos al viaje, una de las docentes organizadoras les contó a sus alumnos que una compañerita del otro turno, a la que no conocían, aún no había confirmado su presencia en el viaje a Rosario por cuestiones económicas. El curso, que había trabajado haciendo rifas y una feria para recaudar dinero, no dudó un instante en decirle a la “seño” que podía utilizar parte de lo recaudado para ayudar a esa niña, de la que no sabían ni el nombre. Así, de cara a una jornada patriótica como la de ayer, los más pequeños dieron una muestra de lo que es “hacer Patria”, desde su lugar y con sus armas.

Una promesa en el monumento
Manuel Belgrano izó por primera vez la Bandera Nacional el 27 de febrero de 1812 a orillas del río Paraná, en Rosario, donde hoy está emplazado el monumento. Unos meses después, el 25 de mayo de 1812, en Jujuy, se realizó la primera jura por parte del Ejército del Norte, aunque muchos historiadores coinciden en que más que una jura fue una bendición para que la insignia protegiera a los soldados en sus campañas.
A partir de allí se mantuvo la tradición de jurar la bandera, que en el siglo pasado se trasladó a los establecimientos educativos. A diferencia de lo que sucede con los militares, que juran, los alumnos de cuarto grado de las escuelas primarias de todo el país prometen defender los valores que la bandera simboliza: libertad, igualdad y solidaridad.
Este acto se realiza cada año en torno al 20 de junio, “Día de la Bandera” en homenaje a su creador, Manuel Belgrano, que falleció el 20 de junio de 1820 en Buenos Aires.
En 1993, por iniciativa de una docente de San Luis, alumnos de un colegio de esa provincia hicieron la promesa en el “Monumento de Rosario”, marcando el inicio de una tradición que hoy continúa. Desde 2013 esa práctica se institucionalizó y cada mes de junio miles de alumnos de todo el país hacen la promesa en este sitio histórico. Son en total seis encuentros multitudinarios a lo largo del mes. Ayer, los protagonistas fueron los chicos santarroseños.