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Un intendente ganador

Puede alcanzar a completar 20 años en la comuna. Cambió totalmente Relmo, que hoy es un hermoso y pequeño pueblo. Tiene asfalto y cordón cuneta en sus calles, luces led, y hasta cámaras de vigilancia.
MARIO VEGA
Un policía desde la camioneta de la repartición ve ingresar el auto al pueblo y lo sigue lentamente por la calle principal, una suerte de avenida que conduce a la Municipalidad… En tanto, y ya frente al edificio, tres perros de variado tamaño abandonan su lugar de haraganería y se acercan al forastero que acaba de descender. Pareciera que se percatan que no es alguien que habitualmente transita por allí… lo husmean un poco, dan una vuelta en derredor y vuelven a su posición anterior.
El policía -ahora sí, ya estacionado su vehículo al lado del recién llegado- hace las preguntas de rigor… Amable quiere saber quién soy, y qué hago ahí… Le explico que ando buscando al intendente, que soy periodista y me indica cómo encontrarlo.

El intendente… y su pueblo.
A veces pasa que alguien tiene un determinado pensamiento de cómo encarar una nota periodística, cree tener claro por dónde ir, pero se dan casos que en un momento lo hacen advertir que la cosa va por otro lado. O al menos que no se reduce a la idea inicial.
Este tipo de notas de cada domingo pretenden mostrar algunos personajes -su forma de ser, su vida…-, pero esta vez, más allá de eso, se dio que quedó instalado en mí cierto asombro ante la realidad de haber llegado a un pueblo de La Pampa que -quien esto escribe- casi no tenía en el registro. Y por allí también discurre la cosa. Esta vez el tema sería el intendente, y su pueblo…

Cinco mandatos, ¿es récord?
En esta ocasión tenía la intención de hacer una entrevista con Néstor René González, el intendente de Relmo que ganó cinco elecciones consecutivas: 2003, 2007, 2011, 2015 y 2019. «Sí, este es un pueblo que creo que entre el 80 y el 90% son peronistas… pero me votaron a mí que soy radical», cuenta con hablar pausado y tranquilo el hombre que le cambió la fisonomía a su pueblo.
«Aquí no había nada de nada… y hoy tenemos de todo», me comentó una de las vecinas con las que charlé brevemente en mi visita a la pequeña localidad esta semana que pasó. «Es un pueblo muy bonito… y pintoresco. ¿O no?», dice mientras se queda esperando mi asentimiento.

Sin antecedentes.
Lo cierto es que Néstor González consiguió el año pasado su quinto mandato, y en verdad resulta difícil recordar circunstancias parecidas. Aunque haciendo memoria sí, podemos evocar a Juan Antonio Silva, intendente peronista que fue electo en Trenel en cinco oportunidades, y que falleció en el ejercicio del cargo.
En un momento de la conversación González se muestra reflexivo, y hasta pone en duda que continúe hasta el final de su mandato: «Lo estoy pensando… en mi familia me dicen que ya está, y por ahí el año que viene dejo. Aquí no tenemos concejales sino tres vocales, y le correspondería a Ariel Vidondo, con quien ya conversé el tema… Sí, es conocido -contesta cuando le digo que su apellido me suena-… es domador. Pero además es contador y trabaja en el Renatre en Santa Rosa», precisa.

¿Quién es «Gonzalito»?
«No me dicen intendente… acá, y en casi todos lados, me llaman ‘Gonzalito’, dice Néstor apenas comenzamos la charla. Una conversación que transita por lo familiar, por la amistad, y se amplía a su trayectoria laboral.
Obviamente siempre con el fútbol como punto mayor de coincidencias.
¿Por qué? Porque desde esta actividad surgió con él -y con muchos integrantes de su numerosa familia- un afecto que perdura aún con el paso de los años. Néstor es, sí, un enamorado de la pelota, aunque muchos no conozcan de sus andanzas en una cancha.
Para ubicarlo rápidamente podemos decir que es hermano mayor de uno de los talentos que tuvo nuestro fútbol -hoy entrenador de Costa Brava de General Pico (al menos volverá a serlo cuando la pandemia nos dé una tregua)-, y que no es otro que José Edgardo «El Topo» González.

Familia súper numerosa.
Por eso la conversación es ágil y animada… porque nos conocemos mucho. Los González -su familia- constituyen un grupo muy numeroso… basta decir que son nada menos que catorce hermanos. Sí, con catorce críos debieron lidiar don René González, el papá, y la mamá Elvira Neveu. Y los nombra a todos Néstor, que es el segundo de la larga fila: «La primera es ‘la Gallega’ (Elvira), vengo yo, y siguen Mercedes, Vita, Mary, Tato, Chichín, Lucía, ‘Hongo’, Coty, Silvia, Celina, Viviana y ‘El Topo’… ¿Te parece que somos muchos?», completa y larga la carcajada.

Futboleros/as.
Está dicho, son futboleros/as… todos/as. Los hombres y las mujeres de la familia, y si mal no recuerdo coinciden en ser hinchas de River. Pero cabe agregar que todos los varones han tenido notables aptitudes para jugar. Ya está dicho, el que más trascendió ha sido «El Topo»; pero también Walter Enrique (Tato) jugador de Sarmiento de Santa Rosa; Orlando («Hongo») y Ricardo («Chichín») supieron destacarse con la pelota en distintos equipos.
Algunos, siempre pasa, consideran que el mejor de todos ha sido uno que no trascendió demasiado en las páginas de los diarios por sus aptitudes futboleras, porque jugó poco oficialmente -esto es fichado en equipos de ligas-, muy poquito. Y ese no es otro que Néstor.

Cómo jugaba.
Días atrás me sorprendió que un periodista -Sergio Romano- me pidiera vía watsap referencias suyas como jugador: «Néstor es de mi pueblo, Relmo, y en una discusión le dije a (Luis Luján) Lardone (otro periodista) que el mejor futbolista que yo vi por aquí fue Néstor González. ¿Lo conocés, me podés hacer un mensaje diciéndome si lo has visto cómo jugaba?», me consultó.
Al toque le respondí y le di mi opinión que, entiendo, en alguna forma debió haberlo conformado porque avalé en buena parte la suya (ver aparte).
Porque para caracterizarlo debo decir que Néstor tenía con la pelota la destreza del prestidigitador -del ilusionista del nada por aquí, nada por allá-, era el habilidoso que con una finta podía ridiculizar a quien lo fuera a enfrentar. Y además poseedor de una tranquilidad que no todos tienen… creo que simplemente porque no le importaba nada ganar o perder. Porque lo suyo era… jugar. Simplemente eso.

Entre tanto peronismo, un radical.
Precisamente esa impensada consulta iba a ser el disparador de esta nota, porque reafirmó mi idea de que valía la pena hablar con un político -aunque reconozco que me resulta difícil ubicarlo en ese rol- que en una tierra donde el peronismo domina desde siempre, se impuso cinco veces… aún en su condición de radical.
«Sí, es cierto… pero sabés qué es más curioso todavía: que en este pueblo creo que el 80 ó 90 por ciento son peronistas (Relmo tiene un padrón de 148 votantes, de los cuales más de 90 lo votaron). Pero igual me eligen, porque ya voy para 20 años de mandato, y me ratifican, y eso creo porque las cosas se hicieron bien», sostiene el intendente.

Funcionario eficiente… y futbolero.
Lo veo con el cuerpo menudo de siempre, el pelo más ralo y grisáceo, y sus bigotes menos espesos que los mostachos que lo identificaron desde muchacho. Está sentado en su despacho de la planta alta del edificio municipal -sí, la comuna de Relmo tiene dos plantas-, y a mi pedido llegó al encuentro con una pelota para la foto, porque esa imagen -me parece- es la que mejor podría mostrar quién es Néstor González… el intendente honesto, eficiente y futbolero hasta la médula que definitivamente cambió ese pueblo de menos de 200 habitantes (contando también la zona rural) que lo encumbró como jefe comunal en tantas oportunidades.

Buena gente, y laburantes.
Nació en Doblas, pero por la condición de policía de su padre vivió en diversos lugares como Quehué, Ataliva Roca, Naicó y Atreucó hasta llegar a Relmo. Pero como trabajó en empresas viales (Sacoa y CODI, esta última la que construyó la Avenida de Circunvalación de Santa Rosa), residió también en otras ciudades, incluso de provincia de Buenos Aires.
«Anduve por todos lados… es verdad. La familia de papá tenía campo en la zona de Doblas, pero después se separaron y vendieron, así que el viejo entró en la Policía y recorrimos varios pueblos. Éramos muchos, sí, pero por suerte salimos buena gente y laburantes…», dice no sin cierto orgullo.
Y en este punto puedo confirmar plenamente que es tal cual: son gente de trabajo y, siendo tantos y tantas, que sean hombres y mujeres de bien es un mérito indudable de don René y doña Elvira… que algo habrán hecho para eso. ¿O no?

Néstor preso.
Néstor no puede dejar de recordar «la severidad» de su padre que -seguramente- resultó una guía para sus hijos… «Fue increíble… pero de verdad pasó: un día, en este mismo pueblo, cuando vivíamos en la comisaría vieja con nuestra familia me metió preso… a mí y a mi hermano Tato. Con una honda le habíamos matado varias gallinas a una vecina, que fue y nos denunció. Papá nos metió una tarde en el calabozo y nos tuvo toda la noche encerrados… pasamos hambre porque no nos dio nada. ¡Ni agua! En un momento una de mis hermanas por entre las rejas nos alcanzó una papa… ¡sí, una papa!, y con Tato la queríamos cocinar con una vela… imagináte. Fue suficiente… desde ese día no más hondas y menos travesuras… ¡nos curamos!», se ríe con ganas.

De Buenos Aires a Relmo.
Cuando «la Gallega» se casó -muy joven- con José Kin, partieron rumbo al gran Buenos Aires a buscar su destino: «El ‘Ruso’, mi cuñado, fue a trabajar y me llevaron con ellos… 15 años tenía yo. En ese tiempo me fiché en Atlanta para jugar, pero decidieron volverse y yo con ellos… así que eso terminó pronto y no me pude quedar porque era muy chico», relata Néstor.
Iban a caer precisamente en Relmo, donde ya estaban sus padres -René, policía, fue destinado al pueblo-, y podría decirse que tal vez allí empezó a vaticinarse lo que vendría. Este presente de «Gonzalito» intendente.

Empresas pavimentadoras.
«En ese momento trabajé un tiempo en el campo, y después me fui a Quemú; y ahí jugaba al fútbol en Deportivo Argentino. Más o menos para los años ’70 empecé a trabajar en empresas privadas de pavimentos, que es una de las cosas que más me gustan… donde hay una obra me acerco a ver cómo se trabaja. Arranqué como ayudante en Sacoa cuando estaban haciendo aquí la Ruta 1, después fui capataz y hacía topografía, hasta que empecé como laboratorista en lo que me desempeñé muchos años… Me acuerdo que era compañero del flaco Roberto Yacomuzzi, un gran tipo», refiere al reconocido cantautor pampeano.
Más tarde trabajó con la empresa CODI en diversos sitios de la provincia, cuando corrían los años ’70. «Tengo que agradecer que aprendí muchísimo con Roberto Luis Bertone, con el que me tocó estar en muchísimas obras. Más o menos para 1980 gracias a un familiar conseguí ingresar en Vialidad Provincial, donde estuve hasta 2003»

«Gonzalito» intendente.
Precisamente 2003 sería un año de elecciones… «Me decidí y me presenté para la Comisión de Fomento de Relmo y tuve la suerte que la gente confió en mí y gané… y sí, van para 20 años, lo que quiere decir que hay confianza en lo que podemos hacer», razona. Lo que resulta curioso que tan largo período al frente de la comuna se da siendo él radical -«el único en la familia… todos los demás son peronistas», cuenta riendo-, justamente en una provincia donde el justicialismo ganó todas las elecciones a nivel gubernamental.
«Tengo una frase que repito siempre: ‘Si a uno lo ponen en un cargo como este es para trabajar para la gente y por el pueblo…’. Y creo que aquí está reflejado, porque se puede decir que hicimos un pueblo prácticamente a nuevo», se regocija.

El fútbol, la familia.
Se ríe cuando le digo que él jugaba al fútbol sólo para divertirse… «No es tan así… jugué en muchas partes donde iba con las empresas en las que trabajaba, o después estando en Vialidad. Me acuerdo que trabajando en la CODI en 25 de Mayo me venía los fines de semana para jugar con el Club Regional de Miguel Cané y tuvimos la suerte de salir campeones», rememora.
No obstante admite que nunca se quiso fichar para jugar con «más seriedad» oficialmente «sobre todo por el trabajo. Pero además estaba mi familia… me casé joven, a los 22 años, y mi señora María Delia ya estaba embarazada de Mariela… y después llegaron Claudia y Gabriela, y eso hacía que fuera imposible porque no había otra que trabajar para comer», resume.

Juntos, 48 años.
Más adelante tiene un reconocimiento para el «aguante» de María Delia… «Ella es nativa de Relmo, y siempre me acompañó a todos lados, en las buenas y en las malas… Y seguimos cuando ya pasaron 48 años», y sonríe con satisfacción.
Después llegarían los nietos: Fermín (22) que estudia Música en Córdoba; Vicente (15) que hace el secundario en Santa Rosa; y Valentín (20) que estudia Educación Física en General Pico y es jugador de Costa Brava.

El orgullo de Néstor.
Mientras recorremos el pueblo el saludo de los vecinos es: «¡Cómo andás Gonzalito!». En tanto Néstor va mostrando orgulloso el trazado cuidado de sus calles, las casitas perfectamente pintadas que le dan un colorido especial, y se detiene en la plaza ubicada frente al municipio: allí se ven magníficas figuras talladas en madera. Una obra fantástica del piquense Oscar Ruca Huitrú Vivas. Viejísimos ejemplares de cipreses (algunos de más de 100 años) que se secaron y fueron cortados a una altura de entre 4 y 5 metros para un trabajo excepcional (que obviamente merecerá una nota especial).

La despedida.
Ya en el final el intendente me acompaña hasta la entrada del pueblo, y sigue mostrando cosas… «Allí vive doña Maruca, que tiene 102 años… una de las esculturas de Oscar Vivas tiene que ver con ella», explica.
Lo miro caminar y me digo que no ha cambiado demasiado después de tantos años de conocerlo… Sí, es el intendente, eficiente, querido por los vecinos. Es el hombre que cambió el pueblo con su trabajo, pero sigue siendo el mismo. Sí, el mismo… hasta en ese gesto de llevar la pelota bajo el brazo… como antes, como siempre…

Hizo la topografía para asfaltar
No voy a caer en la exageración -¡bien de periodista!- de decir que Relmo (arco iris en indígena) es un pueblo que parece salido de un cuento, o algo por el estilo. Pero sí puedo decir que me asombró: colorido, limpio -a pesar que hoy el mantenimiento no es el mismo de épocas normales-, tiene todas sus calles asfaltadas, y se lo ve ciertamente ordenado.
Está ubicado 18 kilómetros al norte de Catriló, a 101 de Santa Rosa por ruta, y a 30 kilómetros de Quemú. «Aquí tenés fácil acceso de todos lados», dice González sobre lo que considera una ventaja.
El trabajo comunal se advierte claramente: cuenta con agua potable (con una planta potabilizadora), gas natural, energía eléctrica que proviene de la Cosypro de Quemú Quemú, servicio de internet, y hasta está dotada de cámaras de video vigilancia.
¿Hechos delictivos? «Importantes… la verdad que no recuerdo desde hace mucho… por allí alguna cosita menor», señala.
Mientras caminamos va mostrando: «Aquí es el comedor municipal (atiende a unas 35 personas, y algunos se llevan la vianda); este el salón de usos múltiples para fiestas, cumpleaños, casamientos… tenemos dos cabañas alpinas que alquilamos y están ocupadas todo el año. Vienen muchos viajantes que eligen quedarse aquí antes que ir a Catriló, Quemú o Pico…», informa.

Néstor, el topógrafo.
Corresponde indicar que desde la municipalidad el intendente ha dado el ejemplo con su trabajo concreto: «Todo el trabajo de topografía y nivelación para el cordón cuneta y la pavimentación la hice yo mismo… Me encantó hacerlo, porque es lo que hice toda mi vida en el terreno privado», completa.
¿La cuestión financiera? «La vamos llevando, porque en la municipalidad los vecinos pagan la luz, y viene atado a Internet, las cuotas de casas del IPAV y los préstamos de economía social… y en general no tenemos problemas con eso», asegura.
González, en el final, expresa su reconocimiento al Gobierno provincial… «Nunca fui discriminado, y cada vez que fui porque necesitaba algo tuve una respuesta», reconoce. No obstante espera que cuando todo esto pase, las autoridades provinciales visiten Relmo. «El último gobernador que vino fue Carlos Verna; pero es verdad que Sergio Ziliotto estuvo para la campaña, cuando se inauguraron casas… y bueno, esperemos que pase este momento y venga a ver que lindo está Relmo», cierra sonriente.

El jugador que no quiso ser…
Un día el equipo de «Los González», que aquí en Santa Rosa integraban los hermanos Néstor, Tato, Hongo y Chichín (Topo era aún un niño)-, y varios cuñados y amigos entre los que me contaba, jugó un cuadrangular por una hermosa copa de un metro de alto en un pueblo cercano. Otro equipo santarroseño -mayoría de jugadores de primera de San Martín- ya había eliminado a uno local; y el nuestro goleaba 5 a 0 al otro representante del pueblo. La final estaba cantada entre los visitantes…
Eso hasta que Néstor -sí, el ahora intendente- que jugaba en la defensa empezó a gambetear jugadores hasta mitad de cancha (quedaron 4 ó 5 por el camino), pero allí en vez de seguir o pasar la pelota eligió volverse -gambeteando- hacia su propio arco, mientras «transmitía» la acción: «¡Y le quieren pegar…! ¡aja!», gritaba riendo y refiriéndose a sí mismo, en tanto las patadas voladoras lo buscaban vengativas… hasta que una lo levantó en el aire… y entonces gresca generalizada y un agente (el único) de apellido Gaitán que, a silbato limpio, declaró la «falta de garantías» y echó a los visitantes del pueblo. Los equipos locales jugaron así la final…

Jugar a la pelota.
¿Cómo jugaba Néstor? Con una notable habilidad, pero siempre en joda… divirtiéndose, sin importarle demasiado el partido y el resultado. Si participaba de un «picadito» era capaz de gambetear a un adversario y, a la pasada, pellizcarle la cola… o de bajarle el pantalón a un rival distraído; o pegarle un leve cachetazo en la nuca a otro… Continuamente divirtiéndose. Siempre… Y se sabe, el fútbol «serio» no permite esas licencias.
De verdad, si no trascendió más fue sencillamente porque no quiso. Tenía todo: habilidad, picardía… talento. Pero nunca le importó. Para él jugar era… «jugar» a la pelota.
Y se sabe, lo sostienen los eruditos como si fuera la verdad revelada… el fútbol es otra cosa. Y a Néstor ese concepto no le importaba nada. Nada de nada.
Dicen que ahora, aún a sus 72 años, sigue igual en la canchita de su pueblo… Genio y figura.