Un juez preso y perseguido en dictadura

"LA CANA LE SIGNIFICO UN DOLOR MUY GRANDE A MI PADRE", DIJO UNCAL

Juan de Dios Uncal estaba al frente del Juzgado Federal de Santa Rosa cuando se produjo el golpe de Estado en 1976 y fue destituido por los militares, que lo consideraban “garantista” hacia los detenidos políticos pampeanos. Por esto, el magistrado, fallecido en 2010, fue detenido y perseguido por la Subzona 14.
“A mi padre lo vendieron como subversivo”, manifestó ayer su hijo Juan Manuel, también abogado, en la audiencia del juicio de la causa Subzona 14 II. En el comienzo de su declaración, señaló que “esta historia tiene dos etapas, cuando mi padre estuvo detenido y después perseguido”.
Contó que a los 13 años llegó junto a su familia a Santa Rosa, a mediados de 1975, desde Capital Federal a instancias del gobernador José Aquiles Regazzoli y su padre se hizo cargo del tribunal pampeano. En ese momento, el juzgado era subrogado por Walter Lema, que era secretario.
Manifestó que Lema “vivía obsesionado con ser juez federal, y era un problema para mi padre, lo espiaba atrás de las cortinas, pero el gobernador le dijo que no le hiciera caso, que no molestaba a nadie, pero estaba equivocado”. Recordó que le pedían a su padre que aplicara “mano dura” e incluso hubo un cruce fuerte con un secretario por ese tema.
En ese sentido, Uncal agregó que a su padre -que había sido concejal del PJ en Mercedes- lo calificaban “de subversivo y garantista porque no quería aplicar ese criterio” de mano dura y recordó que, en febrero de 1976, su familia se trasladó a Mercedes, porque “se había puesto difícil la situación y se suponía que algo iba a ocurrir”.
El juez Uncal, rememoró el testigo, le decía a su familia que “lo más probable es que me peguen una patada en el culo” tras el golpe militar, y fue detenido una noche en el Juzgado Federal, el 29 de marzo por la noche por el Ejército.
En un claro y pausado relato, el abogado explicó que allí su madre se vino a Santa Rosa y fue atendida por Lema, quien “evadió” todas las preguntas que le hacía para saber dónde estaba su compañero e incluso quiso justificar “la necesidad” del golpe “para restablecer el orden”.
La mujer también fue al Obispado y “un cura le dijo váyase que me compromete. Le cerraron la puerta. Ella no podía hacer nada, la poca gente que conocíamos acá estaba detenida”. Y a los cuatro días, recién pudieron verlo, detenido, en la Seccional Primera “por unos minutos, estaba demacrado”, dijo Uncal.

Detenido.
Luego, el entonces juez fue trasladado a la Colonia Penal junto a otros funcionarios, presos políticos, detenidos en forma ilegal y el abogado Ciro Ongaro se hizo cargo de su defensa, porque “nadie nos abría un estudio”, contó el testigo, emocionado.
“Los conjueces se excusaban para resolver la situación hasta que se hizo cargo el doctor Fernández, que ordenó la libertad el 14 de junio del 76 y nos fuimos a Mercedes”, continuó. En una causa inventada, lo acusaban de cohecho por haber pedido supuestamente un resarcimiento para interceder a favor de Hugo Chumbita, detenido en 1975.
Paralelamente, durante la detención de Uncal, el Regimiento de Infantería de Mercedes hizo dos allanamientos a la casa de su familia en esa localidad.
“Mi padre habló siempre de interrogatorios, hasta con reflectores, ruidos por las noches, capuchas, pero nunca me dijo si lo habían torturado, creo que por una cuestión de buen gusto, nunca profundicé en eso”, comentó.

“Lo vendieron”.
Con una publicación del diario “La Razón” sobre la detención de su padre en la mano, el abogado señaló que “Lema lo vendió públicamente como un hombre ligado a la subversión, era la forma de solucionar su deseo de ser juez federal”.
Al negar esa acusación contra su padre, recordó que incluso siendo juez correccional en Capital Federal, Uncal procesó en 1974 a Firmenich y Galimberti, los líderes de Montoneros, cuando la revista “La Causa Peronista” publicó el escrito en el que narraban la ejecución del ex presidente de facto Pedro Aramburu.
Con Uncal detenido y apartado del cargo, el 31 de marzo de 1976 comenzó a subrogar el juzgado Lema y todas las causas de violación a la ley antisubversiva 20840 pasaron por sus manos.

La persecución.
El hijo del magistrado contó que el 19 de junio de 1978 volvían de un cine de Buenos Aires -habían ido a ver el partido del mundial de fútbol entre Argentina y Brasil- y fueron interceptados en Luján por un amigo, quien les avisó que los militares habían ido a buscar a su padre al Colegio de Abogados de Mercedes y que tenía que escapar.
El testigo recordó que al mando del operativo estaba el ex comisario Roberto Fiorucci, “no me voy a olvidar más de ese apellido”, aseguró. Entonces, el amigo que los interceptó se llevó a su padre y su madre siguió manejando el auto hasta Mercedes. Cuando llegaron había un auto de la Policía Federal “vigilando” su casa.
“Mi padre estuvo hasta octubre de 1979 escondido pensando que lo iban a matar”, recordó. Por otro lado, Uncal también contó que en una oportunidad su padre pudo escapar de los tribunales del partido de San Martín, a donde lo fueron a buscar un grupo de efectivos, encabezados también por Fiorucci.
Narró que en 1979 se recibió de bachiller y le dijo a su padre que solucionaban la situación o se iban del país, “porque no se puede vivir escondido”. Entonces, siguió, su padre “y tres abogados de Mercedes irrumpieron en el juzgado y de ‘prepo’ lograron sacar el sobreseimiento definitivo, el 31 de octubre, y recién ahí empezamos a vivir medianamente tranquilos”.

“Crecer de golpe”
Uncal comentó ayer que a su padre “le tiraron una mochila de 20 años por la espalda” en referencia a las consecuencias de la detención y “falleció en 2010, parecía un anciano, cuando tenía 76 años. La ‘cana’ le significó un dolor muy grande, la desconfianza de la sociedad pacata de Mercedes, pasó mucho tiempo hasta que pudo salir del ‘algo habrá hecho'”.
“El escarnio de estar preso o prófugo se nota en las amistades, con un mote delicado, de subversivo, había amigos míos a los que no los dejaban venir a mi casa. Mi vieja vive y ella no se olvidó jamás el tema del Obispado, cuando le cerraron la puerta en la cara. En mi caso, no les perdono a estas personas que se encarnizaron con mi papá, me hicieron crecer de golpe a los 13 años”, afirmó.
Además, el abogado contó que su adolescencia fue “entre recursos y abogados, parecía un viejo a los 15 años, nos hicieron sufrir sin sentido”.