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Un kiosquero y sus ganas de colaborar

UN COMERCIANTE DE SANTA ROSA BRINDA SU SOLIDARIDAD A LOS MAS NECESITADOS

El kiosco Líder, ubicado en España y Mármol, bien se podría ubicar entre un clásico de la ciudad al que la mayoría fue alguna vez por caramelos, revistas y publicaciones específicas o a jugar a la quiniela. Hace poco más de un año, la crisis económica hizo que su dueño, Julio Zorzi, deje su oficina de la gerencia y vuelva al mostrador, aunque, como el mismo asegura, «no solo para ser el puente mecánico entre un producto y una persona».
Un equipo de LA ARENA llegó a su local a días del inicio del ciclo lectivo en búsqueda de información sobre una campaña solidaria que se impulsaba desde el lugar, una colecta de sachets vacíos de leche que se convertirán en cartucheras que llegarán a escuelas y merenderos de la ciudad.
«Mamuu apareció en el mercado con un precio muy bueno y fue un boom de ventas. La empezamos a consumir en casa y notamos que el sachet era más grueso que el de las otras marcas, por lo que me daba pena tirarlo», cuenta Zorzi.
Y agrega: «En casa sabíamos que había cooperativas sacheteras que hacen muy buen trabajo y se me ocurrió pedirle a los clientes que traigan los sachets para que en el inicio de clases podamos entregárselos a docentes y que así lleguen a los alumnos».
Llegó a juntar 5.000 envases, de los cuales entrega 100 a cada docente que se presenta en su comercio y que profesoras de Artes Visuales, Tecnología y Biología de colegios como el Juana Paula Manso y el Fernando Aráoz de Santa Rosa se encargan del armado de la cartuchera.

Búsqueda personal.
Mientras atiende a tres clientes a la vez, Zorzi hace honor a su condición de hombre tímido que se desinhibe en el mostrador -según sus propias palabras- y relata que no es la única actividad solitaria que lleva adelante. «El kiosco abrió en 1992 y estuve 13 años en el mostrador junto con un empleado. Pero después, con el tiempo me empecé a ir un poco buscando un lugar como gerente del kiosco, para lograr el crecimiento de la empresa», recordó.
Pero sintió que su oficio lo desgastaba, por lo que decidió crear la gerencia y buscar ahí su lugar. «Lo hice buscando mi tranquilidad mental, un cambio. Con el tiempo me di cuenta que a veces uno necesita poner la escalera en la pared equivocada para ver que no hay nada», sostiene al tiempo que recuerda que «cuando era gerente estaba solo, a mi oficina no entraba nadie, estaba cómodo».

El regreso.
Con el gerente alejado del mostrador, el comercio creció y se consolidó. Sin embargo, luego de casi 14 años en la gerencia, la crisis económica que desató el modelo del ex presidente Mauricio Macri impactó de lleno en el Líder. «El kiosco llegó a tener cinco empleados, todos en blanco, pero a principios de 2019, las medidas que tomó el gobierno impactaron acá y no me quedó otra que volver al mostrador pese a que me juraba a mí mismo que no iba a volver. No me quedó otra: el 25 de febrero del año pasado tuve que hacerlo», recordó Zorzi.
«A los pocos días de volver, tuve la necesidad de hacer algo distinto». Y resalta: «El kiosco es siempre un acto mecánico y no quise solo ser el puente entre un producto y una persona que lo consume. Además me pasó que entré en una etapa de mi vida en la que me di cuenta que tenía que agradecer lo milagroso de mi vida, lo que había logrado».

Actividad solidaria.
Es en ese momento cuando Julio Zorzi decidió emprender el camino de la ayuda social y empezó a pedir a sus clientes ropa, calzado, juguetes y libros hasta llenar un depósito ubicado en la parte de atrás de su local. «Un día llegó al local Sandra, la directora del colegio Panguitruz, y me contó sobre la necesidad de calzado que tenían en esa escuela. Después de eso me armé un afiche y durante tres semanas hablé con 1.200 clientes a los que les sembré la idea de ayudar y muchos comenzaron a traer donaciones», recuerda.
Fue ahí cuando se dio cuenta que «la gente necesitaba hacer algo por el prójimo, pero no sabía cómo». Cuenta que empezó a recolectar los materiales junto con el número de teléfono para que las personas que donaban puedan comprobar realmente que esas donaciones llegaban a destino «porque muchos me decían que tenían malas experiencias con las donaciones y me quise asegurar de que siempre todo llegara a destino».

Puesta en marcha.
Tras juntar las primeras donaciones, se armaron dos roperos comunitarios, uno en el Panguitruz y otro en el Fernando Aráoz. Después de esa primera acción, Zorzi cuenta que conoció al escritor Ariel Alpataco Vázquez que, junto con su hermana, recorren la provincia con la presentación del libro «Los últimos puesteros» y también ofrecieron su ayuda.
«Ellos conocen la necesidad del oeste y fueron abriendo puertas para que yo aparezca con las donaciones, por eso pudimos llegar en noviembre del año pasado a Santa Isabel, Algarrobo del Aguila, La Humada y Chos Malal», cuenta.
También señala que en Santa Rosa colaboran con un oratorio ubicado en el barrio Santa María de La Pampa y que hace unas semanas apareció en su local un músico santarroseño que le ofreció armar dos grupos de niños y niñas. «Fue Neco Santoro el que un día llegó y me pidió que arme dos grupos para armar un coro de niños y niñas gratuito. Se llama «Voces del Alma» y funciona en el Santa María de La Pampa y en el barrio Butaló», detalla.
Además, Zorzi cuenta que está vendiendo números para sortear un cuadro que donó la artista pampeana Marta Yurk. «Trajo una obra de arte solidaria, un árbol de la vida pintado sobre un fondo de billetes de $5. Con eso, vamos a recaudar $5.000 para comprar leche que le donaremos al merendero Sambatimbau, del barrio Matadero», expresa.
Zorzi sueña con que todas las empresas puedan desarrollar su costado solidario. «Entiendo que esto forma parte de la vida de mi empresa porque en mi caso tengo la suerte de no pagar alquiler, pude comprar mi casa y el kiosco está en una etapa en la que va con envión. Obviamente prefiero vender más que menos, pero ahora me llena más que una persona colabore y que podamos ayudar».

Consultorio odontológico.
Al recorrer el depósito en el que guarda temporalmente las donaciones que recibe, Zorzi se exalta al contar que hace algunos días llegó una particular donación: «Una clienta que trabaja como personal doméstico llegó al kiosco y me comentó que su patrona tenía un consultorio odontológico para donar. No lo podía creer así que llamé a Mauricio Dadán, que me ayuda con las donaciones, y me dijo que lo agarre».
Además, cuenta que «a los pocos días llegó al local Juan Pablo Marchessi, que es odontólogo, y me dijo -Julio, ya mismo me pongo a armar un grupo de odontólogos para atender a personas los sábados-«.
Si bien tienen el equipamiento, aún resta definir de qué manera, cómo y cuándo se pondrá en marcha el consultorio odontológico. Sin embargo, Zorzi desborda de alegría ante lo que califica como un «gesto emocionante» de parte de la persona que lo donó y de la clienta que hizo el puente para que se pueda efectivizar la donación. «A los pocos días de contarnos sobre la donación del consultorio, esa clienta volvió al kiosco, jugó a la quiniela y resultó ganadora».