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El genio de 8 años

Lorenzo tiene ocho años y, a simple vista, es como cualquier niño de esa edad. Sin embargo, posee una gran cualidad: es «superdotado». Su familia lo descubrió luego de que realizara un test de coeficiente intelectual en dónde superó los 130 puntos.
«Desde que nació, nos dimos cuenta que tenía capacidades muy buenas, tanto para empezar a hablar como para escribir», relataron su mamá, Nadia Cuffini, y su papá, Mauro Bodratto. «Empezó a caminar a muy temprana edad, a los nueve meses, y a leer solo a los 3 años», comentaron y, a partir de ese momento, se dieron cuenta que «algo tenía».
Recién a sus ocho años, y por propuesta de la dirección de la Escuela 95, decidieron realizar el test para determinar sus capacidades intelectuales. «Lo hicimos en Santa Rosa, con una psicopedagoga. Es un test milenario, que se hace no sé cuánto tiempo», explicaron a LA ARENA.
La prueba posee varias partes y, en general, puede prolongarse por cinco o seis horas, dependiendo del niño. Sin embargo, Lorenzo lo completó en cuatro horas. Según indicaron Nadia y Mauro, «estuvo en una habitación con la profesional, planteándole desafíos constantemente, que eso es lo que a él le encanta. Lo disfrutó».

«Salió fascinado».
Durante la experiencia, Lorenzo tuvo un recreo de 15 minutos para comer. «Salió fascinado de adentro», recordó su mamá y agregó «antes de que saliera pensaba que no iba a querer volver a entrar, pero volvió feliz a hacer la parte de matemática».
«Cuando terminamos, e íbamos caminando nos preguntó cuándo tenía que volver. Era su lugar, la psicopedagoga estaba súper encantada con él. Nos remarcó muchas cosas en las que era muy brillante», destacaron.
Mientras Lorenzo disfrutaba el desafío, su mamá reveló que no la pasó tan bien: «Yo estaba más nerviosa que él, además me sentía muy culpable por tenerlo tantas horas encerrado en un lugar, someterlo a eso. Me preguntaba, estará bien lo que estamos haciendo».
Finalmente, los resultados demostraron que Lorenzo era un niño con capacidades intelectuales increíbles y que contaba con una familia que lo acompañaba.

«Superdotado».
Los resultados se demoraron aproximadamente dos semanas y cuando llegaron la alegría fue inmensa. «El número para la gente que es superdotada es de 130 puntos, y Lorenzo obtuvo 128, hay puntos que le dan bajo pero, según la psicopedagoga, le pasa eso porque se plantea varias veces las cosas antes de responder. Como todo test, tiene puntos de inflexión, porque esos 128 puntos están aplacados, pero en realidad le da mucho más».
De esta manera, confirmaron que Lorenzo es un niño «superdotado», lo cual representa un desafío hacía el futuro. «Yo me siento re orgullosa como madre, pero sí con un poco de miedo. Porque ahora es difícil seguir todo esto, encontrar el lugar, las personas, no sabemos cómo vamos a seguir. Es un desafío. Siempre estamos tratando de darle las mejores herramientas desde acá», expresaron sus padres.
«Ahora cuando empiece la escuela vamos a ir a presentarlo y vamos a ver cómo encarar toda la situación. Existen estrategias de acompañamiento para el niño, así que veremos cómo seguimos», agregaron.

Primeros pasos.
Apenas ingresó al sistema educativo, Lorenzo ya daba muestras de sus increíbles capacidades intelectuales. «Al año y medio, lo mandamos a un jardín, que es Ventanita al Sol, ahí detectaron lo mismo y las seños fueron un lujo, se preocuparon para potenciar esas habilidades. A los dos años ya le leía a los nenes cuentos que él llevaba», relataron.
Luego fue el turno del Jardín de Infantes. Allí, Lorenzo «ya sabía leer, sumar, restar, multiplicar» aunque «era muy chiquito para eso». Además, «una vez se hizo dos afiches con el cuerpo humano, con todos los detalles, y se quedaron heladas. Ahí nos llamaron para darnos conocimiento y preguntarnos si sabíamos del potencial que él tenía».

Malas experiencias.
A pesar de que ahora la familia atraviesa un momento de felicidad, Nadia, Mauro y Lorenzo atravesaron momentos difíciles. Cuando ingresó a primer grado, empezaron los problemas y «estuvimos muy mal como familia» según manifestaron sus padres. «En la Escuela 4, nos mandaban a llamar a cada rato porque Lorenzo molestaba, se portaba mal, hacía cosas que no tenía que hacer. Nos mandaban a hacer terapia a todo el grupo familiar porque algún problema había en la casa, según suponían ahí», explicaron.
Hasta ese momento, la familia ya había sido advertida sobre el potencial de Lorenzo y le habían propuesto evaluarlo. Sin embargo, cuando lo plantearon en primer grado, la respuesta que recibieron fue que «él no era más brillante que nadie, que era un nene más».
«Nosotros estamos convencidos de lo mismo, pero le dijimos que él se aburría y que necesitaba más actividades. Como propuesta, le dimos un cuadernillo de actividades pero en una semana lo exprimió. En la escuela Lorenzo era un ‘violento’, lo diagnosticaban así sin un equipo interdisciplinario que lo asista», indicaron.

Cambios.
Por estos motivos, Lorenzo solo asistió tres meses y luego sus padres decidieron cambiar de método porque «el sistema no se iba a adaptar y él no se iba a adaptar». Pasaron semanas sin que vaya a la escuela, hasta que «apareció una luz de esperanza, que fue la escuela Los Chañares, que nos encantó la propuesta».
Allí, Lorenzo «se adaptó súper bien, porque iban acompañándolo. Eran grupos de pocos nenes, por lo que la clase era muy personalizada . Después se cerró la escuela por un decreto de Nación que cerró casi todas las escuelas experimentales del país».
«Estábamos en la nada, habían cerrado las inscripciones, no encontrábamos lugar en ningún establecimiento», recordaron sus padres y señalaron que «gracias a una conocida conseguimos lugar en la escuela 95. La directora nos llamó y tuvimos una reunión con ella, donde nos planteó que tenían ganas de abrirle las puertas a Lorenzo porque conocían su potencial y que iba a ser todo un desafío para ellas que él estuviera en la escuela. El entró en 3er. grado y la verdad para nosotros fue una luz, porque tiene unas docentes y una directora increíble, que son quienes nos propusieron hacer esto», destacaron.

Un mensaje para el Estado.
Luego de atravesar su experiencia con Lorenzo, Nadia y Mauro se preguntaron los motivos por los cuales “esto no lo cubre el Estado” y consideraron que “debería haber un ente que se encargue de hacer estas cuestiones. De hecho, las escuelas deberían trabajar constantemente con psicólogos y psicopedagogos”.
“A raíz de esto nos dimos cuenta”, explicaron. Y añadieron que “si no tenés los medios para hacerlo, no lo podés hacer porque cuesta dinero. También tuvimos que buscar por todos lados que nos dieran un turno”.
En ese sentido, los padres del niño también sostuvieron que “el sistema educativo no está preparado para contemplar este tipo de casos” y que, cuando se trata de niños como Lorenzo, “el sistema nivela para abajo. Realmente no hay infraestructura y dinero. No están contemplados estos niños”.
A su vez, resaltaron que esta clase de chicos “son muy sensibles y las frustraciones los aplacan mal. Hay que prepararle el terreno para que potencie todo lo que tiene”.

En el 6 % de la población mundial.
Luego de obtener los resultados del test de coeficiente intelectual que realizó semanas atrás, Lorenzo, con tan solo 8 años, fue calificado como “superdotado” y se incorporó al 6 % de la población mundial que posee estas características. Su familia aún no puede creerlo y ya piensa en los desafíos que tendrán a futuro. Sin embargo, no dudan en que intentarán darle todas las herramientas necesarias para poder potenciar sus capacidades y lograr que se desarrolle.