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Un oficio siempre vigente

El oficio de zapatero «remendón» casi ha quedando en el pasado, pero no obstante aún quedan algunos… Quizás con mayor trabajo hoy, cuando comprar un calzado nuevo es un sacrificio para los exiguos bolsillos de un laburante.
Pero en los tiempos que corren -cuando tanto se dice de la igualdad de género-, también deberíamos acostumbrarnos a decir «zapatera remendona», porque ése es precisamente el caso de Susana.
La zapatera a la que se hace mención ahora es Susana Siderac (65), quien vivió siempre en Villa Alonso, primero con sus padres, Luis Daniel, empleado de Vialidad Nacional y Emilia Schwab que se encargaba de la casa. Y aún cuando se casó muy joven con Julio Gette (72), su compañero de toda la vida (el 10 de abril del año que viene van a cumplir 50 años de casados), nunca se fue del barrio.

El aroma a cuero.
Allí mismo, en el corazón de Villa Alonso, tienen detrás de su casa el taller en el que trabajan juntos desde hace mas de 45 años. «Empecé de ayudante de mi marido que es el que sabía del tema… al principio me mandé varias macanas, y me ligué algunos retos, pero con el tiempo lo terminé retando yo a él. Hoy en día nos entendemos con una mirada, como que llevamos toda la vida juntos», cuenta Susana.
Al entrar al taller de Susana y su marido Julio, invaden al visitante los aromas del cuero, el cemento y las tintas. Típicos olores de esas zapaterías de las que ya casi ni quedan.

Familia numerosa.
Susana es madre de cinco hijos: Liliana, la mayor, es enfermera; Julio y Marco, el menor, que son penitenciarios; Luis Miguel, que es policía; y Laura que es empleada del Casino. «Me dieron 9 nietos, que ya están grandes… algunos los criamos nosotros también. Además tengo un bisnieto», añade.
Son muchos de verdad y Susana es la que se encarga de cocinar cuando se juntan todos. «Siempre soy la cocinera cuando nos juntamos todos… es bastante trabajo, pero me encanta cuando los tengo a todos reunidos», dice un poco emocionada.

El trabajo en el taller.
«Por suerte trabajamos siempre bien, trabajo siempre hubo. Y eso que nosotros no tenemos cartel ni nada… nos llegan siempre clientes nuevos por el boca en boca, más la cantidad de clientes que tenemos desde hace años. Y en esta época se siente que la gente no tiene para comprar nuevo, así que hay mucho trabajo, y además a la hora de retirar los trabajos, se nos junta mucho que no los vienen a retirar».
No sólo arreglan calzado, porque también se ven bolsos, pelotas y camperas. «Hay que hacer de todo, nosotros agarramos cualquier trabajo que haya», agrega Susana.

Un poco cansada.
Después de tantos años, Susana tiene ganas de dejar el trabajo, pero Julio no está del todo convencido. «Hace varios años que mi marido viene amagando, que este año es el último, pero al final siempre seguimos. Me pregunta siempre: ¿qué vamos a hacer si dejamos de trabajar?. Y le digo que tenemos que aprovechar que todavía andamos, que ya tenemos los hijos y nietos grandes, que tenemos que disfrutar de la vida distinto, poder viajar… Yo creo que este año lo convenzo y a fin de año ya largamos», cuenta y se disculpa.
Es que tiene que terminar de coser un par de zapatillas, porque los clientes las vienen a buscar al mediodía y tienen que viajar. Susana tiene la responsabilidad por el valor de la palabra dada. Mujer de trabajo. «Zapatera remendona», de las de antes…