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Un protocolo para los más chiquitos

AL AYELEN DE LOVENTUEL ASISTEN SIETE NIÑOS DE HASTA CUATRO AÑOS

Ludmila, Ciro, Mailén, Candela, Uriel, Vera y Juan son los niños y niñas que asisten al Programa Ayelén (bebés y niños hasta 4 años) en Loventuel, localidad de 150 habitantes donde es posible enumerar fácilmente a todos los participantes de cualquier actividad. Los más chiquitos de la comunidad están a cargo de Katya Morán y Belén Portela, quienes cuentan que a esa corta edad «ya incorporan y aplican perfectamente todas las medidas de cuidado». Entrado el otoño, el frío se hace sentir y «es tiempo de quedarse adentro, aunque todavía aparecen algunos días templados que aprovechamos para jugar en el patio o hacer caminatas por el Circuito de Salud, donde también hay algunos juegos».
En el interior del edificio está todo pulcramente acondicionado para el tiempo que se avecina. Empapelaron algunas paredes, para que los pequeños puedan incursionar en el muralismo sin restricciones («a todos los cubrimos con delantales para proteger su ropa»), con acuarela, acrílico, crayón o el material que prefieran experimentar. También hay suficientes juguetes, adquiridos por el intendente Oscar Hugo Martínez y, además de jugar, cada mañana comparten un desayuno con facturas horneadas en la panadería de Ceferina Ariazola. Sobre las 12,30 los usuarios del Ayelén retornan a sus hogares.

Nada mejor que el verano.
Durante el invierno deberán permanecer dentro del edificio, pero aún cumpliendo protocolos y respetando las restricciones que impone esta situación, resulta mucho mejor que el año pasado cuando «no hubo ninguna actividad hasta las últimas semanas del año». Afortunadamente, la autorización para reactivarla durante el verano les permitió «desarrollar perfectamente la colonia de vacaciones. Es la actividad que más disfrutan y también la que genera emociones más intensas: provoca mucha ternura observarlos jugar en el agua y aprender a nadar», agrega.
Katya (20 años) ingresó a trabajar en julio de 2018, cuando cursaba el último año del ciclo secundario en el Colegio Félix Romero de Victorica. «A finales de aquel año renunció la persona que estaba al frente y el intendente me designó como encargada, pero acá con Belén hacemos todo juntas. Durante 2019 pudimos hacer viajes y asistir a reuniones, charlas y talleres en el marco del Pro Vida», agrega. Por la pandemia, desde hace más de un año, los encuentros se realizan por vía virtual.
Cada mañana a las 9, los progenitores trasladan a sus hijos hasta la pintoresca casita del Ayelén, adonde ingresan de a uno, se aplican alcohol en gel y dejan la mochila antes de ocupar sus lugares «bien separaditos», en una única burbuja. Este coronavirus llega a todos lados, incluso aquí «hay dos casos activos en la comisaría», advierte Katya. Por eso, en cualquier sitio hay que cumplir medidas y respetar protocolos. Como en Loventuel, donde extreman cuidados desde los más grandes hasta los más chiquitos.