Inicio La Pampa "Un pueblito con gente grande"

«Un pueblito con gente grande»

UNA FAMILIA QUE SUPERO EL COVID EN LA HUMADA

Una de las hijas de la familia Vázquez de La Humada, Mariela, contó cómo impacta enterarse que sus padres son positivos a Covid-19. Qué sienten los hijos que están lejos y no pueden verlos. También cómo reacciona solidariamente una comunidad. «Allá, en donde todo es lejano, en el oeste pampeano, hay un pueblito chico con gente grande: ¡La Humada!», exclamó.

Anastacio «Kike» Vázquez (74) y su esposa Mirta (63), son pastores de la iglesia «Cristo la Luz del Mundo» en esa localidad oesteña. En el brote de Covid-19 en esa localidad, ambos se contagiaron, también una de sus hijas que vive allí.

Ayer, Mariela le contó a LA ARENA que «somos cinco hermanos, Laura es la única que vive en La Humada. Yo vivo en Rincón de los Sauces, al igual que mi hermano Darío. En tanto Omar vive en Centenario, y Fernanda en General Acha», reveló.

Baldazo

En su charla con este diario reiteró lo que escribió en las redes sociales de cómo les impactó la mala y preocupante noticia que les llegó el 6 de noviembre. «Muy temprano nos cayó un balde de agua fría cuando nos enteramos que papá era positivo de Covid-19», señaló.

La joven admitió haberse sorprendido porque en La Humada, nunca pasa nada. «Allá en un lugar inhóspito, un pueblito chico dónde se conocen todos, uno de esos lugares tan alejados de todo, que decíamos: ¡No, allá no va llegar! Pero pasó, y cuando pasó, uno de los primeros positivos eran nuestros padres», reflexionó.

Y recién ahí entendió que «a pesar de todos los recaudos tomados, y todos los esfuerzos para frenar la enfermedad, había llegado a La Humada, y eran nuestros viejos. Imaginen nuestras cabezas a mil por hora», reveló.

Desesperación

Y allí contó el impacto familiar que trajo la imposibilidad de circulación. «Y nosotros, muchos de sus hijos, viviendo lejos. Solo una hermana nuestra cerca -de ellos- y también positivo. No podíamos más que hablar por teléfono con ellos», vivenció.

La hermana, que vive en la mencionada ciudad petrolera de Neuquén, reflejó los estados de ánimo que disparó la impotencia de no poder acudir al seno familiar para aportar ayuda. Admitió haber pasado por etapas de «desesperación, angustia, y el miedo del momento que uno, como ser humano, no puede controlar».

Pero las noticias que llegaban del pueblo fueron calmando esas urgencias familiares insatisfechas. «Esto fue mermando con el transcurrir de los días, porque en La Humada, allá en el pueblito del oeste pampeano, se actuó rápido, se actuó con eficacia, se actuó con conciencia, se actuó con empatía y profesionalismo», aseguró.

«Mis padres fueron asistidos en todo momento, en todos los sentidos: por el Equipo de Salud, principalmente, el gran equipo de Salud de La Humada, sin dejar un solo día de tener comunicación directa con ellos, con sentido humanitario. En tiempos en los que a los ancianos se los deja a la deriva, el equipo fue crucial en su recuperación», resaltó.
Asimismo resaltaron el trato humanitario del Comité de Emergencia. «También fueron asistidos por ellos, por las autoridades, llamando diariamente a mi padre y consultándole si necesitaban algo», reconoció.

Solidaridad

Pero, además del sistema institucional, a Kike y Mirta, la comunidad no los dejó solos. «Todos, absolutamente todos, los comerciantes, en todo momento estuvieron dispuestos para lo que necesitaran, víveres… etc. Los vecinos que llamaban preguntando si necesitaban algo, se pusieron a disposición, total y desinteresadamente», agradeció.

«En nombre de mi familia queremos agradecer a todo el equipo que está en línea de fuego luchando contra el enemigo invisible. ¡Gracias, gracias, infinitas gracias, por la atención brindada a nuestros padres! Hoy están recuperados, ¡de alta! Porque allá, en donde todo es lejano, en el oeste pampeano, hay un pueblito chico con gente grande: ¡La Humada! Gracias de la familia Vázquez», concluyó el mensaje.

Al final de la charla, Mariela Vázquez, dijo que piensa en el momento de volver a ver a Mirta y Kike, y a su familia, y a la gente de su pueblo. «No veo a mis padres desde febrero cuando con mi marido estuvimos una semana. Espero que permitan circular para poder ir a La Humada a verlos. Les voy a dar mil abrazos y besos».