Inicio La Pampa Un sueño hace la vida más interesante

Un sueño hace la vida más interesante

De vez en cuando se sabe de personajes que se trasladan en larguísimos recorridos, sólo por la pasión de andar. Alejados de costumbres urbanas y comunes les gusta montarse a una aventura, y allá van.
MARIO VEGA
Debe tener su atractivo eso de andar sin urgencias, sin tener que detenerse a pensar en la cotidianeidad de trámites, sin hacerse la obligación de concurrir a trabajar a una hora determinada, o sin atarse a una vida de estudiantes. Se sabe que un año sabático no es otra cosa que un período de tiempo que alguien decide consagrar totalmente a cuestiones personales, dejando a un lado cualquier tipo de responsabilidad «común», como podría ser por ejemplo trabajar, estudiar, o la tarea que desarrolle habitualmente. No todos pueden hacerlo… No todos se animan, y no a todos les gusta, claro.
Se sabe de muchos artistas -por ejemplo- que disponiendo de posibilidades económicas se retiran por algún tiempo de su actividad habitual, para hacer otras cosas que no están vinculadas a lo que habitualmente se les conoce. Esos son los que suelen tomarse un año sabático.

Sentirse libres.
Pero hay también otro tipo de personas que -aunque no gocen de una determinada posición- también se atreven a dejar todo para hacer lo que les viene en ganas…
Cabe admitir que cuando se es muy joven el espíritu de aventura es casi normal, y resulta más factible atreverse a determinados lances… Podría especularse con que en esos casos la cuestión tendría que ver -tal vez- con la necesidad de sentirse libres, de gozar de la vida intensamente, sin ataduras…

La capacidad de afrontar un reto.
Juventud divino tesoro, se suele decir, y retrotrayéndonos -cuando esa etapa de la vida nos ha quedado bastante atrás, cabe admitir- no se puede menos que coincidir con una afirmación así. Pero también es verdad que -incluso después de transcurridos esos años en que las personas se sienten capaces de afrontarlo todo-, hay gente más adulta que igualmente hace gala de una lozanía que resulta digna de admiración, y también se muestra capacitada para emprender acontecimientos que parecieran estar destinados sólo a los jóvenes.
Conocemos muchos casos de personas ya mayores -incluso bastante maduras- que mantienen vivo ese ánimo para seguir bebiéndose la vida a cada paso… Y hay múltiples ejemplos, en distintas actividades, en diversas cuestiones. Y qué bueno que así sea!

A Alaska en bici.
El caso de Brian es el un pibe -estudiante de Ciencias Económicas- que precisamente este viernes partió hacia Alaska… Alguno podrá reflexionar que hay mucha gente a la que se le ocurre viajar a Estados Unidos, a Brasil, a México… o a donde sea. Pero en este caso la particularidad es que no irá en avión, ni siquiera en micro. Brian Alanís (23) hace un par de días que marcha hacia aquel destino que se ha fijado como meta pedaleando, y pedaleando…
Detrás quedaron su trabajo estable -al que renunció hace meses-, sus estudios postergados al menos por un tiempo, para emprender una aventura loca a la que pocos se deben animar.

Los «locos» del camino».
Es verdad que hay algunos otros «locos» que eligieron hacer largas travesías -muchas veces en bici, y algunos hasta caminando- para llegar a destinos ignotos. Por allí -creo que en Nicaragua- anda «Kuky», el hombre que partió hace algunos meses desde Río Negro, que pasó por toda La Pampa caminando con su carricoche donde llevaba algunas pocas cosas. Y va… y va…
El de Brian es otro caso, pero esta vez para realizar una larga travesía en bicicleta que lo llevará, si todo anda bien, hasta la lejana Alaska al norte del continente americano. Gustavo Palma -inveterado lector de estas páginas- suele andar «ofreciendo» personajes que, se le ocurre, tienen historias que merecen ser más conocidas. «Sí, la de Brian es una historia linda… me parece que tenés que hacerle una nota», sugirió. «Lo conocí en la despensa Oddi, donde nos encontramos, y cuyos dueños lo alientan en esta aventura que llevará adelante», sostiene Palma.

Disfrutar del transcurrir.
Brian es comunicativo, le gusta contar sobre lo que hará, y tiene claro que no todos estarían dispuestos a llevar adelante su aventura: «Mis amigos y mi familia me desean lo mejor… y sé que piensan que es una locura. Pero saben que es algo que quiero hacer», dice mostrando todo su convencimiento.
Se dice frecuentemente que viajar es conocer, descubrir, y hasta puede ser tomado como el placer de escapar de lo cotidiano… y están los que agregan que lo importante no es el destino al que se llega, sino disfrutar del camino y las experiencias que ese transcurrir puede deparar.

Familia numerosa.
Brian Alanís es nacido en General Pico, hijo de José Luis Alanís y María Ávalos. «Mi papá es retirado de la Policía, y mamá cuida a una señora mayor… están divorciados hace años», comienza.
Después dice que la suya es una familia numerosa: «Somos siete hermanos, los mayores varones y la más chica la única mujer. El mayor Jonatan también es policía como papá… Emanuel es ‘seguridad’ de una empresa en Buenos Aires; Eric trabaja en su herrería por su cuenta; Damián vive en Córdoba capital y trabaja en una ferretería; luego sigo yo; después viene Matías y la más chica es Débora, que estudia en Santa Rosa para Asistente Social», puntualiza.
Brian es soltero, hizo la primaria en la Escuela 259 de General Pico, la secundaria en la Unidad 16 y en el Chapearouge donde egresó en el 2013. «La verdad es que como alumno era regular, callado… cuando salí del secundario trabajé para una distribuidora de galletitas en Pico; y fue en 2016 que me decidí a estudiar Ciencias Económicas en la Universidad Nacional de La Pampa».

El viaje a Ushuaia.
Ya instalado en Santa Rosa comenzó «a trabajar en La Anónima… en ese momento dejé el estudio y le metí al trabajo, pero después de los tres meses que quedé efectivo me puse fecha para irme de viaje a fines de 2018. Cuando llegó diciembre de ese año presenté mi renuncia y el 29 de diciembre partí en bici para General Pico, a estar con mi familia y amigos; y ya el 7 de enero salí con la idea fija de llegar a Ushuaia, en Tierra del Fuego… Fui todo por la costa, y cuando volví lo hice por la cordillera… Me di el gusto de llegar a Ushuaia y estuve viajando 4 meses y medio. Llegué a General Pico y después de unos meses decidí seguir para el norte con la idea de llegar a Alaska. Y ya estoy arrancando, pensando en disfrutar del camino, y de la gente», dice entusiasmado.

La vida en General Pico.
Cuenta sobre su vida en su ciudad natal: «Vivíamos en el Barrio Ranqueles, y como éramos muchos hermanos andábamos siempre haciendo maldades, o mandándonos alguna que otra macana. La verdad es que de la infancia me quedaron unos pocos amigos con los que sigo en contacto, aunque fui un chico con muchas amistades y sociable, pero pasa que con el tiempo vas dejando de juntarte con algunas personas».
«¿Deportes? No, no era de hacer deportes en mi adolescencia, de vez en cuando jugaba al voley, basquet pero no era algo rutinario… pero eso sí siempre me manejé en bicicleta para todos lados: Mi familia no tenía auto, o cuando teníamos se la pasaba roto», rememora.

El bichito de viajar en bici.
Brian cuenta cómo fue que le empezó a picar eso de hacer largos trayectos montado a una bicicleta… «Una vez escuché a un amigo que se había ido hasta Bariloche pedaleando, y después leí en el diario de un piquense que viaja en bici y que iba a llegar hasta Alaska… por eso me decidí hacerlo yo también en bicicleta, ya que era una movilidad que siempre usé en los últimos tres años. He ido al gimnasio, salía a correr o andaba en una mountain bike por el monte, como para tener un mejor estado físico», menciona.

El equipamiento.
Su equipaje de viaje está compuesto en la bici por dos bolsos que lleva atrás, y otros dos adelante: «Llevo poca ropa, bolsa de dormir, aislante, una carpa, un anafe y gas butano… ollas para cocinar, una cámara de foto y el ukelele porque son cosas que me gustan… además una mochila para hacer tracking, por supuesto botellas de agua, y comida como arroz, fideos, latas, etc».
Rememora que antes de largarse a ir para la Patagonia «no había andado nunca a dedo… En realidad había salido poquito: unos pocos viajes cortos en bici, una vez en colectivo a Monte Hermoso para conocer el mar con mi mamá y mi hermana Débora; y una más para ir a La Bombonera para ver un partido de Boca… Soy muy bostero y miro mucho fútbol, de cualquier liga. Si hasta llevo conmigo una remera de Boca y además soy fanático del Arsenal de Inglaterra. Ese es otro de mis sueños: conocer su cancha y ver un partido allí.

América, ¿después Europa?
Cuando más chico me ilusionaba con conocer Londres, pero ya más de grande me decidí por recorrer los países de América antes que cruzar a Europa», dice el joven.
Aquella vez que conoció Buenos Aires lo disfrutó mucho «aunque fueron poquitos días… Me di el gusto, porque no era fácil para nosotros que somos una familia numerosa… no había dinero para darnos esos gustos de salir de vacaciones», se pone serio.

Andar con precaución.
Cuando le pregunto qué dificultades se le pueden presentar en la ruta, en tan largo recorrido, señala que un problema «puede ser que se me rompa la bici y no tener dinero como para repararla… y en cosas malas trato de no pensar, aunque eso sí voy con precaución, considerando no pasar por lugares que sean peligrosos».
De todos modos señala que tuvo «la gracia de que la gente siempre me trató bien y creo que es un plus que la bici te da… me parece que las personas ven el esfuerzo que estás haciendo, que uno va haciendo kilómetros y kilómetros dejando atrás familia, amigos y toda una forma de vivir», expresa.

«Ahora soy joven».
Ahora mismo, poco antes de emprender su recorrido, Brian estaba viviendo en Santa Rosa, «alquilando con mis hermanos… me manejo con unos ahorros que me quedaron cuando renuncié a La Anónima. Pero lo cierto es que me gusta vivir siempre en lugares diferentes, no instalarme en un lugar… aunque sí quiero regresar siempre a La Pampa, para visitar a familia y amigos. Igual esto lo digo con 23 años, y tal vez cuando sea más grande cambie mi punto de vista», admite.

Nuestra realidad.
En algún momento de la «charla» Brian dice que «la política mucho no me interesa… tengo una idea, pero no una postura definida. Nuestro país tiene muchas riquezas naturales, puede crecer mucho… la educación es gratuita, se podría estar mejor económicamente pero desgraciadamente no se aprovechan las cosas buenas que tenemos… No hay quien políticamente haga las cosas bien, por eso desde hace años estamos mal… de La Pampa digo que me gustaría que el turismo mejore, que se desarrolle; y en cuanto a Santa Rosa, donde viví el último tiempo veo que la dejaron venir abajo, se descuidaron muchas cosas… además los vecinos deberían tomar conciencia de que hay que mantener la limpieza de los lugares públicos», reflexiona.

Ponerse metas, y cumplirlas.
Y sigue Brian: «Mi sueño por ahora es seguir viajando, conocer gente, demostrar que los sueños están para cumplirse. Desde chicos soñamos ser grandes, y ahora que lo soy quiero aprovechar eso: ponerme metas y cumplirlas; hay que animarse a hacer cosas locas… Por eso me quedo con una frase de Paulo Coelho en su libro El Alquimista, que dice que ‘cuando una persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño’; y hay otras también más o menos en el mismo sentido», señala.

Ya anda por San Luis.
Revela que antes de enfrentar un gran viaje, como este que arrancó en la mañana del viernes desde su General Pico natal -y que ya lo tiene en rutas de San Luis-, obviamente se pasan momentos de nervios, de ansiedad. «Pensás muchas cosas, imaginás cómo va a ser la aventura… Te cuento que por ahora un poquito aburrida, porque en esta ruta -Pico-Arata-Arizona, etcétera- no anda nadie», revela Brian antes que la señal del celular se le vaya perdiendo en el camino…
Antes de partir me había dicho que «la bici es un proyecto para algún tiempo más, pero más adelante pienso en armar una furgoneta como una especie de motor-home y viajar muchos años más… conocer lugares, gente, siempre llevando mi propia casa a cuestas», idealiza.

Realizar los sueños.
Y de verdad llama un poco la atención -al menos para los que tenemos algunos años y no osaríamos emprender un suceso semejante-, aunque las palabras de Brian nos quedan dando vueltas en nuestra mente.
Porque cuántas veces expresamos -ante alguna dificultad, o cansados de diversas situaciones-, que nos iríamos ya mismo a un largo viaje… no todos lo pueden concretar, y mucho menos nos sentimos en condiciones de lanzarnos a una ruta en una bicicleta para ir detrás de un sueño… con la ilusión de verlo todo, de atesorar paisajes y personas con la mirada y fijarlos en la mente. Decía Coelho que «es justamente la posibilidad de realizar un sueño lo que hace la vida más interesante». Brian bosquejó esa posibilidad… y sí se anima… En eso anda.

«Hay mucha generosidad».
Brian Alanís tiene, claro está, una y mil anécdotas para contar en un diario de viaje, y en general puede referir que han sido alegres, divertidas, y en todo caso podrá admitir algún que otro contratiempo.
«En lo que me tocó en mi ida y vuelta en bicicleta a Ushuaia puedo decir que tuve experiencias muy lindas, con muchas personas que me iban expresando su generosidad… de distinta manera».
Recordó que en un momento, cuando «llegaba a General Conesa (Río Negro), cansadísimo, muerto de calor, después de charlar del viaje con algunas personas me invitaron a comer asado, y me convidaron vino, que si bien tomé debo decir que no soy de beber. Pero esa vez, aunque no era muy fanático del vino lo disfruté mucho por la generosidad de esa gente. Otra vez en Playas Doradas, cerca de Sierra Grande, conversaba con un hombre… porque me gusta mucho hablar, conocer del lugar donde voy llegando, y le pregunté dónde podía dejar la bicicleta para meterme al agua: al principio me dijo de dejarla en la comisaría, que quizás me la cuidaran, pero luego se ofreció a que la deje en el departamento donde estaba parando con la familia. Pero no sólo eso, sino que además me dieron de comer, y me invitaron que me quedara a descansar… que no había problemas. Esa vez pasé la tarde con ellos, prácticamente sin conocerlos, y son las cosas que uno no está esperando pero surgen espontáneamente», agrega.
Una más: «Una vez, estando en territorio chileno, le pregunté a una familia si me dejaban poner la carpa y sin problemas me dijeron que sí… a la mañana siguiente me invitaron a desayunar con ellos y cuando me estaba yendo me regalaron pan casero y mermelada. Pero pasa en casi todos lados, porque esa vez volviendo a Argentina, en un pueblo me pasó lo mismo, entré a pedir agua y me quedé todo el día invitado. Es lo que sucede habitualmente», concluye.

Un viaje compartido.
Por estas horas Brian Alanís estará rumbo a San Luis capital, donde permanecerá apenas unas horas para seguir hacia el norte en su bicicleta. En tanto, ha prometido que irá compartiendo las cosas que le vayan sucediendo, aprovechando que hoy con un celular puede estar en contacto con el mundo. «Intentaré hacer videos y publicarlos. Mi instagram es brian.alanis34 y el facebook brian.alanis34», precisa. En el final señala que le gustaría «poder recibir algún auspicio de quien le interese el viaje, como para armar un fondo de dinero, por si le pasa algo a la bici y arreglarla me pudiera salir caro», indica.