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Una historia triste con final feliz

AVES PAMPEANAS APARECEN AHOGADAS EN CORDOBA

El hallazgo de aves pampeanas ahogadas en el tanque de un campo del sur de Córdoba, puso en evidencia el trabajo interdisciplinario que muchas personas y organismos científicos realizan en pos de la conservación de la fauna silvestre. El ave que disparó esa red de comunicación y concientización fue un halcón colorado hembra que había sido anillada en 25 de Mayo en el marco de un proyecto de investigación que apunta al control biológico de los tuco-tuco. Su triste historia redundará en una mejoría en las estrategias para la conservación de la avifauna, en el conocimiento de sus beneficios y el apoyo de los productores rurales a las propuestas de los sectores que bregan por cuidar la biodiversidad.

Lo sucedido con la halconcita pampeana refleja cómo una acción local puede repercutir en escenarios distantes e imprevistos, y muestra que los compromisos con el cuidado del ambiente son cada vez mayores. Lo sucedido generó una espontánea red de comunicación que beneficiará a la avifauna, a los propios productores rurales y seguramente aportará un fuerte respaldo a este tipo de proyectos de investigación.

Ahogado.
A mediados del año pasado, un productor rural del sur de Córdoba encontró dos halconcitos ahogados en un tanque australiano que tiene en su campo, cercano a la localidad de Serrano. Uno de los halconcitos resultó ser una hembra que había sido anillada en la zona de 25 de Mayo en el marco de un proyecto científico conjunto entre Conicet, INTA y la Universidad Nacional de La Pampa.

El productor, Roberto Anchustegui, volvió al día siguiente al tanque y encontró otro halconcito dentro del agua, vivo pero al borde de sus fuerzas, luchando por no ahogarse. Lo rescató y lo liberó. La historia que empezó triste, tuvo un final feliz.

Tras hallar las aves, el productor rural Roberto Anchustegui, se contactó con el personal del INTA Rafaela, en particular con un investigador de ese lugar, Jorge Frana, quien le agradeció que se hubiera ocupado de saber cuál era el origen del anillo.

Con los datos que le compartió Anchustegui en la comunicación telefónica, Frana determinó que el anillo había sido colocado en el Centro de Estudios para la Conservación de las Aves Rapaces de Argentina, Cecara, de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UNLPam, organismo al que contactó para comentarles lo sucedido en Córdoba.

El productor se interesó por las rampas de rescate que han desarrollado y promocionado los organismos pampeanos, de cuya existencia no estaba en conocimiento, y de inmediato pensó en una propuesta para evitar que más animales murieran ahogados en su tanque. Su sensibilización con el tema comenzó el día que encontró a un perro ahogado en el tanque. «Eso me partió el alma», contó. A partir de ahí, empezó a prestar más atención al tema.

Ahora, Roberto se ha convertido en un militante de esta causa y cada vez que encuentra una persona interesada, le cuenta de las rampas que han desarrollado los investigadores pampeanos, y de su propia solución, sencilla pero efectiva.

Anillamiento.
El halconcito ahogado había nacido en 25 de Mayo en el marco de un proyecto de investigación de la ingeniera en Recursos Naturales, Ana Paula Alamo Iriarte, egresada de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, para buscar mecanismos de control biológico de los tuco-tuco de la zona bajo riego. Alamo Iriarte, que a fines de 2020 se recibió de Doctora en Ciencias Biológicas con esta investigación, instaló una serie de cajas-nido para albergar a estas rapaces y determinar si resultaban efectivas para controlar a los roedores que tanto complican a los pivots de riego de esa zona.

Este proyecto fue financiado por Conicet mientras que el INTA -tanto a nivel nacional como las delegaciones de Anguil y 25 de Mayo- aportaron personal, lugar de trabajo, fondos y trabajo de campo, y la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales participó con personal y lugar de trabajo.

«Toda esa comunicación hizo que se armara una red y que este productor de Córdoba conociera tanto el proyecto de control biológico de 25 de Mayo, como también el proyecto del Cecara en relación a los tanques australianos y a las rampas», valoró Alamo Iriarte. «Fue una linda experiencia porque el productor volvió a ir al tanque, descubrió otro halconcito, que se estaba ahogando y lo pudo salvar y liberar».

La joven rescató de esta experiencia «cómo todos los proyectos de investigación se van complementando y lo que es un servicio ecológico pensado para 25 de Mayo lo termina siendo para un productor de Córdoba, y como nos vamos ayudando mutuamente, tanto por la comunicación como por las acciones de cada uno».

«Este productor de Córdoba salvó un halconcito que tal vez le hace el control biológico o le ayuda a él mismo o a otro productor en otro lado. Se produjo una sinergia de proyectos y buenas acciones en general, y de cómo la fauna beneficia al productor y cómo el productor tiene su rol en el cuidado de estas especies».

Rampas.
Las rampas de rescate han resultado ser un efectivo método para reducir la mortandad de aves en los tanques que almacenan el agua para la bebida del ganado u otros fines.
Emilia Giusti fue una de las primeras que trabajó sobre el tema en nuestra provincia. Entre los año 2014 y 2015, cuando era estudiante avanzada de la Ingeniería en Recursos Naturales Renovables (FCEyN – UNLPam) realizó un intenso y abnegado trabajo de relevamiento sistemático de 90 tanques australianos en el oeste pampeano que le permitió tener un panorama del impacto ambiental que tienen estos depósitos -un efecto potenciado por la desaparición de los ríos Atuel y Chadileuvú, y los bañados que generaban- y evaluar la eficacia de las rampas.

Con apoyo económico del gobierno provincial, la joven y un chofer de la provincia recorrían cada fin de semana 30 tanques para determinar si había animales muertos y a qué especie pertenecían. «Durante más de un año salimos todos los fines de semana, todos. Fue una cosa de locos pero valió la pena», contó la joven, que recordó entre risas que durante ese año y medio «tuve cero vida social».

Su esfuerzo valió la pena. La investigación reveló que los animales que se ahogaban en los tanques que no tenían rampas eran el doble de la que ocurría en aquellos tanques no tenían ningún sistema para escapar a esa trampa.

Aunque las aves eran el porcentaje mayoritario, Emilia también encontró mamíferos (gato montés, chancho jabalí e incluso ciervos), reptiles y anfibios ahogados. En estos casos, la mortandad estuvo potenciada por el hecho de que el tanque se encontraba muy cerca del piso o algún montículo permitía llegar hasta su borde y facilitaba que los animales cayeran dentro del estanque. «Deben haber tenido una agonía terrible», se entristeció la joven.
Emilia obtuvo su título de grado con este trabajo científico. Obviamente, las calificaciones fueron las mejores. Ahora está preparando un ‘paper’ en el que detallará lo observado, con mucha información estadística, y mostrará la eficacia de las rampas de rescate como elemento de protección de la fauna. También aconsejará remover cualquier elemento que permita que mamíferos, reptiles y anfibios trepen hasta el borde del tanque.

Una esperanza que alienta es que algún día exista una regulación que disponga que todos los tanques deben tener estas rampas, los existentes y los que se construyan a partir de ahora. Más aún, que aquellos que vienen prefabricados salgan de fábrica con un sistema de escape como este.

Cecara.
El año pasado, el Cecara dio a conocer lo sucedido con la halconcita pampeana mediante un comunicado que subió a sus redes sociales. «A partir de estos episodios, y del rápido contacto de este productos con el INTA y el Cecara, se insistió en la necesidad de instalar rampas de rescate en sus reservorios de agua para evitar más eventos de mortalidad en el futuro», explicó el instituto en ese comunicado.

«La acción responsable de este productor permite seguir cuidando estas especies que, en esta y otras zonas rurales, brindan un servicio ecosistémico como el control de especies perjudiciales», destacó.

«Solamente mediante la acción conjunta de autoridades, centros de investigación y pobladores locales podremos revertir la crisis de biodiversidad en la que estamos sumidos actualmente», concluyó.

Un charquito.

En el caso de Anchustegui, su solución para evitar la mortandad de animales fue tan sencilla como efectiva: en uno de los caños que salen del tanque hizo un pequeño agujero por el que cae un hilo de agua que genera un charco a pocos metros. «Hice una represita para retener el agua, y ahora veo todos los días cómo los animales se acercan a tomar agua ahí y no en el tanque», contó.

«Es increíble, pero desde ese día no volvieron a aparecer ni un solo animal ahogado más, ni uno solo», destacó el productor rural con orgullo. «En todo el tiempo que pasó, nunca más encontré un animal muerto en el tanque. Es una forma de salvarlos», refrendó.
La muerte de aquellos dos halconcitos y la liberación del tercero fueron el principio de una sinergia que en forma imprevista conectó a productores rurales, a jóvenes investigadores y a organismos de ciencia. En forma casual, esfuerzos distribuidos en lugares distantes e inconexos se alinearon en una misma dirección.

Cada vez más tanques de agua en los campos, sean los llamados australianos o los de material, poseen rampas metálicas que significan la diferencia entre la vida y la muerte para cientos, quizás miles de animales, tanto pájaros como mamíferos -incluso de gran tamaño- y reptiles.

Las redes de comunicación a veces aparecen en forma espontánea pero son más efectivas si previamente existe un trabajo de investigación y de extensión en el cual apoyarse y construir nuevas posibilidades.