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Una pampeana encerrada en Trieste

LLEGO EL MISMO DIA QUE ITALIA CERRO SUS FRONTERAS

Gisela Weiz es otra pampeana que se encuentra recluida en un departamento de la ciudad italiana de Trieste sin poder disfrutar de la belleza del lugar a causa de la pandemia de coronavirus. Junto a su esposo y su pequeño hijo, la joven llegó a Italia el mismo día que ese país decidió cerrar sus fronteras. Desde entonces solo se mueve entre su departamento y el moderno centro científico en el que está investigando la potencialidad antitumoral de un compuesto químico desarrollado en La Pampa.
La familia pampeana llegó a Italia el 10 de marzo, el mismo día que el gobierno de ese país decidió tomar medidas drásticas para controlar el avance de la pandemia de Covid-19. «Ni bien pasamos Migraciones, el personal nos informó lo que estaba pasando y nos preguntaron si aún así deseábamos quedarnos», contó la joven en una comunicación telefónica con esta Redacción.
El matrimonio optó por quedarse y afrontar la situación. Instalados en el departamento en Trieste, los primeros días y pese a que el país ya había cerrado sus fronteras, hacia adentro la vida era bastante normal. «Se podía salir afuera, ir al parque y circular con precauciones», contó.
La situación se endureció el 16 de marzo, fecha en que «ya no se pudo salir más: cerraron los parques, se necesitaba un certificado para circular y solo se podía ir al supermercado y a las farmacias».
El departamento en el que se hospeda está cerca de la terminal de colectivos de la ciudad, lo que facilita su traslado al área Science Park, un parque científico muy importante ubicado a 12 kilómetros, en el límite con Eslovenia.
«Science Park es un parque científico multidisciplinario y el laboratorio al que voy yo pertenece a la Fundación Italiana Fegato, o Fundación del Hígado», explicó la joven pampeana. Pese al contexto general, Gisela pudo poner en marca su trabajo y de hecho, a un mes de haber comenzado ya hay resultados auspiciosos.

Compuesto antitumoral.
Tras obtener el Doctorado en Química en la Universidad Nacional de La Plata, Gisela continuó trabajando en el Laboratorio de Microbiología y Biocatálisis del Departamento de Química de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales sobre un compuesto que habían logrado sintetizar tiempo atrás y que mostraba un comportamiento en tumores avanzados que merecía una investigación más profunda.
Hace año y medio, empezó a realizar unas pruebas y experimentos sobre la capacidad antitumoral en hígados que presenta el compuesto. Lo hizo junto con Javier Breccia, director del Laboratorio, y Guillermo Mazzolini, director de Terapia Genética del Hospital Austral.
Los buenos resultados de los ensayos, practicados en ratones, habilitaron la posibilidad de gestionar el patentamiento del compuesto y de llevar la investigación a un nivel más profundo, con la mira puesta en determinar cómo actúa sobre las células cancerosas.
La acción favorable del compuesto se manifiesta en «etapas avanzadas de los tumores», en los que se vio una retracción del volumen tumoral, detalló la investigadora. «Lo probamos tanto en dosis orales como a través de inyecciones. En las dos vías mostró resultados interesantes, sobre todo a través de las inyecciones», precisó.
El compuesto se desarrolló a partir de tomar una droga comercial y modificarla adicionándole un azúcar. «Los resultados eran auspiciosos pero para avanzar necesitábamos contactarnos con gente experta en hígado», y allí surgió la intención de contactarse con este Instituto, un centro médico de prestigio internacional.

Parque científico.
El área Science Park se encuentra a 12 kilómetros al sur de la ciudad de Trieste. Para llegar allí, hay que tomar el transporte público y realizar un viaje que insume unos 15 minutos.
«Como tengo un certificado, puedo circular sin problemas, y hasta el momento no he tenido problemas», contó Gisela. En el centro médico el número de personas que concurre a diario es bastante bajo y solo se ven una o dos personas por oficina.
El equipo con el que se vinculó en la Fundación Fegato está en permanente contacto con ella para ayudarla en estos momentos y de hecho para el cumpleaños de su hijo Joaquín, «me trajeron un regalito cada uno, o me lo hicieron llegar», valoró.
El trabajo de Gisela en la Fundación Italiana Fegato intentará dar un paso sustancial en la investigación: determinar el comportamiento del compuesto en células humanas. «Es un estudio que se hace ‘in vitro’ y que de corroborarse los resultados positivos, deberemos en el futuro probar el medicamento en ratones nuevamente», explicó.

En familia.
Gisela se encuentra en Trieste junto a su esposo, Federico Vendramini, y al pequeño hijo de ambos, Joaquín, que cumplió sus tres años hace unos días.
Profesor de educación física, Federico dedica sus horas a estar con el pequeño Joaquín y esperar a que regrese su esposa. Cuando ello ocurre, se turnan para aprovechar la leve flexibilización que ha autorizado el gobierno italiano, que permite salir fuera del domicilio pero hasta 200 metros, solos, y usando una mascarilla.
«Esto te permite salir a dar una vuelta a la manzana y despejarte un poco. Salimos uno primero y otro después, porque no se puede andar de a dos personas juntas». El pequeño Joaquín es el que mejor sobrelleva la cuarentena. «Está bien, mejor que nosotros», contó Gisela entre risas.
Los proyectos del matrimonio de aprovechar cada fin de semana para salir a recorrer esta bella región de Italia y sus cercanías, obviamente están de momento cancelados, sin perspectiva clara de cuándo volverá la normalidad. «A veces el ánimo se viene abajo un poco, sobre todo cuando anuncian que van a alargar la cuarentena», contó. «Cuando dijeron que llegaba hasta el 13 de abril, uno pensaba ‘el 14 voy a poder hacer todo lo que tengo ganas’, pero ahora la extendieron hasta el 3 de mayo, así que hay que seguir esperando…», confesó.

El espejo argentino.
En Italia «las cosas están mejorando, y de hecho los números van mejorando», señaló la joven, remitiendo a la información que transmiten los medios de comunicación. «Ellos dicen que tomaron tarde las medidas, lo reconocen, pero también señalan que tienen una gran población de la tercera edad, y de hecho el promedio de las muertes acá es de 80 años».
La atención social y estatal está centrada no en la cantidad de contagiados o muertos, sino en la descompresión de los hospitales, que llegaron a estar desbordados por la cantidad de personas que necesitaban internación. «Ahora se mira cómo baja la ocupación de camas de terapia intensiva», comentó. «De hecho, ahora se comparan con España y Francia», dos países limítrofes que ahora están registrando la mayor cantidad de muertes diarias por coronavirus.
A fin de verificar que la circulación del virus es cada vez menor, en Italia se realizan en torno a 50.000 testeos por día. «Ellos dicen que el panorama es positivo porque cada vez más personas abandonan Terapia Intensiva».
Por lo pronto miran con algo de admiración a Argentina, que declaró el aislamiento social obligatorio prácticamente en la misma fecha, pero con una notable diferencia en la cantidad de personas contagiadas: Italia lo hizo el 16 de marzo cuando ya había 20.000 contagiados, y Argentina lo hizo el 20 de marzo, con solo 100 personas afectadas.
Gisela destacó el contacto permanente que la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales mantiene con ella para saber cómo está, tanto ella como su familia, y lo mismo de parte del Consultado argentino.
«Estoy en contacto con ellos todo el tiempo», valoró. Por lo pronto, el matrimonio tiene pasajes para volver al país el 27 de mayo, pero en este cambiante contexto, decir qué va a pasar dentro de más de un mes es hacer futurismo.