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LA JOVEN GUILLERMINA CORRALES ESTA A UN PASO DE GRADUARSE DE PROFESORA

La cantante piquense, Guillermina Corrales, a punto de graduarse del profesorado de música del Instituto Superior de Bellas Artes de esta ciudad, reflexionó que en la sociedad aún falta avanzar mucho en pos la inclusión de las personas con discapacidad.
La joven que padece de ceguera, siguió el camino de la música desde muy chica y se ganó un espacio en el ámbito local. Apenas le queda la tesis para culminar con su profesorado, y espera en el futuro poder dedicarse a la docencia.
«Me di cuenta desde bastante chica de que me gustaba la música, de que tenía capacidad. Arranqué a los 7 años a tocar el piano con Jorge Sosa y seguí aprendiendo algunas cosas de canto. Después aprendí sola a tocar la guitarra, y ya más de grande, en la adolescencia, tomé clases de canto con Silvia Zabzuk. Después me inscribí en Bellas Artes, rendí todo y solo me falta la tesis para recibirme del profesorado de música», le dijo a LA ARENA.
Contó que este desarrollo, como en toda su vida, fue fundamental el acompañamiento «de la familia, de mis hermanas y mis padres. El ayudarme no es solo llevarme y traerme a algún lugar, si no hasta en las cosas más insignificantes, como vestirme, maquillarme y elegir la ropa».
«En cuanto al estudio creo que la provincia no está muy preparada como para enseñar a una persona ciega. No tiene recursos ni profesores, y a veces es un poco engorroso porque encontrás profesores que no saben cómo enseñarle a uno», manifestó.

Barreras.
En el día a día, las dificultades se repiten en cuestiones muy cotidianas como ir al cajero automático o a hacer las compras al supermercado. «Cuanto más tecnología hay, hay veces más se nos excluye. En el Banco, hay todas máquinas táctiles hasta para sacar el número del turno, y tengo que ir con una persona que me acompañe y que vea. Además hay un solo cajero con voz, y hay cosas que no se pueden hacer», señaló y agregó: «Son las cosas más cotidianas, en las que no se paran a pensar en el otro. Estaría bueno que se implementen un montón de cosas para poder incluir a la gente con discapacidad. Yo hablo desde el lugar de la ceguera. Son pequeñas cosas en las que uno a veces no se da cuenta, u que si entre todos pudiéramos accionar, estaría bueno. Falta pensar un poco más en el otro, y así podríamos vivir un poco más cómodos».
Guillermina que está a poco de terminar su carrera, piensa dedicarse a la docencia y así poder ayudar a personas, que al igual que ella, también encontraron barreras en el ámbito educativo, con docentes que no tuvieron las herramientas para enseñarle a un alumno y alumna con ceguera.
Aunque la música es su gran pasión y dedica gran parte de sus esfuerzos a ello, desde hace un tiempo también se volcó al deporte. Empezó el año anterior a tomar clases de fútbol, pero la pandemia le puso en freno a su ilusión. «Estoy empezando a hacer fútbol para ciegos, en el club La Barranca de Santa Rosa. Estaría bueno que se siga sumando más gente, porque es un deporte muy lindo. Me sumé en 2019, y el año pasado, con todo lo de la pandemia, apenas pude ir una sola vez. Es muy lindo para compartir y nos sirve mucho para mejorar la motricidad», contó.