Utelpa recordó a Fuentealba
La Utelpa recordó ayer a Carlos Fuentealba a 11 años de su asesinato, a manos de la policía de la provincia de Neuquén, en medio de una brutal represión contra una protesta docente. La Seccional Santa Rosa del gremio realizó una actividad conmemorativa y de reclamo de Justicia en el frente de la sede que el sindicato posee en la calle Belgrano, donde un grupo de docentes que integran el grupo de Muralistas Políticos Pampeanos pintó un mural con la imagen del docente.
"La actividad une el pedido de Justicia por el asesinato de Fuentealba con los reclamos actuales que tenemos los docentes, por la reapertura de la paritaria nacional y contra el cierre de los institutos docentes de la provincia de Buenos Aires", explicó el secretario adjunto de Utelpa Santa Rosa, Carlos Urmente.
El dirigente explicó que en paralelo, la secretaria general de Utelpa La Pampa, Lilia López, viajó a la ciudad de Neuquén, donde participó del acto central en memoria del docente neuquino. "Fuentealba fue ultimado por el Estado argentino, que últimamente está con una impunidad total con los casos como el de Santiago Maldonado y el de Rafael Nahuel", sostuvo Urmente.
Los familiares de Fuentealba están reclamando aun hoy, luego de 11 años, que avance la causa judicial contra los autores intelectuales de la salvaje represión que terminó con el asesinato del maestro. En ese sentido, apuntan directamente al entonces gobernador de Neuquén, Jorge Sobisch, quien ordenó la represión a la manifestación del gremio ATEN, al que el docente pertenecía.
El ataque a Fuentealba ocurrió el 4 de abril de 2007, en el marco de una huelga del sindicato docente ATEN, miembro de Ctera, en la que se decidió hacer un corte de la ruta 22, cerca del pueblo de Senillosa, como medida de protesta. Ese día la policía provincial recibió la orden de Sobisch de impedir el corte.
Tras desalojarlos por la fuerza, cuando los docentes se retiraban en vehículos, el policía José Darío Poblete, del Grupo Especial de Operaciones Policiales (GEOP), disparó a la cabeza de Fuentealba con una granada de gas lacrimógeno a tan solo dos metros de distancia. El docente viajaba en ese momento en el asiento trasero de un automóvil. El cartucho atravesó el vidrio y le provocó una herida que le provocó la muerta al día siguiente.
Artículos relacionados
