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Valentía para subir la cortina

Juan Antonio Berot lleva adelante «Vicenta», una fábrica de cortinas roller que se especializa en black out y screen para interiores. Desde el Parque Industrial santarroseño vende hacia la provincia y a otras ciudades como Córdoba y Bahía Blanca.
La historia personal que cuenta Juan Antonio Berot tiene tantos capítulos variados como interesantes. A sus 57 años recorrió innumerables lugares y trabajos y hoy, junto a su hijo Gastón, puede contar y mostrar su propio emprendimiento, un proyecto que edificó con el mayor esfuerzo y que por estos días le brinda sus frutos gracias a su capacidad como fabricante y vendedor.
«Nací en General Acha y a los 10 años quedé huérfano, así que estuve de pupilo en una escuela de curas. Mi papá era tambero y cuando terminé la primaria yo no quería ir al campo, como hicieron mis hermanos, así que de noche empecé a estudiar en el Comercial porque mi sueño era ir a trabajar a un banco, yo tenía esa aspiración. Y en esa época ya tuve mi primer trabajo que era barrer un taller mecánico», cuenta Berot a modo de introducción a su propia historia.
Cuando Juan Antonio terminó sus estudios, el destino no fue un banco sino que ingresó a una empresa dedicada a las obras viales («en ese momento lo conocí al ingeniero Carlos Verna que estaba en la empresa Ripiera del Valle», recordó). Y cuando se quedó sin trabajo en ese rubro, surgió una oferta para trabajar de… modelo.
«Yo medía 1,80 metros así que mediante un conocido me ofrecieron hacer un desfile para Modart, dije que sí y a cambio me regalaron una pilcha. Pero yo estaba sin trabajo y ahí vi una oportunidad: pedí una chance para poder trabajar y me la dieron, así que empecé a vender trajes. Después estuve en Catriel, en Neuquén y en la casa Modart en la calle Florida de Buenos Aires. Pero no me gustó vivir en Capital, nunca me pude adaptar a ese ritmo y la pasé bastante mal».
Berot, entonces, emprendió el regreso y ya en Santa Rosa comenzó a trabajar como conserje en el residencial Caldén.
«Conocí a varios bancarios y ellos me traían para que les haga los trajes. Yo con la bici también salía a visitar empleados de los bancos y me hacían los encargues. En ese tiempo los hermanos Domínguez -que tenían la tienda ‘Ñaró-, empezaron a preguntarse por qué se les habían caído las ventas de trajes repentinamente. Un día me llamaron de Ñaró y pensé que era una joda, pero me ofrecieron trabajar con ellos y acepté. Estuve ahí hasta que cerraron».
Berot también trabajó en Cenizo, vendió autos y tuvo diversas tareas en distintos rubros. Hasta que llegó el momento del «click» y decidió ser su propio jefe. Ser empleado y empleador. O al menos el responsable más visible de un emprendimiento sin muchos antecedentes en la provincia.

Arrancar de cero.
«Lo de las cortinas era algo que me había interesado hacía tiempo. Lo hablé con mi hijo Gastón (34) y nos fuimos capacitando y estudiando a fondo el tema para conocer y aprender cada detalle. Luego surgió la posibilidad de empezar a trabajar en este galpón del Parque Industrial y ahí terminó de cerrar todo».
Claro que la decisión requirió hacerse cargo del máximo esfuerzo. Y despojarse hasta de lo que más le gustaba y que tanto le había costado conseguir. «Para comprar las máquinas vendí la camioneta que con muchísimo esfuerzo había comprado. A mí me encantan las camionetas y había logrado tener una americana. La verdad que se me caían las lágrimas cuando se la llevaron pero siempre tuve claro que para lograr algo hay que poner lo máximo y no lo dudé. Invertí todos mis ahorros y también vendí la moto para comprar los equipos de aire acondicionado. Fue empezar todo de cero, a puro pulmón».
Así nació «Vicenta» -un nombre en homenaje a su madre- que hoy fabrica y vende cortinas para interiores en distintos materiales, colores y modalidades.
«Cuando arrancamos hicimos cortinas para gente de Córdoba que tenía unas cabañitas y la verdad que nunca pensamos que iba a tener tanto éxito. Ellos nos mandaron gente por recomendación y lo mismo pasó con un muchacho de Bahía Blanca. Mi hijo fue desarrollando distintas vías para darnos a conocer pero en esos casos el boca a boca nos dio un gran resultado. Trabajamos con una materia prima que es de calidad -son telas americanas- y cumplimos con lo que prometemos. Si decimos 10 días, en 10 días las instalamos», cuenta Berot que además resalta «el apoyo incondicional» de Soraya, su pareja, que lo acompaña desde hace mucho tiempo y colabora con lo que hace falta.

Valentía.
En «Vicenta» trabajan «con todo a medida y desde cero». Se especializan en black out y en sun screen y se encargan del transporte y la instalación. «Hacemos trabajos en casas, departamentos, comercios. Lo importante es la prolijidad, la calidad y el ser responsables con lo que uno dice y hace. Una vez que te ganás la confianza del cliente después no la podés desperdiciar por nada del mundo».
En la oficina de la fábrica, Berot recibe los distintos pedidos y llamados. «Hoy estamos trabajando bien, tuvimos cuatro meses muy duros en que se paró todo porque el dólar subía todos los días y la incertidumbre era total. Fue un momento complicado pero hoy las cosas están andando y estamos recuperando lo invertido».
Berot muestra y da detalles del funcionamiento de la empresa. Los distintos pasos para llegar a la conformación del producto y también hace un lugar para un cartel que está colocado en su oficina y que lo escribió él mismo: «Para empezar un gran proyecto hace falta valentía. Para terminar un gran proyecto hace falta perseverancia».