Víctima contó castigos y amenazas

JUAN CARLOS HADAD, DESDE GENERAL ACHA

Juan Carlos Hadad, que declaró ayer por videoconferencia desde General Acha, contó que fue detenido sin orden judicial a fines de 1978 en el marco de la investigación por el asesinato de su esposa, aunque finalmente lo liberaron, después de tres meses, porque encontraron al verdadero culpable.
“Me fueron a buscar cuando estaba trabajando en el municipio de Caleufé. Me presenté en la Comisaría y me dijeron que quedaba detenido por la Subzona 14, estaba Fiorucci”, manifestó la víctima en el inicio de su relato ante los jueces.
Fue trasladado a la Brigada de Investigaciones de Santa Rosa y quedó “esposado en una pieza durante tres días, parado, sin comida, sin agua”, dijo. Y agregó que en forma insistente le hacían preguntas “relacionadas con el caso de la muerte de mi señora”.
“Un día que no daba más -siguió-, me tiré al piso y por la deshidratación me daban agua con sal, estaba vendado y esposado. Recibí castigos y amenazas. Tenía los pies ‘bordó’ por el derrame y un médico me dio pastillas para la desinflamación”.
Luego, fue llevado a la Seccional Primera y quedó incomunicado. Fiorucci “me sacaba y me hacía preguntas sobre el fallecimiento de mi señora”, recordó. Señaló que en una oportunidad fue llevado a Intendente Alvear a hacer una reconstrucción. “Cuando volvía, me llevaban de nuevo arriba a declarar”, siguió.

Liberado.
En una oportunidad, lo trasladaron a la Comisaría de Intendente Alvear a reconocer objetos personales de su esposa y le dijeron que había aparecido el asesino, cuando “llevaba tres meses” detenido.
En ese momento, lo llevaron a Santa Rosa y fue liberado. Su padre mientras tanto tuvo que ir a buscar al Regimiento de Toay una constancia de su detención firmada por Roberto Constantino, el entonces jefe del grupo de tareas de la Subzona 14.
Estando vendado y esposado, “me daban patadas y me ponían algo frío en la cabeza que calculo que era una pistola o algo de eso”, explicó la víctima y señaló que “en el estado en el que estaba, no puedo recordar la cara del médico que me atendió”.
Sobre las consecuencias, la víctima declaró que “me costó un buen tiempo” recuperarse y recordó que “mi hija se salvó de casualidad, porque el asesino (de su mujer) la dejó con muchas marcas. Quiero tratar de olvidar porque ha pasado tiempo”.
Por otro lado, contó que un cura, Celso Valla, le fue a preguntar si había asesinado a su señora durante su detención en la Brigada de Investigaciones. “Era el capellán del Ejército, fue solamente a preguntarme eso”, agregó la víctima en el final de su relato.
Además, manifestó que todo lo ocurrido “es una pesadilla” pero “hay que seguir adelante”.