Vivir con la cloaca

Una vecina del barrio Butaló hizo visible ayer la difícil situación que atraviesa con su familia desde hace varias semanas cuando de un momento a otro comenzaron a emerger líquidos cloacales desde una cámara séptica. Los fluidos inundaron por completo el pequeño patio de la casa Nº 93, situada en calle Utracán, casi esquina con Catriló, y desde ese momento poder habitar la vivienda se les hace imposible.
El olor nauseabundo, las moscas, las aguas servidas que corren hacia la vereda donde se juntan con otros derrames y los cráteres con suciedad, son parte del triste paisaje del barrio. La problemática, que afecta al Butaló desde hace muchos años, fue analizada de cerca por el presidente de la Comisión Vecinal, Walter Bernal, quien después de haber estado más de media mañana del lunes en la Municipalidad, fue a la casa de la vecina para brindarle apoyo y sostuvo ante LA ARENA que la obra de cloacas de esa parte del barrio “no es problema de la empresa Jubete, porque la obra no comprendía esta parte… acá es problema de gestión, que no vengan con la pesada herencia”.

Un horror.
Mariela es una joven que vino desde Buenos Aires a la capital pampeana junto a su pareja, un muchacho oriundo de Santa Rosa, y se quedaron a vivir en la casa Nº 93, junto a tres menores de edad. No hace mucho que se mudaron a nuestra ciudad, por lo cual el problema la tomó por sorpresa y desconocía a quién debía llamar para solicitar la asistencia urgente.
Respecto a la situación que atraviesa desde hace varias semanas, la mujer dijo a un cronista de este diario que “hice reclamos, llamé a varios lugares, hasta que me dijeron que debía llamar a la línea 147”, donde después de algunos intentos “me mandaron finalmente un camión”. Desafortunadamente Mariela no estaba en la casa ese día (su pareja fue operado recientemente y ella debe salir de la casa en reiteradas oportunidades) por lo cual se vio obligada a seguir viviendo con los desechos que ocupan el total de su patio, que representan un foco infeccioso para los niños, y del que sólo se escapa a los olores a través de una ventilación constante del inmueble.
En este sentido aseguró que le prometieron -a través de un mensaje- que iban a regresar, sin embargo “el vertido de los líquidos cloacales es constante y es un horror vivir así”, lamentó la protagonista de una de las tantas historias que pueden encontrarse en el Butaló.

“Todo es un desastre”.
Ayer por la mañana había maquinaria pesada y obreros de la Dirección de Agua y Saneamiento (Dagsa) trabajando sobre la calle Macachín, entre Utracán y Las Jarillas. Los trabajos básicamente comprendieron la depresión de las napas de un lugar donde se presume colocarán los caños de la obra de cloacas.
Sin embargo a escasos metros del arreglo hay pérdidas por todos lados y parecen pasar desapercibidas. “Acá las casas tienen todas el mismo problema que el de ella (por Mariela)”, indicó Bernal y agregó que “vengo de la municipalidad para reclamar lo que se está viviendo, pero tocás timbre por timbre y nadie te dice nada”.
En este sentido se quejó también porque “estamos ante una situación que es desesperante, pero te tenés que bancar que te manden fotos de un obrero trabajando y una lista de pérdidas de agua arregladas, cuando caminás el barrio y todo es un desastre”.