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«Voy a llegar a Alaska en bicicleta»

BRIAN ALANIS PUDO TOMAR UN VUELO GRATUITO: "MI BICICLETA TUVO QUE QUEDAR EN QUITO"

«Sí, estoy en Santa Rosa, recién llego y todavía muy cansado del viaje. Tuve suerte que la Embajada Argentina en Quito se portó fantásticamente y pude abordar un avión que nos depositó en Ezeiza. Desde ahí en micro hasta Santa Rosa, aunque antes hicimos un periplo por Mar del Plata y Bahía Blanca. Pero contento de estar de vuelta, si bien ahora tengo que hacer los 14 días de cuarentena», explicó Brian Alanís.
El joven ciclista que vio frustrado su travesía hasta Alaska,-«por ahora», aclara-, estuvo algunos días varado en Quito esperando un avión que lo regresara para «estar más cerca de la familia». Y lo pudo concretar el domingo último, cuando la Embajada argentina le consiguió un lugar en un vuelo que lo iba a depositar en Buenos Aires.
La semana anterior el aventurero en bicicleta -que pretendía unir La Pampa con Alaska -previo haber realizado un giro por Usuahia hace meses-, había contado que se enteró en Quito que desde el 17 de marzo no se podría circular en ese país, lo que lo limitó a quedarse en un departamento que le prestaron.
Los dos ciclistas que lo iban acompañando tomaron distintos caminos: otro argentino fue acogido por una amiga peruana de un pueblo cercano; y un joven del País Vasco consiguió regresar a su tierra.
«Yo también tomé la decisión de volver, pero en un primer contacto con la Embajada argentina me ofrecieron tomar un vuelo de línea que me salía 500 dólares, pero realmente el pasaje me resultaba muy oneroso, por eso opté por aguardar un vuelo humanitario», le contó a LA ARENA.

La espera.
Hubo una posibilidad de un vuelo la semana anterior, pero tendría que trasladarse a Guayaquil -justamente donde el foco de la pandemia está causando estragos en Ecuador-; y era difícil moverse hasta allí. En Quito, solitario en un departamento «sólo salía para hacer alguna compra de comida, pero allá no se veían demasiados controles, porque iba en la bici hasta el supermercado y la policía no me paraba», contó.
La cuarentena en Ecuador se extendió hasta el 27 de abril, y obviamente la espera se tornó tediosa: «Un día alguien me golpeó la puerta y era una vecina que me alcanzaba un plato de comida. Tuve suerte porque no en todos lados pasa, y me alegra que todavía haya gente así, a unos amigos que estaban cerca de Quito los vecinos querían que se fueran. La pasaron mal».
Un día, cuando junto a dos compañeros de ruta volvían desde el parque donde está el volcán Cotopaxi (uno de los más activos más altos del mundo), al llegar a Quito se encontraron con que ya no podrían continuar.
«Con mi bici, mi guitarra; haciendo gimnasia y usando mucho internet. La verdad que para quien está acostumbrado a andar no es para nada lindo», explicó sobre la cuarentena.

Gracias a la Embajada.
De todos modos Brian Alanís considera que tuvo suerte. «Sí, porque la Embajada argentina se movió muy bien y me avisó que consiguió un avión suizo para Buenos Aires y tenía un lugar… ¡Y que era gratis! Salimos el 18 a las 4 de la mañana de Quito al Aeropuerto, y me tuve que gastar 20 dólares -y pareciera que todavía le duelen en el bolsillo-, pero bueno, al menos tenía vuelo».
En el aeropuerto naturalmente fue sometido a un control de temperatura, y a un chequeo general hasta que pudo subir a la aeronave y ahí sí, se sintió parte del pasaje, y por supuesto fue un alivio. «De todos modos hubo un rato más de angustia, porque parecía que un motor no arrancaba, creo que producto de la altura de Quito. Pero al final se solucionó y partimos a Argentina», precisó.
Enseguida el joven expresó un agradecimiento para los integrantes de la Embajada argentina en Ecuador: «Nos trataron muy bien, nos dieron hospedaje, una ayuda económica y medicamentos al que lo necesitara», comentó.

En Argentina.
Luego el arribo a Ezeiza, el protocolo sanitario de rigor, hasta que los pasajeros que eran del interior fueron puestos arriba de un bus que los llevaría a sus respectivas provincias. «Fue un poco largo, pero llegamos. Primero a Mar del Plata, después a Bahía Blanca, hasta que vinimos para este lado, en todo el camino se veían controles policiales. Apenas llegué a Santa Rosa, a las 8.20 de la mañana, me vio el médico, me hicieron controles y por suerte todo está bien».
Obviamente ahora viene el tiempo de la cuarentena: «Desde la Terminal me llevaron al departamento donde voy a hacer la cuarentena de 14 días, que es de mi hermano y ahora está en General Pico. Ya la había hecho en Ecuador, pero por precaución me toca nuevamente. No puedo salir para nada, ni a comprar ni nada. Ni a la vereda», dice con convencimiento.
Y se pone firme ante la presencia del fotógrafo: «Sacame de lejos, no quiero tener problemas», le pide, mientras pulsa su guitarra. Lo único que lamento es que la bicicleta quedó en el aeropuerto, en Quito, no me le dejaron subir. Y es un poco triste, porque es mi compañera de ruta».
Que su rodado haya quedado varado, casi lo ha decidido a que cuando todo pase y el mundo vuelva a ser más o menos normal, volverá a intentar su travesía. «Por ahora voy a escribir, a recapitular lo que he vivido, pero la decisión está tomada: voy a llegar a Alaska en bicicleta», reafirma.
Es seguro que volverá a intentarlo. No faltará el que se fastidie de que haya jóvenes como él que han decidido que lo suyo es vivir de aventura en aventura. Pero ¿a quiénes molestan?, ¿por qué? Brian es un loco lindo, simplemente eso… un loco lindo.