Zapata habló con La Arena desde Miami

"LA DISTANCIA ES TERRIBLE, VIVO ACORDANDOME DE 25 DE MAYO", DIJO

Anabella Zapata es una heroína moderna que reina en el Aeropuerto de Miami. Allí la declararon la empleada del año por salvar una vida. El jueves habló con LA ARENA y nos permitió conocer un poco más a una veinticinqueña, pampeana y argentina.
Ella buscó un mejor futuro fuera del país, pero no olvida sus raíces. “Me fui en 2001 y nunca regresé, en Semana Santa iré a 25, vivo acordándome de mi familia y amigos. Ahí me crié y estoy muy orgullosa de donde vengo, siempre hablo de mi Argentina”, contó.
La tratamos de contactar vía Facebook antes de armar la nota, pero nos fue posible. “Que pena no pude contestar a nadie el día de hoy, son las fiestas y todo el mundo viaja y no damos abasto con tanto trabajo”, explicó.
Fue una charla enriquecedora, y en ella Anabella habló de su decisión de ir a Estados Unidos. “Mi padre vive acá, teníamos una situación muy difícil en 25, mis hermanos eran chiquitos, y decidí venir a trabajar a los 18 años. Llegué un 14 de abril del 2001, el 15 ya estaba trabajando”, recordó.
“Me acuerdo que comencé en una lavandería, fue muy duro, el derecho de piso no fue nada fácil. Así seguí trabajando en diferentes restaurantes en Miami Beach, Downtown. Y también tuve mi propio restaurante y una compañía de limpieza. Hice de todo acá”, añadió.

Argentinidad al palo.
Anabella admite que mantiene vivo el sentimiento que inmortalizó Bersuit Vergarabat con ésa frase. “Acá hay mucho de Argentina, en frente tengo un restaurante se llama ‘Patagonia’ muy rico. A dos cuadras tengo otro restaurante- panadería de Uruguay y Argentina, se llama ‘Los gauchitos’. Tenés miles de lugares donde encontrar productos de nuestro país. Pero la distancia es terrible, vivo acordándome de todo, los buenos recuerdos, porque vivo comparando mis épocas con las de ahora”, confesó.
Pero aquellas pequeñas cosas de la infancia y adolescencia siempre están en Anabella. “Nunca cambiaría nada de lo que aprendí, en un pueblo aprendes mucho. Las amistades son más concretas, hasta el día de hoy hablamos mucho con mi grupo del secundario, amigas y siento que nada cambió”, aseguró.
El facebook de la veintinciqueña es un mosaico de su pertenencia: hay cruces apoyando a al Seleccionado Argentino, hay fotos de aviones de AA, la celeste y blanca esté en su corazón. “Es inevitable, que mi corazón explote, mi garganta apriete y se me llenen de lágrimas los ojos cuando escucho el Himno Nacional, hasta escuchar un tango”, confesó.

Regreso con gloria.
Desde que se fue en el 2001 no volvió a su tierra, pero ya lo planea. “Tengo muchos años de no volver, no porque no quiera, al principio no tenía legalidad, y después enfermé sobreviví de cáncer dos veces y mis terapias eran muy difíciles. Gracias a Dios estoy bien, viva, ¡nunca me di por vencida! Tengo dos hijos (una mujer y un varón), ellos son la razón de mis fuerzas. En Semana Santa espero regresar por primera vez a mi pueblo, sé que cambió mucho, hay gente nueva”, reveló.
“Mi madre se llama Diana Díaz y vive en 25 de Mayo, también tengo ahí un hermano y muchos sobrinos que todavía no he podido abrazar. Otro de mis hermanos está acá, vino hace unos meses, y en Chile está el más chico. Mis amistades me esperan, son como hermanos”, concluyó emocionada.

“La gente es fría”
Al momento en que Luis Arroyo Ramos se desvaneció infartado había mucha gente en las inmediaciones pero nadie reaccionaba, fue la pampeana la única que se arrojó sobre el hombre y comenzó a aplicarle el RCP. Eso le salvó la vida porque el grupo de emergencias llegó 11 minutos más tarde, tiempo en el que la joven, sola, con gran esfuerzo lo mantuvo con vida.
Anabella contó que hizo que actuara con tanta decisión ante la situación que la convirtió en heroína. “Fue el impulso de no ver otra muerte más, vi tanta gente morir, compañeras de cuarto, y no podés hacer nada. El cáncer nos estaba matando. Por eso lo único que pensaba era en la posibilidad de que sobreviva”, señaló.
“Cuando toqué al señor Ramos era como tocar cera fría, ya estaba con un color azul grisáceo, fue muy angustiante verlo así. Lo que pasó calma mi angustia de hacer la diferencia. Acá la gente es bastante fría, choca bastante conmigo, hubieron casos de que la gente pasa por al lado de alguien que necesita ayuda y no hacen nada. Aquel día yo gritaba que por favor llamaran al ‘Rescue’, y cuatro minutos después alguien se dignó a llamar”, relató.