Dos interrogantes para un basurero

Una nota publicada días atrás por este diario abre dos serios interrogantes en cuando al basurero municipal. El primero de ellos es la alarmante noticia de que el plan de reciclado de la basura, con separación de residuos, está prácticamente sin funcionar. Al mismo tiempo, en el galpón de trabajo, después del incendio que lo afectara meses atrás, la tarea se ha reducido al mínimo, con escaso rendimiento económico para quienes laboran allí. La falta de una prensa compactadora (también afectada por el siniestro) se hace evidente.
Sin embargo, vista en perspectiva de futuro, la acumulación de la basura residual, confiada a las parvas de relleno, aparece -cuando menos- inquietante e inapropiada para una ciudad del tamaño y la dinámica de la capital pampeana. A esta altura de los conocimientos en la materia se hace muy poco adecuado confiar a la degradación en tierra gran parte de la basura que produce una ciudad de más de 100 mil habitantes.
El otro interrogante, aunque armónico con la problemática situación que vive el país por las políticas socioeconómicas del gobierno nacional, es más dramático. Porque el hecho de que un sector de los más afectados por la pobreza se presente “a pelear por un poco de verdura o carne” de la que desechan los comercios locales, según manifestaciones de quienes trabajan allí, resulta penoso. La situación es tan indigna como lamentable porque, como señalara uno de ellos, detrás de esa actitud hay, también, niños desprovistos de alimento.
Por la misma índole de su trabajo se impone que esta gente, inmersa en una tarea claramente insalubre, tenga un marco de higiene y labor adecuado, moderno y con una retribución justa por parte del municipio. Al menos así atenuaría el otro triste aspecto que hace al gobierno del país, para el que los desposeídos no importan mayormente.