Junior, el más longevo

PERRO LLEGO A LOS 23 AÑOS

(Winifreda) – El perro más longevo de Winifreda se llama “Junior”, tiene 23 años, equivalentes a más de 100 años humanos. Su dueño es el vecino Daniel “Tody” Taboada, de profesión alambrador. El can nació en el pueblo hace más de dos décadas y nunca cambió de hogar.
“Mi hermana siempre traía perros callejeros para cuidarlos y una vez apareció con una perra preñada, tuvo cachorros y los dimos en adopción. Al más feo, como nadie se lo llevó, me lo quedé y no se fue más”, recordó Taboada ante LA ARENA, que lo visitó el sábado con motivo del Día del Animal.
El estado de salud de la mascota no es el apropiado. “Quedó ciego hace años porque tiene cataratas y no lo pueden operar en el país. Además, se le ha aflojado la cadera, por eso, no camina mucho”, señaló su cuidador.
Pese a los avatares de la vejez, “dentro de la casa anda por todos lados como si viera, incluso afuera camina media cuadra y regresa a la querencia. El veterinario me dijo que se guía por instinto animal”. Gran parte del día permanece acostado y continuamente le deben cortar las uñas de las patas delanteras.
Consultado sobre cómo cuida a su mascota para que siga viviendo, Taboada respondió: “Todas las noches le cocino. Al campo ya no lo puedo llevar porque se golpea en la caja de la camioneta, trato de venir todos los días para estar con él”.
Recordó los buenos momentos que pasó junto a su can cuando era joven. “Un día me vinieron a buscar para trabajar en un campo de Mercedes, Buenos Aires, y dije que aceptaba si podía llevar a mi perro. Con él hicimos dedo desde Mercedes a Chivilcoy y en pleno verano siempre estaba detrás de mío cuando iba de una punta a la otra del alambrado. Les decía a mis empleados qué le costará quedarse a la sombra”.
Cuando parte temprano hacia la zona rural su fiel compañero “llora” y a la noche “se pone contento” cuando regresa su amo y cocina para los dos, en realidad para tres. Taboada contó que tiene otro “sabandija” en su vivienda al que bautizó “Catanga”, de un año y medio de vida. “Se llevan bien, no se molestan para nada y mis perros duermen en una cama”, reveló. El sábado a la noche le dio de comer pulpa para conmemorar su día.
Por su parte, el herrero winifredense, Héctor Whet, coloca un pequeño recipiente con agua en la vereda de su casa y los canes sedientos que pasan por allí sacian su sed.