Susana Orellano espera por el estudio de ADN

RECLAMO DE FILIACION INCLUYE UNA FORTUNA Y MUCHOS INTERESES

(General Pico) – La vecina de esta ciudad Susana Mabel Orellano (64) sigue en la lucha por comprobar su identidad como hija de Manuel Rodríguez, un comerciante de Pehuajó que falleció hace dos décadas. La mujer quiere confirmar su parentesco pero la fortuna de quien sería su padre biológico parece ser un tema de interés para muchos que durante estos años han hecho uso de sus propiedades.
“Estoy esperando que me llamen para hacerme el estudio de ADN”, dijo Orellano a LA ARENA. El proceso judicial para reclamar la filiación, con el análisis de ADN, se inició hace cuatro años y en la demorada causa interviene el Juzgado de la Familia 1, a cargo de la jueza María Florencia Marchesi Mateazzi.
Hasta ahora Orellano solo pudo hacerse un estudio de cotejo genético con un reservorio de ADN de quien sería su tío, que resultó positivo, pero la magistrada todavía no avanzó para que se haga la comparación con los restos de su padre. “La que demora acá es la jueza”, afirmó porque ya no hay motivos para seguir retrasando los estudios.
Además, con tantos intereses en juego, Orellano quiere que se compruebe que los restos alojados en el cementerio de Pehuajó son realmente los de Rodríguez.
La fortuna de unos 20 millones de dólares parece ser un tesoro de interés para quienes hasta ahora se vieron beneficiados con su usufructo, porque en principio fueron bienes para los cuales no había herederos. Hace dos años se dictó una medida cautelar para que ese aprovechamiento no continúe.

Una historia de amor.
La piquense por adopción conoció a los 18 años la relación de su mamá con Rodríguez, quien en ese momento era carnicero. Pero lo que no supo hasta hace pocos años es que ese hombre había tenido una relación previa con su madre y que ella era la hija de esa historia de amor. Hoy al unir las piezas todo parece más lógico. Orellano nació en Pehuajó pero cuando tenía 10 días su mamá y su padre de crianza decidieron irse a vivir a otra ciudad y así se borró todo contacto con Rodríguez. Años después, cuando el matrimonio se separó, ellas regresaron a Pehuajó y su madre volvió a relacionarse con su antiguo novio.
Para los vecinos el origen de Orellano estaba claro, pero ella no supo de su verdadero padre hasta que su mamá murió y una persona de su entorno le contó la verdad. Esos hechos que permanecieron ocultos por mucho tiempo se fueron confirmando también con otros vecinos de Pehuajó, hoy muchos de ellos octogenarios, que coincidieron en la existencia de la relación y la paternidad.
Otro punto interesante es el parecido físico. Orellano contó que su padre de crianza era un hombre alto, de ojos claros y cabello pelirrojo, por lo que no entendiendo su baja estatura y sus rasgos ella le preguntaba a su mamá: “¿Yo a quién me parezco?”, y nunca obtuvo una respuesta. Ahora en contacto con algunos vecinos de Pehuajó le aseguraron que el parecido con los Rodríguez es innegable.
Orellano sigue esperando en la Justicia para que aprueben el estudio, porque ese es el único camino para conocer la verdad.